Diario de León

la primera piedra de cosamai

Medio siglo dando alas a la ilusión

El 3 de diciembre de 1966 se colocaba la primera piedra de lo que hoy es Cosamai. Han pasado cincuenta años y muchos gestos. En aquel momento este día no estaba dedicado a las personas con discapacidad, aunque quizá algo de casualidad y sobre todo el tesón y la generosidad colectiva hicieron que todo confluyera

Entre la imagen de arriba y la de abajo ha pasado medio siglo. En la primera se ve a Patricio Vara colocando la primera piedra. En la segunda, el presidente de la Diputación en su última visita a Cosamai.

Entre la imagen de arriba y la de abajo ha pasado medio siglo. En la primera se ve a Patricio Vara colocando la primera piedra. En la segunda, el presidente de la Diputación en su última visita a Cosamai.

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a.g. valencia
León

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En 1966, el 3 de diciembre aún no se había instaurado como el Día Internacional de las Personas con Discapacidad, sin embargo, la casualidad quiso que fuera durante esa jornada cuando un grupo de entusiastas, alentados por el entonces obispo de Astorga Don Marcelo y por el espíritu del Concilio Vaticano II, colocaran la primera piedra de lo que sería el complejo Cosamai, ahora un centro de referencia en cuanto a ocupación de personas con discapacidad. Un monumento muy vivo fruto del esfuerzo colectivo.

Justo ahora se cumple medio siglo de aquel primer paso. Un gesto que, como en su día explicó el prelado a los diocesanos, mucho tuvo que ver con las recomendaciones del papa Pablo VI. De aquel concilio de Roma, que reunió a obispos, sacerdotes, seglares y religiosos, salió la idea de construir en la capital italiana un nuevo templo dedicado a María, Madre de la Iglesia. Algo que para Astorga únicamente tendría utilidad en la localidad en la que se levantase. Sin embargo la idea de alzar un monumento al concilio y sus ideas siguió rondando por la cabeza del obispo que, finalmente, comunicó la intención de construir un Instituto para la recuperación de los niños con discapacidad. «Servirá para todas las familias de la diócesis cuyos hijos lo necesiten y será además una obra de caridad, plenamente de acuerdo con el espíritu del concilio (...) de preocuparnos más por quienes sufren, de contribuir a remediar situaciones concretas de padecimiento o aflicción, de hacer que la religión se viva dentro de los templos pero también fuera...», recoge la carta del obispo explicando a los diocesanos los pasos previos para la construcción de Cosamai, que llevaría, también, la advocación de María, Madre de la Iglesia, surgida en el encuentro del Vaticano.

Tras el anuncio, la maquinaria se puso en marcha. No sería fácil, pero tampoco imposible. Este medio siglo de vida lo ha demostrado. Un gesto y 50 años después, el centro, ahora ocupacional, sigue al pie del cañón.

Conseguir la recaudación no era tarea sencilla. Por eso, en la Navidad de 1965, un año antes de que se colocara la primera piedra en lo que se conocían con las eras de Astorga, Cáritas Diocesana lanzó en Radio Popular la campaña radiofónica ‘Alas para un Ángel’. La recaudación de un año antes parecía insuperable, sin embargo, los ciudadanos superaron las expectativas y se volcaron en aquellas fiestas de 1965.

La campaña de Radio Popular duró cuatro días más uno de subastas y «los donativos espontáneos fueron abrumadores». Tanto que cuenta que se llegó a recaudar hasta un millón de pesetas. El objetivo no era otro que la construcción del centro para niños con discapacidad.

'Alas para un Ángel' fue la campaña que en la Navidad de 1965 puso en marcha Radio Popular de Astorga a fin de recaudar fondos para la construcción del colegio. En aquella primera iniciativa se planteó una subasta en la que el entonces obispo Don Marcelo donó su anillo pastoral -sobre estas líneas- que, según cuentan, fue adquirido por 107.000 pesetas.

La subasta radiofónica que se planteó con ‘Alas para un Ángel’, incluyó objetos de lo más variopintos. Cuadros —hasta uno pintado por la duquesa de Alba— libros, guardas suizos de plomo, tiestos, una talla de moro, un estuche de plata, un lote de monedas, un jamón, un cordero.... así hasta completar una lista de 35 elementos diferentes, donde, sin duda, la joya de la corona fue la donación del propio obispo Don Marcelo que cedió su anillo pastoral para la causa. Cuentan que su cotización en esta iniciativa alcanzó las 80.000 pesetas, pero, sin embargo, logró venderse, tal y como publicó en su momento Día 7, por 107.000 pesetas y fue adquirido por un grupo de caballeros de Astorga.

Junto al obispo Don Marcelo, otras dos personas resultaron imprescindibles en el comienzo de esta andadura, que ahora sopla 50 velas. Fueron Rafael Palmero Ramos, en aquella época secretario del prelado astorgano y hoy obispo emérito de Orihuela-Alicante, y Patricio Vara, párroco de Rectivía hasta finales de 2013.

