CANTO RODADO
Con la banca hemos topado
La banca se ha llevado más de 60.000 millones de euros y ahora nos parece mucho el salario mínimo interprofesional o un derroche que los hombres ganen unas semanas más de permiso parental.
Compraron una botella vino para celebrarlo. Y un buen queso de oveja. Ya estaba lamesa preparada cuando la radio escupió la noticia. Esa emisora que siempre acompaña. En las horas buenas y en las otras. Con la que hablas a menudo cuando te levantas y te peleas con las legañas..
A esa hora, con el aroma del tomate maduro friéndose en la sarten, mientras pones esa lavadora que dejaste pendiente del fin de semana de descanso y riegas las plantas que piden agua casi como en verano en este cálido otoño. A esa hora, minuto arriba minuto abajo del tren que llega cargado de gente a la estación del oeste, se desvanece en las ondas la algarabía.
Qué poco dura la alegría en la casa del pobre, se decía antes. Pero es que ya no es el dinero. Que lo es y debe ser mucho para tocar tan alto. Es por la soberbia, la altanería, y porque una vez más sientes en las entrañas cómo funciona el poder de verdad.
El poder del dinero. El Tribunal Supremo deja en el aire la sentencia sobre la devolución del impuesto de las hipotecas. Un día después del feliz anuncio para la gran masa de gentes estafadas durante la burbuja inmobiliariay luego esquilmadas con las políticas de apuntalamiento de la crisis, el Alto Tribunal, con mayúsculas, se desdice y dice que se lo tiene que pensar.
En esas escasas horas ardían los teléfonos de los bufetes jurídicos especializados en pleitear por los suelos de las hipotecas y los gastos indebidos que endosaron a la clientela. Y de pronto todo se paralizó. La sonrisa se heló. Y de todas formas se tomaron la copa de vino y el queso porque total, que nos quiten lo bailao, se dijeron una vez más.
Gracias a ese espíritu habían salido adelante de cosas bien graves y difíciles. Pero es que lo de la banca no es el dinero, se repetían mientras bailaban. Es la prueba de que el cambio, en realidad, era colocar a Soraya Sáenz de Santamaría en el Consejo de Estado, que se lo merecerá, seguro, mucho más que cualquiera de los santos ‘barones’ que se colaron por la puerta de atrás, a la chita callando, como el expresidente extremeño Rodríguez Ibarra.
Cambian las moscas, pero la mierda es la misma. La política tiene ese punto de podredumbre que es difícil restaurar a un estado de frescura, de aquella inocencia que tenían cuando se enamoraron mientras corrían por las calles gritando ¡Franco ha muerto!
Aquel choque involuntario les unió, ¿para siempre? De momento, hasta ahora, que nunca se sabe de los tiempos del amor. Desde entonces siempre había una excusa para brindar. En las duras y en las maduras.
Porque siempre hay motivos para celebrar. La ampliación del permiso de paternidad a ocho semanas sin ir más lejos. La mayor inversión en corresponsabilidad familiar, dicen las expertas, y sobre todo el punto de partida sin retorno para equiparar los permisos del padre y la madre bien retribuidos, pagados al 100% por la Seguridad Social.
Como motivo para celebrar es que el salario mínimo interprofesional se fije en 900 euros, aunque haya trabajadores y trabajadores, gente prejubilada y pensionista, de la que viaja con el Club de los 60 y el Imserso, que se tientan la ropa y dicen que a dónde vamos a parar con las Kellys cobrando 900 euros mientras en el mundo del periodismo la gente joven casi trabaja gratis (o pagando).
A lo mejor estamos haciendo algo mal, pero preferimos mirar para otro lado, como ha hecho la Iglesia Católica y Protestante con la pederastia, durante décadas y décadas y ahora le endosan el muerto a Francisco, que también es suyo, sin duda.
Así que, sí, brindemos también por esos hombres, y por los hombres periodistas que ayer se sumaron a la rueda para repudiar la violencia. Pocos, poquísimos. Los comienzos nunca son fáciles. Enhorabuena, compañeros. Os necesitamos.