Diario de León

Las calles de León que pisaron las reinas

Sus huellas se pueden seguir por los rincones de la ciudad. El viejo empedrado conserva la historia de sus vidas, de sus idas y venidas. Son calles de reinas. Las marcas de su historia

La calle del Cid.

La calle del Cid.RAMIRO

León

Creado:

Actualizado:

Por Palat del Rey iba y venía una doncella, hija de rey, hermana de rey, tía de rey. Había creado su padre para ella un monasterio. En la iglesia de San Salvador, la más antigua de la ciudad. Ramiro II de León ‘el Grande’, enérgico y temido, apodado por las tropas musulmanas ‘el Diablo’, levantó entre el 931 y el 951 el cenobio para la quinta de sus hijos, la más pequeña, nacida de su segundo matrimonio con Urraca Sánchez. Cerca de su casa, pues la familia real vivía en un palacio pegando al convento, con templo y cementerio que fue, seguramente, el primer panteón real antes de que las razzias de Almanzor aconsejaran el traslado de la familia real y sus antepasados a San Isidoro, iglesia, fortaleza y camposanto de los reyes de León.

Con ella, con Elvira Ramírez, recorrieron el camino del monasterio otras hijas de la poderosa nobleza leonesa y jóvenes hidalgas. Pero a Elvira la historia le tenía reservado el papel de regenta de su sobrino, el pequeño Ramiro III, proclamado rey con cinco años. Elvira Ramírez era mucho más que la abadesa de San Salvador de Palat del Rey, era infanta de León, dómina del Infantazgo, una institución del viejo Reino de León que otorgaba un fuerte poder a las mujeres de la familia real no casadas, señoras de tierras, con mando sobre territorios y personas, con bienes, dinero y patrimonio, dueñas de su vida y voluntad. Sin ella, sin Elvira y las dóminas, sin su autoridad e influencia, sin su fuerza y determinación, Urraca I de León 'la Temeraria' no habría sido la primera reina de pleno derecho de la historia de Europa.

San Isidoro, la basílica erigida por Sancha, infanta, reina de León, y su esposo, Fernando I ‘el Magno’ y consagrada bajo la advocación del santo traído desde Sevilla. El sol dio de lleno en el altar del nuevo templo de la ciudad aquel 20 de abril de 1063. En la penumbra del santuario se cumplieron con exactitud los cálculos de los constructores del románico. La misa fue solemne pero el gran milagro se había producido al amanecer, sin más luz que la del sol naciente. El rayo de Dios. Una vez al año, el sol naciente ilumina con precisión el altar de los templos cristianos del Camino de Santiago. Lo hace sólo un día, el elegido. Sólo entonces, un rayo divino se cuela por una ventana del ábside, como si Dios pusiera el foco sobre el lugar donde se hacen las ofrendas, sobre el lugar elegido por Sancha. legítima heredera de su reino como sucesora de su hermano, el rey Bermudo III.

Cuentan las crónicas del rey que de San Isidoro a San Pelayo caminaba doña Sancha, hermana de Alfonso VII ‘el Emperador’ para preparar el tálamo nupcial de una infanta bastarda. En el palacio imperial, encerrada ahora la única torre que se conserva tras las rejas del colegio de las Teresianas. Un matrimonio amañado para su sobrina, Urraca Alfonso ‘la Asturiana’, hija ilegítima de Alfonso VII. Separada desde niña de su familia materna, fue instruida por su tía paterna, dómina del Infantazgo, señora de San Isidoro, que ostentaba el título de reina concedido por su hermano. Tanto poder tenía, que fue una de las principales consejeras y colaboradoras del rey y figuraba con su nombre en los documentos públicos de su hermano. Sancha Raimúndez preparó para su sobrina la boda con García Ramírez, rey de facto de Pamplona, y la convirtió en reina.

Torreón de doña Berenguela, en el patio de las Teresianas, restos del palacio imperial de Alfonso VII en el que su hermana, doña Sancha, preparó el tálamo nupcial de una infanta bastarda hija del rey.

