hadas leonesas (I)

cosas de encantadas

con el nombre de ‘encantadas’ o ‘encantos’ y, sobre todo, de ‘moras’ o ‘mouras’, se designan en león a unas entidades femeninas asociadas al agua y al oro y que simbolizan el elemento femenino del universo según la mentalidad tradicional

jesús f. salvadores

Publicado por
nicolás bartolomé pérez/ emilio gancedo
León

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La imagen de las hadas en la actualidad está muy influenciada por la visión que de estos seres han ido dibujando tanto la literatura como el cine infantiles: unos entes diminutos, generalmente bondadosos, alados y con poderes mágicos. Las tradiciones orales europeas, sin embargo, describen a estas mujeres mitológicas con perfiles muy diferentes. En nuestra tierra, por ejemplo, y como pasa en casi toda España, el nombre popular de estas féminas sobrenaturales nunca ha sido el de hada, de hecho su denominación en León es bastante variada y alejada de la denominación culta. En el norte leonés (especialmente en Los Argüellos y en Sajambre) se las conoce como xanas o jianas , este último nombre con una pronunciación castellanizante del término tradicional leonés.

En otras zonas leonesas estos seres de leyenda reciben el nombre de encantadas o encantos , aunque también pueden aparecer identificadas como simples señoras, mozas o doncellas, con lo que su carácter mitológico a veces va diluyéndose o perdiéndose al mismo tiempo que se olvidan las leyendas que se refieren a ciertos lugares donde la tradición les atribuye su morada; en todo caso, el nombre leonés más extendido es el de mora (o moura en leonés occidental y en gallego).

Como ocurre con los míticos mouros o moros leoneses, de los que ya tratamos algo en artículos anteriores, nada tiene que ver este nombre con el de las mujeres musulmanas históricas, pues su origen hay que relacionarlo con el culto a las ninfas de la Antigüedad clásica, espíritus divinos que residían en los bosques, montes, ríos y fuentes y de los que la epigrafía romana de León ha dejado varios testimonios, y con las diosas-madres precristianas dispensadoras de abundancia y protectoras de los cultivos y de las personas.

La mitología leonesa representa en general a estos seres como mujeres de apariencia humana y de gran hermosura que suelen manifestarse peinándose y habitando en fuentes, cursos de agua, pozos o cuevas, a veces custodiando grandes tesoros. Los relatos populares sobre nuestras mouras míticas son muy abundantes en el antiguo Reino de León, aunque con frecuencia solo describen alguno de los elementos del mito.

En el Pozo da Moura, cerca de Lubián (Sanabria, Senabria en leonés, Zamora), la leyenda local refleja muchas de las características más relevantes de estos entes, pues en cierta ocasión unos vaqueiros encontraron a una joven rubia que escapó de ellos hasta que llegó al borde del pozo en cuestión, desde donde llamaba a su madre; la tradición continúa refiriendo que en dicho pozo hay un tesoro compuesto por un telar y gran cantidad de mesas de oro y plata, y que todas las mañanas al amanecer salía la moura del fondo para sentarse en una piedra a peinarse.

Sin embargo, la tradición más repetida en el ámbito leonés sobre estas mujeres sobrenaturales presenta otras peculiaridades y, en resumen, refiere como una mora (una xana, una moura, una encantada…) se aparece en un lugar apartado o en un camino solicitando ayuda a una campesina para dar de mamar al hijo de aquella. Si la campesina accede recibe a cambio y en pago por su labor de nodriza un regalo escondido en un pañuelo, un mantillín o en un mandil, pero con la prohibición expresa y tajante de no mirarlo hasta llegar a casa. Casi siempre, cuentan nuestras leyendas, la improvisada nodriza termina por ceder a la curiosidad y en el regreso a casa descubre que el regalo son unos simples trozos de carbón, por lo que los tira disgustada. Ya en casa la campesina se percata de que entre los pliegues de la tela que envolvía lo que parecían ser carbones hay una moneda de oro, descubriendo entonces que los trozos de carbón eran en realidad oro encantado; esto provoca que la mujer dé la vuelta en busca del resto de carbones arrojados antes, pero siempre sin poder dar ya con ellos pues la mora airada por faltar la mujer a su promesa de no mirarlos los recogió previamente.

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No obstante, la riqueza legendaria de nuestra tierra sobre las mujeres ‘feéricas’ es muy variada, como veremos en posteriores entregas de esta sección.