Diario de León

BESTIARIO POPULAR LEONÉS (III)

Aves fabulosas

Desde tiempos remotos a algunas aves se les otorga la capacidad de vaticinar, con su sola presencia, aspectos positivos o negativos del futuro

Jeffrey Arguedas

Jeffrey Arguedas

Publicado por
nicolás bartolomé pérez
León

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T Las cigüeñas son aves consideradas de buen presagio desde la antigüedad, lo que tiene su lógica porque su regreso a Europa al final del invierno después de pasar lo más crudo de esa estación en tierras africanas anuncia ya la proximidad de la primavera. San Isidoro dijo de la cigüeña que era el «heraldo de la primavera», aunque hoy es frecuente ver cómo algunas invernan en León al haberse suavizado los inviernos en las últimas décadas.

Su carácter benéfico se refuerza por el hecho de que alimenta de pequeños animales reputados perjudiciales para el campesinos tales como insectos o pequeños reptiles o roedores, de ahí el refrán leonés: Onde anda la cigüeña, nun hai gafura . El escritor Julio Llamazares señaló como la llegada a los pueblos leoneses de las cigüeñas de su migración africana tenía gran importancia hace años; el primero que las veía subía al campanario a tocar las campanas para anunciar su presencia. Así mismo, —añade Llamazares— había pueblos con cofradías llamadas de La Cigüeña, que disponían de tierras donadas por cofrades difuntos, e incluso ganado. Si algún año las cigüeñas no aparecían, mataban una de las vacas y la comían entre todos los cofrades.

Sin embargo, las rapaces nocturnas, especialmente el búho y la lechuza (motubiella, carabiella, curuxa, coruja…), tienen peor consideración pues se les atribuyen connotaciones negativas, en concreto la de anunciar con su ulular la inminente muerte de alguien en las inmediaciones?. También se le supone capacidad augural al cuco (cuquiellu, curquiellu, curquiel.lu…), pues puede predecir los años que faltan para la boda de quien lo invoque con esta fórmula recogida en Sajambre por Ángel Raimundo Fernández González y de la que existen numerosas variantes: «Cuquiello, barbiello, barbas de escoba,/ ¿de aquí a cuántos años/ será la mi boda?», y las veces que cante a continuación, serán los años que falten para el casamiento. Aunque también puede adivinar los años que falten para la propia muerte mediante esta otra formulina de Palacios del Sil documentada por Eva González y Roberto González-Quevedo: Curquil.lín del rei ,/ rabiquín d’acebu ,/ ¿cuántos anos faltan / pal mieu entierru , pero en este caso las veces que cante son los años que restan de vida

El canto de otras aves puede anunciar un cambio meteorológico como ocurre con el mirlo, según vemos en este refrán de Babia: «Canta’l mirlu al anueitecer, nieve al amanecer»; o con el pájaro carpintero (relichón), de acuerdo con este otro dicho sobarribano: «Cuando canta el relinchón, agua segura».

Contra el águila (áiguela, áila, áliga, éiguila..) tenemos este conjuro cabreirés recogido por Iván Martínez Lobo de Inés Cañas Carrera en Trabazos: «Áiguela, aiguelón/ cuna chave nu pichón/ suelta lu que llevas/ que nun yía ni mieu ni tou/ que yía de Dios que lu crióu», y que entonaban los rapaces con la pretensión de la rapaz que se llevaba un pequeño cordero lo soltara.

El lenguaje de las aves

Las voces y cantos que emiten algunas aves animales recibían una curiosa interpretación en nuestra tierra. Así, los sonidos de las aves de presa, conocidas genéricamente en leonés como «galfarros», avisaban a los pastores de la cercanía de grandes depredadores pues sus gañidos querían decir lo siguiente, según la escritora palaciega Eva González: Guarda, pregueirín galán ,/ guarda ,/ que you / pa una tripa cagalar/ que me va a tocar/ nun quiero escuitar/ al mieu pregueirín/ galán chorar ».

Los chirridos de la golondrina (andurina, androlina, alendrina, volendrina…) venían a reprender a las mozas perezosas pues se pensaba que significaban: «Holgazana que la casa no barriste,/ mientras que yo fui al mar/ por cien varas de tendal/ para mis hijos vestir,/ chirli, chirli, chirli».

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