Torreón de doña Berenguela, en el patio de las Teresianas, restos del palacio imperial de Alfonso VII en el que su hermana, doña Sancha, preparó el tálamo nupcial de una infanta bastarda hija del rey.RAMIRO J.LOPEZ LOBATO

El palacio, que se mantuvo en pie hasta el incendio en el siglo XII, fue morada de Berenguela I de Castilla, hija de Alfonso VIII y Leonor de Plantagenet, reina de Castilla y reina consorte de León por su matrimonio con Alfonso IX, nieta de Enrique II de Inglaterra y de Leonor de Aquitania.

Mucho antes que ella, la calleja fue paso asiduo de otra dama, Elvira Menéndez, hija del conde Herminio, reconquistador de Coimbra y mayordomo real, nieta del conde Gatón, que contrajo matrimonio en 892 con Ordoño II y vio cómo dos de sus hijos, Alfonso IV y Ramiro II, se convirtieron en reyes de León y otro, Sancho Ordóñez, de Galicia. Iba Elvira hasta el solar que ocupa ahora la Catedral, pues ella y su marido donaron un palacio para su construcción. En generosa recompensa, el rey, que había sido ungido por doce obispos en el trono de León, pasa vida eterna en la girola del templo gótico, custodiado en su tumba por leones y un galgo, símbolos de fortaleza y fidelidad.

Esos pasos siguió otra Elvira, hija del conde Menendo González y de Toda, pero ella para acompañar hasta la Catedral a su esposo, Alfonso V, a la asamblea de la curia regia en la que se promulgó el Fuero de León, las leyes territoriales más antiguas que se conocen de la Edad Media. Corría el año 1017.

La Catedral, lugar de cita de muchas reinas leonesas, para la coronación de sus esposos o hijos y para la promulgación de leyes fundamentales para la historia europea que siguen en vigor hoy en día.

La Catedral, lugar de cita de muchas reinas leonesas, para la coronación de sus esposos o hijos y para la promulgación de leyes fundamentales para la historia europea que siguen en vigor hoy en día.Jesus F. Salvadores

Y hasta la Catedral fue también doña Berenguela, hija del conde de Barcelona, reina consorte de León por su matrimonio con Alfonso VII, para asistir a la coronación de su esposo como 'Imperator totius Hispaniae’, emperador de toda la Hispania.

Una calle tomó el nombre del rezo de una reina con todos los poderes, que se postró en la calle en la mañana del Viernes Santo de 1313. En la calle Plegaria, doña Constanza, viuda de Fernando IV y madre de un Alfonso que terminaría siendo XI, reza en público por la paz del solar leonés. Temía la reina por el futuro, pues la víspera el pequeño Alfonso había sufrido un ataque en la vecina calle Escalerilla. Intrigas de un reino en disputa.

Perseguidos por sus enemigos, llegan a la ciudad. Cuenta la leyenda que se refugian en una casa del Barrio de San Martín. Algunos de sus enemigos se enteran y siguen sus pasos hasta descubrir el refugio del rey niño y su madre en León. Doña Constanza trae muy poco séquito, entre las que se cuenta su doncella Beatriz. El Jueves Santo, el niño y su escudero se tropiezan con sus perseguidores y se entabla una lucha callejera de la que el infante logra huir. A la mañana siguiente, una mujer envuelta en luto y lágrimas se arrodilla en mitad de la procesión ante la Virgen en la iglesia de San Martín y reza una plegaria. Es doña Constanza.

La calle Escalerilla, el lugar donde Alfonso, el rey niño, sufrió una emboscada de la que logró salir con vida.

La calle Escalerilla, el lugar donde Alfonso, el rey niño, sufrió una emboscada de la que logró salir con vida.SECUNDINO PEREZ

La calle Plegaria y la iglesia de San Martín, el lugar donde se postró doña Constanza en la procesión del Viernes Santo para rezar por la paz y por la vida de su hijo, de ahí el nombre de la calle.

