‘papi fidalgo’
Sueños en clave de rock
El título de su primera canción ya lo dice todo: «Mejor akí tocando que en el sofá ronkando». José Enrique Fidalgo es buena prueba de que nunca es tarde, y si canta ‘mantecada’ en vez de ‘marihuana’, pues tampoco pasa nada

bruno moreno
Yo tenía muchos pájaros en la cabeza… pero echaron a volar y se han ido marchando casi todos. Aunque me quedan todavía uno o dos...». Con su chupa de cuero y su badana, indumentaria negra y cara blanca, este rockero de pueblo esconde una vena poética acusada, un fondo de balada rota y lenta y a veces, haciendo uso de una única imagen, consigue atrapar y concentrar una ilusión, o un estado de ánimo, o toda una vida, como lo hacen los grandes ante los estadios repletos.
José Enrique Fidalgo nació en Almuzara en 1968 y no salió hostelero ni pastor ni periodista ni presidente de junta vecinal, que es lo que suelen parir las montañas del Torío, sino rockero; en molde rural y reducido, sí, pero rockero. Fue de los últimos en ser alumbrados en la casa propia, aunque poco después lo llevaron a la Maternidad de las Anejas, «donde creo que me acabaron de arreglar del todo, y así sigo hoy, medio loco», dice, o sueña, o canta, uno no sabe bien. Los agüelos tenían vacas y fincas y José ordeñó, trilló lentejas con la pareja y con la Bertolini, y empacó, y peló arvejos. Y en las fiestas del pueblo, mientras el resto de guajes «tiraba petardos o intentaba tocarle el culo a las chavalas, yo no le quitaba ojo a los músicos». Tímido y ensoñador, veía y escuchaba a Cholo y Alquitrán, a Los Califas, a Nueva Odisea o a Suavecito, las orquestas que de aquella subían a tocar a la montaña, y suspiraba. «Para mí, esa gente eran como dioses», susurra. Al día siguiente rebuscaba por casa y de unos bidones de gasoil hacía unos timbales, y les cortaba el culo a las latas gordas de aceite para sacar mellados platillos y era feliz, él solo, aporreando la batería labriega. «También me hice muchas, muchas guitarras de madera».
Hasta los diez años permaneció en el pueblo, luego se trasladó a León con parte de la familia y estudió en el Cervantes primero y después en los Maristas. A los 14 su abuelo le compró un primer radiocasete y al presionar aquel botón abrió José la caja de Pandora. «El Rock and Ríos me marcó, pero también Barón Rojo, Leño, Obús… y el pop de Radio Futura, Los Secretos, Los Pistones, Alaska…, pero sobre todo Ríos, Ríos». De hecho, ‘Papi Fidalgo’, nombre de guerra, da siempre comienzo a sus conciertos con el Bienvenido del patriarca granadino.
En el 89 se compró una batería con los primeros sueldos que sacó trabajando en el Odín —50.000 pesetas del ala— y así comenzó a tocar en grupitos y orquestas como Pop 90, Barbarela, Caribe o la banda Resaca, cuyo más sonado éxito ( Hombre rico, hombre pobre ), salió de sus meninges. Pero pocos años después se vio obligado el de Almuzara a tomar una dura decisión. «La música era mi sueño pero no podía vivir de ella, y yo tenía que vivir, día a día, a mí nadie nunca me regaló nada, ¡menuda lucha interna!…». La orilló, y los años fueron pasando para Papi entre Calzados La Alpargata, una tienda de congelados y otros diversos oficios y empresas. Eso hasta 2007, cuando la crisis lo dejó aparcado y lo volvió a echar en manos de una música que nunca había olvidado del todo. «Vi entonces que la única oportunidad que tenía era luchar por mi sueño, que tenía que reinventarme, que este era el momento. No iba a ser fácil pero era cuestión de echarle valor y horas». Compró una guitarra y de forma del todo autodidacta empezó a explorar sus secretos, arcanos hasta entonces para él. Ahora, gracias a su esfuerzo diario, a la ayuda casi milagrosa de la informática y a un «equipín» de 200 vatios, anima eventos, terrazas, celebraciones, cenas… y hasta da clases a chavales. «Sí, estaré loco; sí, seguiré siendo pobre; sí, quizá no cante del todo bien, ¡pero esto es lo mío!», proclama animoso.
En su repertorio remeda a Melendi, Rosendo, Sabina, La Fuga, Barricada, Medina Azahara, Platero, Extremoduro… y ya va por su cuarto tema propio, una serie de canciones que inició con Mejor akí tocando ke en el sofá ronkando y que por el momento ha culminado con La mala ORA (sí, por la zona azul). Versionador nato, empieza con el insoslayable tema de Ríos pero a veces también acaba con él, y entonces, en vez de «¡Bien-ve-ni-dos!», entona «¡Pa-la-ca-ma!». Hace poco, en Astorga, le sugirieron que no cantase la festiva Marihuana de los Porretas y él sorteó muy hábilmente el reparo cambiando la palabra prohibida… en vez «Marihuana, Marihuana», cantaba «¡Mantecada, mantecada!» («¿no estamos en Astorga?»).
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