Miopía inmigratoria
El ministro Fernández-Díaz viajó a Bruselas esta semana para entrevistarse con la comisaria de Asuntos Interiores, Cecilia Malmström. Y, aparte de manifestarle su irritación por las críticas recibidas. le pidió 45 millones de euros. Esta es la postura raquítica y miope de este gobierno a la hora de postular a través de un potente esfuerzo diplomático que el control de las migraciones debe ser una competencia comunitaria, sin perjuicio de que los Estados implementen sus propias políticas, adaptadas a la pauta común.
Cierto que el ministro del Interior debe dirigir las policías y controlar las fronteras, por lo que ha de establecer las estrategias adecuadas, perseguir a las mafias, etc., pero sería absurdo reducir el gravísimo problema demográfico Norte-Sur a una cuestión meramente técnica. Porque no es que haya 80.000 africanos dispuestos a intentar el salto a Europa, según las últimas y aparatosas cifras proporcionadas por Fernández Díaz: una parte muy notable de los aproximadamente mil millones de africanos podría tomar en algún momento la decisión de emigrar hacia Europa si no se remedian las carencias estructurales del continente negro, en el que más de la mitad de la población vive con menos de un dólar al día.
Así las cosas, la ayuda que debe prestarnos Europa no puede limitarse a financiar las alambradas. De lo que se trata es de que la Unión Europea asuma las consecuencias de su posición geográfica y, en vez de erigir muros cada vez más altos, se solidarice con los problemas de nuestros vecinos y aplique unas políticas de cooperación al desarrollo que mitiguen las diferencias y frenen así los flujos migratorios por el procedimiento de fijar a los habitantes a sus territorios proporcionándoles medios de vida y oportunidades.
España e Italia son hoy los países más presionados por esos flujos, que en realidad pretenden avanzar hacia el corazón de Europa. Pero es toda Europa la que tiene que organizar la respuesta. Y son estas ideas las que nuestros ministros deberían lanzar con voz potente a las instituciones europeas. Claro que para ello hay que haber elaborado un proyecto intelectual que no es seguro que tenga en su bagaje este gobierno.