Rafael Palmero sigue recordando a la perfección como se fraguó esta obra social, al abrigo del Obispado y Cáritas, aunque otras entidades como el Ayuntamiento o la Diputación colaboraron desde el principio. Cuenta el obispo que la iniciativa surgió como atención a un problema de cerca de 400 casos extendidos por la geografía diocesana (Zamora, León y Orense). En su periplo comprobaron la cantidad de niños y adultos que había con problemas psíquicos, que en muchos casos, por desconocimiento o incultura, estaban «literalmente escondidos».

Otra de las figuras esenciales en estos primeros años fue la de Patricio Vara, quien recuerda como la llegada de los niños a Cosamai fue una alegría para toda la ciudad. De hecho, fue él quien revestido con roquete y estola, esperó al obispo en los terrenos para introducir en el interior de la primera piedra un ejemplar de la prensa del día, unas monedas de curso legal y una estampa de santa María, Madre de la Iglesia.

No hay que olvidarse de los singulares personajes que pusieron su granito de arena para sacar adelante el proyecto. Las crónicas de la época hablan de dos señora, Alcanfor y Malapolilla, —ambos pseudónimos—que escribían en la prensa animando a la participación en las campañas para levantar Cosamai. Y es que a ‘Alas para un Ángel’, siguió ‘Ciudad de la Ilusión’.

La segunda campaña de Radio Popular para la construcción del centro se llamó 'Ciudad de la Ilusión' como se ve en la imagen. COSAMAI

Claves también resultaron María José Blanco Rodríguez y las trabajadoras de Cáritas de la época, entre otros muchos. Igual que un papel fundamental jugaron los hermanos holandeses, «los cuatro adelantados que vinieron a hacerse cargo del colegio». Uno de ellos, Teo Bekkers, que fue el que más tiempo estuvo en el centro —nada menos que dos décadas— recuerda que para la congregación su labor en Cosamai era de los primeros pasos que daban en España. Muchos son los recuerdos y las anécdotas.

Tras la colocación de la primera piedra, aquel invierno del 66, el centro abrió sus puertas dos años después, así que las próximas bodas de oro llegarán en 2018. Teo Bekkers, que llegó al centro a principios de los 70, recuerda que un paso importante para el centro fue la aceptación de la Diputación Provincial de asumir su gestión, compromiso que a día de hoy mantiene.

Han pasado cincuenta años, medio siglo. Lo que comenzó como un colegio para niños con discapacidad es hoy un centro ocupacional para personas adultas. Cambios que han ido llegando con el devenir en las necesidades o el aumento de la esperanza de vida. En Cosamai la integración es hoy la mejor recompensa. Una idea que el presidente de la institución provincial, Juan Martínez Majo, recalcó durante su intervención en el acto de celebración de este cincuenta aniversario. «Un día como hoy, en el que celebramos los 50 años de vida de Cosamai, debe convertirse en una jornada de reflexión y sensibilización», remarcó, destacando que el compromiso es «seguir apostando por la autonomía y el bienestar de todos los residentes».

Actualmente en Cosamai se atiende a 137 personas, con un retraso mental ligero o moderado. Los usuarios están en diferentes regímenes: 33 son permanentes, 18 en internado obligatorio, 15 salen un fin de semana cada 15 días y 44 están en internado semanal. Los 21 restantes duermen en sus casas. La edad media de los usuarios es de 38 años. En el centro ocupacional trabajan 81 personas: maestros de taller, educadores, técnicos, limpiadores, conductores, coordinadores…

Esteban Carro Celada, al frente del micro de Radio Popular en las jornadas de campaña solidaria. COSAMAI

Una de las terapias utilizadas en Cosamai para conseguir la integración y la mejora de la calidad vida de los usuarios son los talleres ocupacionales. En total, se desarrollan ocho, de madera, cerámica, multiusos del papel, cartonaje, estampación, manipulación, encuadernación y jardinería, en los que participan la mayoría de las personas que se atienden en el centro.

Los productos que se realizan en estos talleres son utilizados después por otros servicios de la institución provincial, como el área de Deportes, que emplea trofeos o camisetas en sus actividades, colaborando especialmente con los talleres de estampación, cerámica y madera.

En Cosamai el trabajo es uno de los factores que ayudan a la integración social, además de aportar autoestima a quién lo realiza. El papel del centro se basa en intermediar entre los usuarios y el mercado de trabajo. Según explicó la diputada de Centros Asistenciales, Manuel García, «desde la perspectiva que dan estas personas a nivel profesional, metódicos y constantes, cualidades muy valoradas por las empresas para las que trabajan y que confían en los servicios que ofrece el centro, se apuesta por las capacidades de las personas, sea cual sea su condición. La experiencia demuestra que, de hecho, resulta muy fácil encontrar tareas y actividades susceptibles de ser elaboradas por personas con discapacidad intelectual».

Además de dar respuesta a las necesidades básicas de los usuarios, también se lleva a cabo una extensa programación de actividades cuyo objetivo es mejorar la independencia de las personas discapacitadas.

Medio siglo después la Ciudad de la Ilusión es una realidad llena de esperanza que da cada día alas a decenas de ángeles. 50 años y miles de gestos que se fraguaron al abrigo de la generosidad colectiva que a día de hoy persiste.

El párroco Patricio Vara con la maqueta original del complejo de Cosamai. FOTOGRAFÍAS CEDIDAS POR COSAMAI

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