Caminando juntos
Aire joven en residencias de mayores
Un residente, un voluntario. El programa «Caminando Juntos» de Cáritas ha puesto en contacto a sesenta jóvenes con sesenta personas mayores en las residencias de León
Ángela Concheso Suárez tiene 90 años y recibe la visita semanal de Mirian Martínez Morán, de 15 años, en la residencia Virgen del Camino de León.
Menos mal que se me ocurrió decir que sí». Ángeles Concheso Suárez tiene 90 años y desde noviembre recibe la visita semanal de Mirian Martínez Morán, una joven estudiante de 15 años del colegio La Asunción. La relación entablada por estas mujeres, a las que separan años y experiencias vitales, es el ejemplo que persigue Cáritas con el programa Caminando Juntos , un proyecto de acompañamiento a personas mayores que nace en León en el marco del Año Europeo de Envejecimiento Activo y de Solidaridad Internacional. En el programa participan 120 personas, 60 jóvenes y 60 personas mayores que viven en residencias de León. El objetivo es paliar los sentimientos de soledad de las personas mayores y favorecer las relaciones sociales.
Ángeles es una mujer tímida y a los responsables de la residencia Virgen del Camino les cuesta que salga de su habitación y participe en actividades comunes. «Yo siempre he sido de estar encerrada», asegura esta mujer viuda desde hace 52 años y que vive en este centro de mayores desde hace 30. Pero su ánimo cambió un día de noviembre cuando apareció Mirian «una buena estudiante que saca muy buenas notas», como ella misma define a su acompañante semanal, una joven de 15 años tan tímida como ella, pero con la que comparte una afición: la lectura. Ángeles encontró en Mirian la horma de su zapato. La timidez extrema de las dos fue el primer vínculo de unión. Los responsables de Cáritas y la encargada de las actividades de la residencia, Maribel Pino, despejaron pronto sus dudas sobre esta relación. «Se han compenetrado muy bien». Ángeles sale de su habitación y Mirian acude cada semana con una actividad nueva para compartir con ella. «El primer día no sabíamos que tema de conversación sacar. Empezamos hablando de deporte», asegura la joven estudiante. Nadal y la Roja formaron parte de sus primeras palabras intercambiadas. Pero el tema de conversación no dio para llenar un año de visitas y Mirian buscó otros recursos para mantener la unión. «Empecé a traer de casa distintos juegos de mesa». Ahí comenzó una amistad en la que las dos invierten tiempo y afectos. «Ha traído a toda su familia para que me conozca», sonríe Ángeles.
El proyecto
«Estos programas les ayuda mucho, trabajan los afectos», asegura la concejala de Bienestar Social, Montserrat Gutiérrez.
A la espera de conocer el desarrollo del Estatuto del Mayor, anunciado por la ministra Ana Mato y en fase de elaboración, Cáritas se ha adelantado una vez más a las soluciones gubernamentales para ofrecer acompañamiento y escucha. Y para ello ha buscado la ayuda de los más jóvenes, que han desarrollado la actividad compatibilizándola con sus estudios, en un ambiente en el que habitualmente no conviven y con otro tipo de preocupaciones pero han dedicado generosamente parte de su tiempo para realizar esta actividad.
El programa comenzó antes de ponerse en marcha con una campaña de sensibilización por los institutos y la captación de voluntades que se ajustaran al perfil del proyecto, al que se ha sumado el alumnado procedente de los institutos Lancia, Legio VII, Asunción y Carmelitas. El otro polo del programa, a dos generaciones de distancia, está en las residencias Virgen del Camino, Santa Luisa, Juan Pablo II y Santo Martino. «La ancianidad es cada vez más larga y en ocasiones resulta triste y solitaria», asegura la presidenta de Cáritas, Beatriz Gallego. «La valoración que hacemos desde Cáritas es muy positiva y la intención es que el programa continúe el curso que viene. Habrá que renovar a los voluntarios».
Los chicos y chicas que participan en este proyecto han recibido una preparación específica en sus centros educativos y en las dependencias de Cáritas con charlas, material audiovisual y jornadas de conviviencia. «Una vez seleccionados los perfiles, en lo que más hemos incidido es en el compromiso con el acompañamiento». Los chicos y chicas que participan en este proyecto trabajan de forma individual y personalizada. A cada joven se le asigna una persona mayor. Su función es hacer compañía a la persona asignada, escucharla, conversar con ella, jugar a las cartas, leerle la prensa, darle apoyo emocional y aceptarlo. «Hay que romper una lanza a favor de la gente joven», asegura Beatriz Gallego.
El jardín de la residencia Virgen del Camino es un oasis en la ciudad. Son las cinco y el sol calienta una tarde fresca de mayo, en la que la primavera remolonea en el mes de las flores. Sentados en un banco, al calor de los tímidos rayos de sol, están Óscar de la Riva, de 16 años, y Jesús Álvarez, que a sus 84 años lleva cuatro en este centro de mayores. «Jesús no es un hombre muy hablador», lo define Óscar, pero pese a todo, conversan durante una hora cada martes. A veces no se necesitan tantas palabras para transmitir afectos. «Hablamos de muchas cosas. De su vida, de sus padres». Pero por encima de toda la conversación sobresale una idea con la que Jesús insiste en cada visita. Le pide a Óscar que estudie y que estudie y que estudie. «Es lo que más le repito. Por lo demás, él es muy joven y yo soy muy mayor», dice Jesús, que necesita apoyarse en muletas para desplazarse. «Con su visita está uno acompañado», asegura y Óscar sonríe mientras lo mira con respeto y admiración: «Vengo con alegría y salgo con más alegría», afirma.
