Diario de León

La austeridad ganó en londres

Un nuevo análisis sobre el voto del ‘brexit’ muestra la fuerte relación de su éxito con los recortes del Gobierno en las áreas más pobres. Además, establece una curiosa conexión con el ascenso del voto por el eurófobo Ukip y el resultado del referéndum que tanta polémica ha suscitado desde 2016.

WILL OLIVER

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íñigo gurruchaga
León

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Londres. La publicación de un análisis académico sobre las motivaciones de los votantes que ganaron el referéndum de 2016, la emisión por la BBC de un documental sobre la gestión de la cuestión europea por David Cameron y el aparente cambio de opinión de un teórico de los recortes para reducir la deuda han iluminado el origen de la actual coyuntura en Reino Unido.

Thiemo Fetzer, profesor de Economía en la Universidad de Warwick, ha publicado el último documento de una serie que presenta su investigación sobre los efectos locales de la política de austeridad presupuestaria emprendida por el Gobierno de coalición entre conservadores y liberal-demócratas en 2010 y su relación con el ascenso del voto por el eurófobo Ukip y el resultado del referéndum.

La base de su argumento es la medición de los recortes en políticas de sanidad, educación, pensiones y seguridad social. Salvo el gasto en pensiones, la reducción en seguridad social (16%) y educación (19%) —gasto por cabeza en relación con el PIB, entre 2010 y 2015— fue drástica y en sanidad se mantuvo en un contexto de envejecimiento de la población y aumento de la demanda.

Fetzer ha medido después su impacto regional, descubriendo una gran disparidad, «con variaciones desde el 46,3% al 6,2%, con los recortes más agudos en las áreas más pobres». En Blackpool, una ciudad degradada por el declive del turismo, los recortes en seguridad social significaron un coste anual por cabeza de 1.045 euros. En el distrito financiero de la City de Londres, de 202 euros.

Fetzer ha establecido una correlación con los resultados electorales. Aunque el nivel educativo o la edad tienen relación con el voto en torno a la cuestión europea, el análisis del profesor de Warwick es dinámico, mide la evolución del voto junto a la variación temporal del gasto público. Y su conclusión es que «el voto por la marcha de la UE hubiese sido un 9,5% más bajo sin el golpe de la austeridad».

Inside Europe: Ten Years of Turmoil (Europa por dentro, diez años de agitación) es un documental de la BBC que, en su primera entrega, se centra en la génesis de la decisión de Cameron de convocar un referéndum sobre la UE, como consecuencia de la división en su grupo parlamentario y del ascenso del Ukip, que arañaba votos al partido y había causado deserciones ‘tories’.

«Estúpida» decisión

El documental ha generado titulares por la confesión del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, de la respuesta que le dio Cameron cuando le preguntó por qué había tomado la «estúpida» decisión de comprometerse a celebrar un referéndum. El líder británico le habría respondido que no iba a celebrarse, porque sus socios liberal-demócratas, pro-UE, lo bloquearían.

Pero los ‘lib-dems’ sufrieron una sangría de votos en 2015 y los conservadores de Cameron ganaron las elecciones, comprometidos a convocar el referéndum. Según Fetzer, votantes conservadores y liberal-demócratas se deslizaron hacia el Ukip en lugares afectados por los recortes, pero los líderes conservadores no ofrecen en el documental consideraciones económicas —salvo proteger a la City de la deriva del Eurogrupo— sino sobre el futuro de su partido y el fantasma del malestar por la inmigración, alentado por la entonces ministra de Interior, Theresa May.

Polémica

Tras el pánico de 2008, hubo una gran polémica sobre la política adecuada, por el aumento de la deuda pública para rescatar bancos y amortiguar el golpe. La teoría de John Maynard Keynes sobre la necesidad de que los gobiernos ahorren cuando la economía se expande y gasten cuando se contrae perdió la batalla frente a los ‘halcones’ de la deuda, con un importante aval académico.

Dos profesores de Harvard, Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart, publicaron, en 2009, Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera , en el que basándose en series de datos de diferentes países mostraban que, cuando la deuda pública sobrepasa el 90% del PIB, el crecimiento se estrangula. El Gobierno británico, entre otros, tenía bendición científica para su política de austeridad.

Los datos utilizados en aquel libro ya fueron desacreditados, y Rogoff argumentó en The Sunday Times , en el inicio de esta semana clarificadora, que el Gobierno británico debe expandir su gasto para amortiguar el ‘brexit’. Dos frases del artículo. «No hay umbral mágico del porcentaje de deuda y PIB que provoca la súbita caída del crecimiento». «No me ha parecido nunca ni remotamente obvio por qué Reino Unido debe preocuparse por su deuda».

May simula en perfecta sincronía con el líder laborista, Jeremy Corbyn, un diálogo para alcanzar un consenso en el que nadie cree. Mantiene su grupo parlamentario unido mientras intenta captar a laboristas hartos de Corbyn, o preocupados por una salida abrupta o que representan circunscripciones favorables al ‘brexit’. Todo lo que necesita para el triunfo de su estrategia agónica es que la UE incluya unos párrafos anejos al Acuerdo de Salida en los que se ponga un límite a la duración del mecanismo para evitar la frontera irlandesa. A esa idea se han opuesto hasta ahora tanto Bruselas como Dublín, porque a su juicio significaría invalidar la salvaguarda diseñada.

El grito de la UE

La UE lanzo el martes pasado un nuevo plan de contingencia ante un ‘brexit’ sin acuerdo que pone el foco en la infraestructura ferroviaria que une Reino Unido y Francia bajo el Canal de la Mancha. El Ejecutivo comunitario solo se compromete a prolongar 3 meses la validez de las autorizaciones de seguridad para ciertas partes del también conocido como Eurotúnel, de más de 50 kilómetros de longitud, de los que 39 son submarinos. Esto implica que el servicio, de hacerse efectiva la retirada británica el próximo 29 de marzo, se desarrollaría sin interrupciones hasta julio. Lo que suceda a partir de ese momento dependerá de las negociaciones entre Bruselas y Londres.

La mayoría de Estados miembros de la Unión Europea han expresado su desconfianza, e incluso rechazo, a la propuesta de la Comisión Europea (CE) para poner fin al requisito de unanimidad en la aprobación de normas sobre política fiscal.

«Hubo una serie de ministros que plantearon preocupaciones o se opusieron a la idea», admitió el vicepresidente de la CE para el Euro, Valdis Dombrovskis, tras la reunión de ministros de Economía y Finanzas celebrada este martes, en la que se abordó la posibilidad de rebajar la exigencia de aprobación a mayoría cualificada.

A 45 días de la fecha del ‘brexit’, Bruselas está inmersa en el proceso de preparación para cualquier escenario y, en paralelo a los intentos fallidos del Gobierno británico de lograr el apoyo de su Parlamento al acuerdo de salida, lleva semanas presentando diversas medidas de contingencia para evitar el peor impacto de un divorcio desordenado.

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