Monedero y el valor de la opinión
Hay algo que chirría de vez en cuando en Podemos y es esa contradicción entre lo que predican y una más que intuida prepotencia no sé si adquirida por el camino del éxito en la europeas o consustancial con esa casta —esa sí que es una casta— de profes universitarios. Hablan de los «círculos» con un respeto casi religioso y a la vez descalifican a sus críticos o a los que osan -—obre todo desde la izquierda— discrepar de sus dogmas o cuestionar la viabilidad de su programa.
Hace unos días asistí asustado a una intervención de Monedero que he tenido la paciencia de transcribir literalmente. Venía a cuento de los leves comentarios de Joaquín Sabina que recomendó a los de Podemos adaptase al Siglo XXI; pues bien, Monedero se vino arriba y ante la pregunta de uno de los contertulios de si ser cantante le invalida para dar opiniones políticas, el profesor respondió: «No le invalida, pero que no tiene mucho interés».
La primera en la frente; lo que puedan decir Vargas Llosa o Joaquín Sabina en cuestiones políticas no tiene mucho interés; ante el asombro de la grada, Monedero trata de explicarse: «Estoy muy cansado que en mi país, España, los abajo-firmantes sean artistas; estoy muy cansado y me gustaría que en mi país los abajo-firmantes, la gente que se hace responsable de determinadas líneas políticas fuera gente que tuviera una consistencia intelectual. Es que no es igual que te firme un documento Jürgen Habermas (filosofo alemán) o que te lo firme Joaquín Sabina». Mal asunto, profesor, porque este argumento lo ha utilizado muchas veces con matices la derecha y la izquierda más reaccionaria y antidemocrática. Por un sencillo silogismo llegamos a la conclusión de que tampoco los votos pueden valer lo mismo y el resto ya se sabe a lo que conduce. Pero es que, además, resulta absolutamente contradictorio este planteamiento intelectualmente elitista con el modelo asambleario que Podemos parece defender en sus Círculos.
Ay, Señor, Señor, tanto hablar de la casta y de pronto mira lo tiquismiquis que me sale el ideólogo para valorar las opiniones de los demás.