Poco a poco
Cuando queremos cambiar un hábito un error bastante común es empezar dándolo todo y al poco tiempo desgastarnos y abandonar. ¿Le ha pasado alguna vez? Pues sepa que para que ese nuevo hábito se mantenga en el tiempo es mucho más efectivo ir poco a poco, con constancia y con calma. Le aseguro que pasito a pasito, si no se para nunca, tarde o temprano llega.
Por ejemplo, imagínese que quiere llevar una vida más sana. Decide que para ello se apuntará al gimnasio, empezará a hacer dieta y beberá dos litros de agua al día. Al principio, cuando la motivación es grande, todo va bien. Pero, ¿cuánto cree que le va a durar? Dado que es imposible mantener ese nivel de energía y entusiasmo mucho tiempo, en cuanto le flaqueen las fuerzas interpretará que se le ha acabado la motivación, empezará a dudar de que pueda conseguirlo y volverá a los hábitos de siempre.
En cambio, si empieza poco a poco, dosificando esa energía que sabe que mañana necesitará, las modificaciones que haga serán mucho más sólidas y duraderas. Tal vez empiece por renunciar al ascensor. O por decir que no al postre. O por beber un vaso de agua a media tarde. Cualquiera de esos cambios, casi insignificantes, será mucho más sencillo de mantener a largo plazo. Y a partir de ahí su única labor será repetir, repetir y repetir.
De esa forma su cerebro, que está preparado para ponérselo difícil, ni se enterará de lo que está pasando. Porque no crea que él está de su parte. A él no le van los grandes cambios, así que se resistirá y tirará de usted para que vuelva a hacer lo que ha hecho siempre. Por eso una manera inteligente de engañarle es hacer cambios tan minúsculos que él casi ni los note.
Y cuando ya haya interiorizado un cambio, a por el siguiente. Poniéndose recordatorios, haciéndolo divertido y creando una rutina tan sutil que casi le pase desapercibida. Como cuando mete una marcha mientras va conduciendo.
Si tiene dudas pregúntele a la tortuga de la fábula. ¿La recuerda? Bien sabía ella que lo importante no era correr, sino llegar.