Diario de León

Voluntarios

Convencidos para cambiar el mundo

Más de cien millones de personas en todo el mundo dedican su tiempo libre a ayudar de manera desinteresada a quienes más lo necesitan. En una sociedad con, cada vez más desigualdades, el voluntariado resulta una labor muy necesaria

El voluntario de Payasos Sin Fronteras, Moisés Queralt en una actuación, junto a un compañero, en un campo de refugiados.

El voluntario de Payasos Sin Fronteras, Moisés Queralt en una actuación, junto a un compañero, en un campo de refugiados.

Publicado por
Rosi Legido
León

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Moisés Queralt siempre lo tuvo claro, lleva el humor en la sangre y sabe que es el remedio de muchos males, por eso desde hace diez años se pone una nariz de payaso y sale a regalar sonrisas por el mundo. Lo ha hecho en lugares tan dispares como Mozambique, Perú, Jordania, Camerún, Líbano o Macedonia, y en todos ellos ha descubierto que la sonrisa es un gesto universal que nos hace a todos iguales, independientemente del color de la piel, el idioma, la edad, el sexo o las creencias religiosas.

Moisés es uno de los muchos voluntarios de Payasos Sin Fronteras y, para ello, además de ser un profesional del circo o las artes escénicas, se necesita también «ganas y valor, porque después te viene el bajón de haber visto cómo se vive en los lugares que has visitado y tú, en el maravilloso primer mundo «burbuja»», asegura. Se define como «un payaso musical», por eso en sus actuaciones, además de humor, no falta el ukelele o una armónica, y le vale lo mismo una escuela que un barrio cualquiera en los suburbios africanos.

Su público, la mayoría de las veces, son refugiados por distintos conflictos bélicos, víctimas de desastres naturales o de la misma situación del país. «Es una manera de hacer algo para el planeta pero a través de tu profesión, y así conoces un país de manera diferente a cuando viajas de turista», comenta.

Asociaciones de ayuda a los refugiados o inmigrantes, víctimas de la violencia de género, animales abandonados, explotados o en peligro de extinción, personas en riesgo de exclusión social o sin hogar, enfermos, discapacitados físicos o psíquicos, aquellos que sobreviven en países tercermundistas o a desastres naturales… .

Y así se sucede una innumerable lista de opciones para ayudar. La diversidad del voluntariado permite que alguien pueda ofrecer sus habilidades como fotógrafo, enfermero, escritor, constructor… ya que la colaboración no conoce de límites algunos.

Incluso, son varias las páginas de Internet como Hacesfalta (https://www.hacesfalta.org) , Trip-Drop (http://www.trip-drop.com ) o Servicio Voluntariado Europeo (SVE) (http://erasmusplus.injuve.es/acciones/voluntariadoeuropeo ), entre otras innumerables, dedicadas a ofrecer estas oportunidades.

Todos aquellos que dedican su tiempo al voluntariado coinciden en el enriquecimiento personal que dicha actividad aporta, y en que siempre se recibe mucho más de lo que se da.

La combinación de dolor y alegría acompaña a estas personas que viven de cerca el sufrimiento ajeno y tratan de remediarlo.

«Es una sensación agridulce. Agria por no poder ayudar a más, o cuando sabes que hay seres que no van a recuperarse y se te rompe el alma. Dulce, al rescatar a un nuevo habitante, curarle y juntarle con la manada», confiesa María Dolores Pérez, mientras habla de los ochenta animales que tiene acogidos, en su mayoría caballos, en el Santuario Winston (http://www.asociacionwinston.org ) que fundó junto a su marido Rafael Manuel Gómez.

Constituida en el 2012 como asociación, este maravilloso lugar se ubica en un pueblo de Ávila, a una hora de la capital de España. Los animales les llegan de cualquier zona del país, otras veces son ellos mismos quienes tienen que denunciar para rescatar y, en ocasiones, recurren a subastas para salvarles la vida.

Pese a su altruista y sacrificada labor, las ayudas que reciben únicamente son las de los pocos socios y voluntarios que apenas dan para el mantenimiento tan costoso que resulta el cuidado equino.

A sus cuarenta y siete años, María Dolores decidió dejar atrás su pasado en el mundo de la hostelería para dedicarse de lleno al cuidado desinteresado de estos seres, con ayuda de los voluntarios. Asegura que «la labor del voluntariado es fundamental. Sólo pedimos que amen a los animales y la naturaleza. Tienen que alimentarles, limpiares, ayudar en las curas y darles cariño, que es lo que más necesitan. Trabajan ocho horas al día y, a cambio, les ofrecemos alojamiento y comida», puntualiza.

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