Kissinger y Siria
En un voluminoso estudio titulado Diplomacia , Henry Kissinger describió la dificultad tradicional de la política exterior norteamericana, incapaz de acomodar exigencia ética y conveniencia política. Poco ha cambiado el antiguo secretario de Estado si se consideran sus opiniones sobre la crisis en Siria. Estos días se ha difundido un artículo suyo en el que sostiene que Rusia y los Estados Unidos deben identificar y definir sus intereses estratégicos comunes y trabajar juntos en su manejo (.)
Es como si el veterano politólogo (acaba de cumplir 90 años) hubiera encontrado en la guerra civil en Siria, única por su condición polivalente y su inquietante ubicación en Oriente Medio, una posibilidad de oro de reiterar sus viejas recetas, teñidas de posibilismo práctico.
Se separó pronto del extendido consenso internacional (que defiende la revuelta y exige el fin del régimen de Assad y sus asociados) y ya el año pasado subrayaba el elevado número de apoyos y fidelidades de que parecía disponer el gobierno. En junio escribió un artículo de explícita reticencia al recurso a medios militares sin objetivos claros y cuestionó el hecho de que las peticiones de intervención directa se basaran en exigencias humanitarias o en la didáctica de la democratización, muy ensalzada y defendida en el contexto de las primaveras árabes. Reafirmó su opinión en una entrevista televisada en el foro de Davos a finales de enero. Todo y siempre para alertar del peligro de una involucración norteamericana. La gestión del gobierno Obama sigue estos criterios, y solo los encubre y relativiza formalmente con un vocabulario muy severo con el régimen en su dimensión ética y moral (es antidemocrático, corrupto y cruel) mientras rehúsa armar a la variopinta y mal avenida oposición y ha subarrendado la gestión del trágico conflicto a sus aliados en la zona, singularmente Catar, Arabia Saudí y Turquía. Lo mismo, por idénticas razones prácticas, hace Israel, donde, aunque no se reconoce nunca, se añoran los buenos tiempos de una dictadura detestable. pero que mantuvo la más tranquila y pacífica de todas las fronteras del Estado. Eso se llama realpolitik y es lo contrario de una visión misionera y de una cruzada democrática.