Diario de León

Publicado por
Vanessa carreño
León

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No debería haber dicho eso, esto se me da fatal, no sé hacer nada bien, no soy capaz de organizarme… ¿Le suena este tipo de diálogo interno? Hay quien jamás encontrará una voz tan crítica consigo mismo como la que lleva en su interior. Quien se castiga por cada decisión que toma, por cada error que comete y por cada cosa que debería haber hecho diferente. Incluso hay quien, además de castigarse por todo, ¡también se castiga por estarse castigando!

Lo peor es que muchas veces ni siquiera somos conscientes de estar hablándonos así. La autocrítica constante puede ser tan sutil que casi nos pasa desapercibida. Como el clásico «¡estoy tonto!» que tan a menudo decimos cuando no hacemos algo bien. ¿Cree que le sirve para algo hablarse así? Pues no, ya le digo yo que no.

Pero sólo cuando uno toma conciencia de cómo se está hablando puede empezar a cambiarlo. Sólo cuando uno es capaz de identificar a ese crítico interno que le compara con otros y está todo el tiempo recordándole lo poco que vale, lo poco que se esfuerza o lo mucho que se equivoca puede empezar a liberarse de él.

Porque, a los ojos de su crítico interno, nunca nada va a ser suficiente. Siempre le pedirá más y más.

Porque lo que uno vale no se mide por lo bien que hace las cosas, lo inteligente que parece delante de los demás o lo perfecto que demuestra ser. Da igual lo que le contaran de pequeño, ya es hora de que cambie su manera de pensar.

Porque no hay potencial capaz de resistir una autocrítica permanente y porque los errores no son para castigarse por ellos, sino para aprender.

Porque las personas no alcanzamos nuestros objetivos a base de automachaque, sino de respetarnos, tratarnos con cariño y valorarnos.

Porque quien vive en la autoexigencia arrastra también a los demás a que cumplan con dichas exigencias. Y no, usted tampoco necesita que el otro sea perfecto.

Y, sobre todo, porque el que se pasa el día criticándose no tiene energía para disfrutar de las cosas importantes. Que, al final, nunca serán lo bien que lo hizo.

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