La calle Plegaria y la iglesia de San Martín, el lugar donde se postró doña Constanza en la procesión del Viernes Santo para rezar por la paz y por la vida de su hijo, de ahí el nombre de la calle.Ramiro

Por la calle del Cid caminó la esposa de Rodrigo Díaz de Vivar, hija del conde Diego Fernández y de una dama de apellido Fernández, quizá Cristina, y sobrina de Alfonso VI de León. Fue doña Jimena desde una casona del Barrio Romántico, tal vez la casa de Pedro de Guzmán, a la basílica para asistir a misa de parida, la que obligaba a las mujeres a purificarse cuarenta días después del parto. Había nacido su hija Sol. Y le gusta contar a la leyenda, aunque no pueda ser cierto porque las fechas se empecinan en no casar, que en San Isidoro hicieron tañir la campana Laurentina, la más antigua del país, para celebrar el nacimiento de su hijo Diego.

Fachada de la basílica de San Isidoro vista desde el Cid, la calle que recorrió doña Jimena, esposa del Cid Campeador, para asistir a la misa de parida 40 días después del nacimiento de su hija Sol.

Fachada de la basílica de San Isidoro vista desde el Cid, la calle que recorrió doña Jimena, esposa del Cid Campeador, para asistir a la misa de parida 40 días después del nacimiento de su hija Sol.RAMIRO J.LOPEZ LOBATO

Cuenta otra leyenda, esta quizá más cierta, que el empedrado fue lugar de paso hacia la calle de la Rúa de reinas y sus damas de compañía que, agobiadas por el calor del estío leonés, «viajaban» desde San Isidoro para veranear en las huertas con palacetes y conventos de la Rúa de los Francos, entonces un vergel extramuros.

En la calle de la Rúa se conserva aún la huerta de las Concepcionistas. A esa zona iban a pasar el verano las reinas de León y su séquito cuando no estaban en Babia.

En la calle de la Rúa se conserva aún la huerta de las Concepcionistas. A esa zona iban a pasar el verano las reinas de León y su séquito cuando no estaban en Babia.RAMIRO J.LOPEZ LOBATO

Allí, en esa misma calle, en el solar que hoy es casino, pegado al Hotel Conde Luna, un hombre levantó un palacio jamás imaginado. Lo hizo en honor a una mujer que no era ni su esposa ni su amante, lo construyó en memoria de su madre, Leonor de Guzmán, la reina que nunca reinó, amante eterna de Alfonso XI de Castillla, madre de diez bastardos, hija de Pedro Núñez de Guzmán y Juana Ponce de León, casada en desamor, deseada por el rey, desposado por razones de estado con su prima María de Portugal, y asesinada por orden de su eterna rival. Su hijo Enrique, el primero de los Trastamara, la dinastía que llegó hasta la reina Juana de Castilla, apodada «la Loca», el tercero de los vástagos de Leonor, nacido en parto gemelar, vengó el final de su madre a manos de la reina una vez fallecido el monarca de peste negra contraída en el sitio de Gibraltar, y lo hizo con la peor de las revanchas, la muerte del único hijo con vida de María, que era además de hermanastro, su rey, Pedro I 'el Cruel'.

En lo que es el actual casino del Conde Luna levantó Enrique, el primero de los Trastamara, un impresionante palacio en honor de su madre, Leonor de Guzmán, amante del rey, que le dio diez bastardos.

En lo que es el actual casino del Conde Luna levantó Enrique, el primero de los Trastamara, un impresionante palacio en honor de su madre, Leonor de Guzmán, amante del rey, que le dio diez bastardos.DL

El palacio de Leonor, ‘La Favorita’, la que inspiró una ópera con ese nombre y una cántiga de amor del monarca al que pusieron el apodo del Justiciero por la energía con la que controló a la nobleza, el joven que gustaba de cazar en Valporquero, que amó durante toda su vida a Leonor, tan bella que cuentan que nadie podía apartar sus ojos de ella, tan inteligente que dicen que convirtió a un joven melancólico en un rey ejemplar, tan preparada políticamente que forjó con él uno de los reinados más brillantes de la Edad Media, tan leal a su rey que la Corte se rindió ante ella y la aceptó como reina de hecho aunque de derecho lo fuera María de Portugal, la misma Leonor cuya historia forma parte del regalo de novios de otra mujer que es ahora reina, la ofrenda matrimonial de Letizia a Felipe VI y cuyo nombre lleva ahora una heredera. La Leonor por la que una calle recibe el nombre de Matasiete, donde un caballero defendió a espada el honor de esa dama y la lealtad al rey. Setenta y tres metros y una encerrona entre la Plaza del Pan, que así se llamaba la Plaza Mayor, y la de San Martín, para el vulgo, la de las Tiendas, donde se cuenta que mataron a siete.

