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Andrés aberasturi
León

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Yo, de los periódicos, sólo leo los titulares. Pues mal asunto, amigo, porque los titulares pueden llevar a conclusiones erróneas, sin necesidad de faltar a la verdad ni mentir, y crear en el lector una opinión distorsionada. Titular, titular bien, es un arte y materia de no pocas discusiones entre profesionales y aficionados. No se trata aquí de divagar sobre temas internos sino de llamar la atención ante un fenómeno que estos últimos días está dejando detalles dignos de una reflexión. Y valgan tres ejemplos para explicar lo que digo.

En el desagradable tema de Gibraltar, el jueves no pocos medios titulaban con una verdad: La flota de la Armada Británica se dirige hacia la colonia. Si dejamos ahí la noticia, el ardor patrio puede llevarnos a enrolarnos como voluntarios para lo que sin duda sería una inminente guerra contra la pérfida Albión o una humillación de tal calibre que exigiría al menos retirar al embajador ante su Graciosa Majestad. Pues ni lo uno ni lo otro: se trata, como se ha explicado, de unas maniobras militares previstas desde hace mucho.

El segundo titular también tiene que ver con Gibraltar y nos da cuenta del pesquero español apresado por las patrulleras gibraltareñas. Lo que habría que decir, también en titulares, es que el pesquero llevaba sesenta mil cigarrillos de contrabando, que fueron detenidos tres ciudadanos gibraltareños y que la operación se produjo porque la Guardia Civil española había alertado a la policía del peñón. El tercer y último ejemplo es el más político y se refiere al caso Bárcenas. Leo: «El juez Ruz obliga a declarar a Cospedal, Alvarez Cascos y Arenas». ¿Miente el titular? No, claro; todo testigo citado por un juez tiene la obligación de prestar declaración, pero entre decir que Ruz cita como testigo a Cospedal y afirmar que «obliga a declarar» hay un mundo no ya de sutileza lingüística sino de un intento de confundir la opinión del lector. La perversión de la realidad es siempre una atractiva tentación de la que conviene huir pero como parece ser que no es posible, intentemos al menos ser críticos con lo que vemos y leemos para saber sin quien nos lo cuenta cojea de algún pie o se hace el cojo.

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