MITOS LEONESES POCO ?CONOCIDOS
‘O carro da morte’
El Valle de Ancares es uno de los grandes tesoros de León por su paisaje, su arquitectura tradicional, su patrimonio etnográfico, pero sobre todo por su gente que conserva una cultura oral de belleza y singularidad inigualables

Pieter Brughel el Viejo
En la madrugada de pasado sábado cuatro de junio, en el transcurso de un improvisado fiandeiro celebrado en el lar de una palloza situada en Pereda de Ancares perfectamente conservada, aunque con el antiguo teito (cubierta vegetal) sustituido por lousas (losas de pizarra), los asistentes a esta velada nocturna pudimos escuchar del propietario de esta vivienda tradicional, Jorge Ovalle Fernández, una narración legendaria tan breve como notable por su rareza e interés mitológico.
A la luz tenue y misteriosa de las velas, y con los concurrentes ocupando los escanos (escaños) que rodeaban la vieja cocina presidida por las preganzas (cadenas de hierro que, colgadas del techo, sujetaban antaño la pota sobre el fuego del hogar), nos contaba Jorge en ancarés, la variedad lingüística gallega propia de Ancares, como su abulico (abuelo) Jaime Ovalle le relató muchos años atrás como algunas noches en el camín (camino) que sale de Pereda hacia un monte llamado Loceo era posible oír el rechinar espectral de o carro da morte (el carro de la muerte). La información legendaria acaba ahí, sin que sepamos si dicho carro anunciaba la muerte de alguien o presagiaba algún otro mal como su propio nombre sugiere, pero es lógico pensar que era así si tenemos en cuenta que la cultura popular ancaresa es muy rica en tradiciones mitológicas relacionadas con la muerte con figuras como la santa compañía, procesión ambulante de almas en pena, o el tambor da morte (tambor de la muerte), un agüero semejante al redoble de un tambor que anunciaba el fallecimiento inminente de un enfermo de gravedad documentado por los folkloristas Manuel E. Rubio y Francisco J. Rúa precisamente en el mismo pueblo de Pereda de Ancares.
Hay que puntualizar que el carro del país en Ancares producía al desplazarse un característico ruido estridente al girar a la vez el eje y sus pesadas ruedas macizas, por lo que en muchas partes de León este tipo de carro tradicional es conocido como carro chillón por oposición al más moderno carro de ruedas radiadas.
Ankou, el carro de la muerte bretón
El etnógrafo Anatole le Braz recogió en su obra La légende de la mort chez les Bretons armoricains (1893) la existencia de un mito en la Bretaña francesa llamado ankou , al que se describía como el encargado de recoger las almas de los fallecidos en su carro tirado por dos caballos, uno viejo y otro joven, para transportarlas así al Más Allá.
Cuando alguien escuchaba el sonido chirriante del carro era señal de que él mismo o alguien próximo a él no tardaría en morir; también quien viera al ankou moriría en el transcurso del año.
El último muerto del año en cada parroquia ocupaba el puesto de ankou , que era imaginado como un anciano de largos cabellos blancos muy alto y delgado, vestido con un abrigo largo y un sombrero de ala ancha; otras descripciones lo pintaban como un esqueleto envuelto en un sudario cuya cabeza giraba constantemente sobre sí misma en lo alto de la columna vertebral para poder vigilar y acudir sin tardanza al fallecer una persona.
En diversas culturas de la Antigüedad el carro aparece estrechamente vinculado a rituales funerarios en contextos que sugieren que era considerado el vehículo encargado de trasladar las almas al Otro Mundo.
De esta forma, en tumbas etruscas o celtas de la cultura de La Tène se han encontrado los carros funerarios en los que se transportaba al difunto en las ceremonias fúnebres y que eran sepultados junto con el cadáver. En la mitología griega Hades, el dios que gobierna el inframundo en el que retiene a los muertos, se desplazaba con un carro chirrión del que tiraban cuatro caballos negros.
El rechinar del carro da morte ancarés nos remite a ese conjunto de creencias del que quizá sea también su último suspiro.