No consta si hasta allí llegó otra reina, pero sí que lo hizo hasta la iglesia del Mercado, el milagro que da a cuatro calles, que hace frontera con Herreros, Capilla, Mercado y el Grano. Allí, en el templo de la Virgen que devociona la ciudad, a la que León llama Reina y Madre, que es herencia de esta tierra, la Virgen de la calle, en el barrio de los francos, de los hombres libres, comerciantes y cambistas de moneda que llegaron atraídos por la pujanza del reino. Hasta allí llegó Isabel II, en 1857, para pedir en plegaria como durante milenios hicieron las mujeres de León, nobles o campesinas. Nadie sabe si escuchó su rezó, pero sí que le donó un manto brocado de oro. Volvió la reina en 1858, esta vez con su hijo de 9 meses, el futuro Alfonso XII, y regaló sus pendientes de zafiros blancos de talla antigua y americanos engastados en platino.

La iglesia del Mercado, donde acudió a rezar dos veces la reina Isabel II, que hizo una bellísima donación para el ajuar de la Virgen del Mercado, la gran devoción mariana  de la ciudad.

La iglesia del Mercado, donde acudió a rezar dos veces la reina Isabel II, que hizo una bellísima donación para el ajuar de la Virgen del Mercado, la gran devoción mariana de la ciudad.RAMIRO J.LOPEZ LOBATO

Para una reina muerta mandó levantar un rey una obra magnífica. Fernando el Católico hace una donación en 1514, diez años después de la muerte de Isabel, para que se levante en honor de su esposa un hospital de peregrinos, la más bella fachada plateresca del Renacimiento.

Por la calle que trazó Roma en León, la vía Pincipalis del campamento romano, la que León llamó luego calle Ancha, pasaba Trajano cubierto con su toga, tocado con su casco imperial. El más grande emperador romano de todos los tiempos, salvado César Augusto, cruzaba todos los días para llegar a su casa, en Sierra Pambley. Era ya uno de los mejores comandantes del Imperio. A su paso se guardaba un silencio reverencial. Por eso y porque era el legado, el comandante en jefe de la Legio VII Gémina Pía. En León vivió tres años.

Por la calle Ancha, entonces la vía Principalis del campamento romano, pasaba a diario Trajano. Cuentan que con él vivió en  su esposa, Plotina, a quien se debería que la ciudad tenga anfiteatro.

Por la calle Ancha, entonces la vía Principalis del campamento romano, pasaba a diario Trajano. Cuentan que con él vivió en  su esposa, Plotina, a quien se debería que la ciudad tenga anfiteatro.Jesus F. Salvadores

Tal vez lo hizo con él Pompeya Plotina, tapada con su estola de patricia romana, cubierta con su velo para ocultar la melena. Contrajo matrimonio con ella mucho antes de convertirse en emperador y cuentan las crónicas que hizo junto a él su entrada triunfal en Roma. Plotina tenía fama de ser intelectual, amable y benevolente. Tal vez inculcó en Trajano el empeño en el bienestar de la gente y el amor por las grandes obras civiles. Quizá eso explique la construcción de un anfiteatro en la calle Cascalerías, aprovechando la ladera de un pequeño altozano.

Callejas de León en las que se mantienen el rastro de las reinas. Pasaron por ellas con paso firme y, a veces, furtivo. El viejo empedrado de esta urbe dos veces milenaria guarda la historia de sus paseos, sus huidas y sus intrigas. Es, todavía ahora, la ciudad que pisaron sus reinas.

tracking