CANTO RODADO

pago justo

la justicia social y la igualdad de género son una misma cosa, como evoca tan bien la campaña ‘just pay’ para las prácticas de la unión europea

León

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A la puerta de la sala Petra Kelly del Parlamento Europeo, en Bruselas, una joven de Murcia me explica la campaña ‘Just pay’. Un nutrido grupo de chicas y chicos que trabajan con becas en las instituciones europeas reparten bolsas amarillas con un fondo azul ‘Europa’ en el que sobresale la silueta de una mujer y una balanza que equilibra el dinero con el trabajo. Supongo que reclaman igualdad de salario para el mismo trabajo entre hombres y mujeres.

Pero no. La vieja consigna feminista me lleva al fondo de la precariedad en el corazón de Europa, que últimamente no late a favor de las personas. Cosa que contrasta con sus honorables principios y la humanización que se respira en los grandiosos y cristalinos edificios del Barrio Europeo de Bruselas. Han plantado árboles y, a no ser que los cambien periódicamente, parece que crecen, en el interior del edificio Altiero Spinelli.

Otra Europa, ‘s’il vous plaît’

P aloma se forma en la UE con una beca remunerada, pero el 60% de jóvenes que tienen el ‘privilegio’ de realizar ‘interships’ en la Unión Europea, me informa, no cobran ni un miserable centímo de euro. Sus familias han de costear beca. Y así se produce una selección de ricos y pobres silenciosa e invisible. «Mi familia no puede pagármelo», dice Paloma. Es una consecuencia más del modelo neoriberal europeo. Queremos otra Europa, necesitamos otra Europa, s’il vous plaît.

Y con esta reflexión, recordando que hace 30 años yo también fui ‘práctica’ (aún no se había acuñado el término becaria) y con la bolsa amarilla del www.justpay.be, entré en la sala reservada por el Grupo Los Verdes / Alianza Libre Europea para la conferencia Tax is a feminist issue! (Los impuestos son una cuestión feminista) moderada por el eurodiputado Ernest Urtasun (La Izquierda Plural) y en la que expertas europeas y norteamericanas desvelaron los invisibles mecanismos de discriminación de las mujeres de las políticas públicas y la fiscalidad. Bajo la apariencia de neutro, ese PH falso que tan a menudo se impone en el lenguaje, se construye un sistema fiscal que prima el modelo tradicional de familia (ganapán masculino, como lo bautizó María Pazos Morán) en una sociedad que se decanta por un modelo igualitario.

La asignatura pendiente

L as políticas públicas, en fin, no ayudan a aprobar la gran asignatura pendiente de la corresponsabilidad familiar o la cacareada conciliación en la que sólo concilian las mujeres. La ‘caballerosidad impositiva’ hace que las deducciones por cónyuge a cargo sean más relevantes que las que de hijos o hijas.

Lo que se oyó en la sala Petra Kelly forma parte de la agenda feminista desde hace tiempo. El Fórum de Política Feminista, la asociación Flora Tristán de León, la Fundación Isadora Duncan... lo han movido en sus actividades, porque justicia social y de género son inseparables. «Las políticas de conciliación benefician al mundo del trabajo y no a las mujeres», afirmó en León la catedrática de Historia Moderna, Isabel Morant, invitada por la asociación Simone de Beauvoir con motivo de su 30 aniversario. Conviene que alguien se ocupe de llevar estos mensajes a las cúpulas de las instituciones, del Parlamento Europeo hacia abajo, para pensar y hacer otra Europa.

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Le debemos mucho al feminismo. Esa palabra que aún da miedo. Hay tanto miedo últimamente, ¿verdad? En León también. Para ver, oír y palpar los caminos abiertos por las pioneras del feminismo local, a sus hijas y a sus nietas hay que acercarse al Musac a ver la exposición Feminismos León: De la buhardilla del CCAN a la insumisión transfeminista.