CANTO RODADO

Horror vacui

El miedo al vacío ha inspirado obras de arte fastuosas como la capilla de la Sacristía de la Catedral de Burgos. No cabe ni una figura más. Personalmente, prefiero las estrellas de sus cúpulas. La luz de sus linternas..

León

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Horror vacui. Es la expresión latina para designar el miedo al vacío. Y la respuesta del arte, que es la del ser humano, es llenar ese inmenso agujero con cosas que pueden ser bellas u horribles pero producen un efecto apabullante.

Lo que en el barroco desembocó en obras como la capilla de la Sacristía de la Catedral de Burgos —da vértigo la profusión de figuras en su interior— en la vida moderno lo llenan las redes sociales, las campañas electorales, la publicidad, el caos informativo.

La sobreabundancia de información es una trampa por la que se cuelan noticias falsas y mecanismos de control e inducción de tendencias de la clientela o clase consumidora, que es hacia lo cabalga el noble concepto de ciudadanía.

Es hora de enfrentarse al vacío y quedarse con lo esencial, lo bello, lo mejor, como las cúpulas estrelladas de esa Catedral burgalesa cuyo interior visité ayer por primera vez. Merece la pena. Tanto como asomarse a la Pulchra leonina con sus muros rasgados para que penetre la luz a través de sus magníficas vidrieras.

Hace falta mucha luz para afrontar los dos meses que se avecinan de elecciones y palabras vacuas. Unas generales sobre las que cabalgan el fantasma de la ultraderecha que, de la noche a la mañana, cuenta con sustanciosas cantidades de dinero para anunciar su programa machista en grandes medios de comunicación que hacen de trágalas sin complejos.

Unas autonómicas en las que Castilla y León se enfrenta a sus 36 años de autonomía y 32 de gobiernos del PP con candidatos nuevos en los viejos partidos y pocas novedades en los más o menos nuevos. Y también las municipales, las elecciones del gobierno de casa, de las cosas cercanas y cotidianas.

Las elecciones se presentan como la fiesta de largo de la democracia, mientras se olvida que la democracia se construye día a día con la ciudadanía, con más participación y justicia redistributiva y menos fotografías para la ‘incidencia’ en la opinión pública.

El interior de las catedrales es una metáfora de las ciudades que las levantaron. León y Burgos, dos hitos del Camino de Santiago en su largo recorrido por la Península, compiten por la ‘mejor’ catedral gótica en España. Y no hay comparación que valga.

Ambas ciudades comparten también la nostalgia de viejos reinos y la impotencia de las periferias múltiples que componen esta Comunidad. Me cuentan que Burgos también ha perdido a costa del engorde artificial, pero muy real, de Valladolid. El conservatorio, la escuela de teatro y otros centros vinieron a menos en el afán centralista y centrípedo de una política autonómica injusta y desequilibrada.

Y si eso pasa en Burgos, ¿qué decir de Zamora, Soria o León? ¿De Salamanca, Ávila, Palencia o Segovia?. Una gran ciudad rodeada de un gran desierto demográfico no tiene futuro. No es culpa de Valladolid, es culpa de las políticas cicateras de unos políticos que se han blindado con otros grupos de poder en un búnker desde el que no ven la realidad.

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Afortunadamente, la poca industria que llega en esta era de la debacle tiene claro que León es estratégica para sus centros logísticos. Y más lo sería si se afrontase, de una vez por todas, esa vía rápida León-Braganza para dar sangre a zonas que se quedan aisladas en este rincón de la España vaciada y ninguneada. Y de paso mirar a Portugal.