Generaciones
«El programa está superando todos los objetivos que nos habíamos propuesto», asegura la presidenta de Cáritas, Beatriz Gallego. La reciprocidad entre generaciones funciona.
«Caminando juntos, más que un nombre para un programa se está convirtiendo en una realidad de solidaridad intergeneracional, y todo ello gracias a los voluntarios de Cáritas que acompañan a los jóvenes, a las residencias de mayores, a los colegios y, principalmente, a este grupo de jóvenes que están dedicando parte de su tiempo libre a los demás y llevando una sonrisa a quienes ya nadie sonríe», explica Prisciliano Cordero del Castillo, sacerdote y sociólogo coordinador del programa. «El programa está superando todos los objetivos que nos habíamos propuesto: los jóvenes van conociendo a los mayores con sus virtudes y sus defectos o limitaciones y los mayores están encontrando en los jóvenes alegría, ilusión y ganas de vivir. El poder de la sonrisa de los jóvenes es hacer que muchos mayores esperen el día de la visita con ilusión y alegría y el milagro de involucrar a sus familias en el programa». Prisciliano Cordero del Castillo destaca que «alguna familia de los jóvenes voluntarios ha invitado al anciano a comer a su casa y otras se han comprometido a llevar e ir a recoger a su hijo a la residencia asignada».
En el salón de la residencia, cogidas de la mano, están Estefanía Alonso, de 17 años y Angelita Matías, de 85. Angelita es muy religiosa y al conocer a Estefanía le regaló un rosario. «Se emocionan cuando nos ven, se desviven por tí y son muy celosos si hablas con otros. Enseguida te reclaman». Estefanía es la única persona que visita a Angelita, que lleva cinco años viviendo en la residencia. «Me tocó correr mucho», asegura esta mujer educada y criada en los valores religiosos más profundos. En las horas de paseo, lecturas y juegos de mesa, la buena voluntad de Angelita le lleva a aconsejar a Estefanía «que sea siempre muy obediente, que vaya donde la manden y que estudie y sea educada».
El apoyo
Los coordinadores de cada grupo apoyan con su presencia a los jóvenes voluntarios por si se producen momentos de vacío. «Si vemos que no savben qué hacer o de qué hablar, intervenimos», aseguran.
A pocos metros, en el salón común de la residencia, están Libertad Velázquez, de 18 años, y Fernando Vega, de 80. «Llevo aquí un año y recibo pocas visitas», por eso es contundente en su respuesta. «A esta cría le agradezco que venga». Hablan de fútbol, pero nada de política. El demuestra poco afecto por los políticos y Libertad lleva la conversación al terreno de los intereses y gustos personales. «Nunca pensé que muchas de estas personas estuvieran tan abandonadas. Tienen poca vida familiar», asegura Libertad. Fernando es una persona muy especial, poco dado a demostrar sus afectos, pero aprovecha para dar un consejo a su acompañante: «Que mire bien y escoja a una persona buena, no un pirata» y termina: «Para mí es una experiencia provechosa porque está conmigo y habla conmigo».
El programa «Caminando Juntos» se ha implantado este año como experiencia piloto, pero tiene vocación de crecimiento. «En fechas posteriores se estudiará la posibilidad de implantarlo en el mundo rural y en la ciudad a nivel de las familiar», explica Prisciliano Cordero del Castillo. «Cáritas de León, atenta a los más necesitados, pretende con este programa romper la soledad y paliar la situación de aislamiento que están sufriendo muchas personas mayores, favorecer las relaciones sociales, el acceso a la información, a los recursos sociales disponibles y facilitar la solidaridad intergeneracional».
Actividad grupal
En el salón de la residencia hay desplegada una gran mesa. En ella las personas mayores juegan al bingo con varios jóvenes voluntarios. Alberto del Río, de 16 años. Laura Nogueira, de 16, Guada, de 17, Gabriel Fabri, de 16 años, Arantxa Casas Númez, de 17, y Marcos Campazas, de 15 años, Maria Viñuela, Carla Sierra y Antia Pacheco.
Campazas es a alumno del Colegio La Asunción de León, estudiante de 4º ESO, que ha sido seleccionado para participar en la edición de este curso de los Campus Científico de verano, organizado por la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología y el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte con el apoyo de Obra Social la Caixa. Su dedicación al estudio no le ha impedido participar este año en el proyecto de Cáritas.
Pero la vida y la muerte son parte de un mismo camino y los jóvenes voluntarios han aprendido este año a superar las pérdidas. Gabriel Fabri y Antia Pacheco, perdieron a sus residentes hace pocos meses. «Al principio fue muy duro», confiesa Gabriel, «le tenía mucho cariño y desde entonces no he vuelto hasta ahora. No tenía muchas ganas. Era un hombre muy reservado, siempre estaba en una esquina, la lado del radiador porque decía que tenía frío. Era muy especial. Su sobrina venía todos los días a verlo».
Todos coinciden en que la experiencia «ha sido gratificante». «Los jóvenes no damos importancia a los ancianos, a los que debemos tener más aprecio y cuidarlos».
Los jóvenes están apoyados por la voluntaria de Cáritas, Cristina Ámes y el coordinador del programa en el colegio La Asunción, Jorge Sánchez. «Les damos apoyo si los vemos perdidos».