Los osos presos de León
Viven desde hace 33 años en una jaula de 700 metros, exhibidos como el ‘orgullo’ del Coto Escolar de León ante miles de niños. Luna y Ponderoso languidecen presos en la ciudad. El Ayuntamiento no ha movido ni un dedo por mejorar sus condiciones de vida. Una campaña busca ahora sacarlos de una vida entre rejas

Ponderoso, en su jaula del Coto Escolar, donde vive desde hace 33 años
Hubieran seguido así, hasta el final, si no es por una videonoticia contando las bondades del Coto Escolar de León. Allí están, en las imágenes, Luna y Ponderoso, cautivos en una jaula de 700 metros, ajenos a su protagonismo, concentrados en nada en concreto en su vida entre rejas. Desde hace 33 años. Todo hubiera seguido igual si no es porque algunos de aquellos niños que pasaron por el Coto hace décadas contemplaron estupefactos en Instagram que aquellos osos que ellos vieron en su infancia seguían allí exactamente igual.
Ese mismo vídeo lo vieron atónitos Pacma y la asociación protectora de animales Sacrificio Cero León. Y así fue como Luna y Ponderoso salieron del olvido en el que habían quedado sumidos. Congelado el tiempo. Como si no hubieran pasado tres décadas, 33 años para Ponderoso, 32 para Luna, toda una vida enrejados.
Se acabó el tiempo, avisan en Pacma. Y quieren que sea así antes de que el tiempo se acabe para estos dos osos.
Son tres veces víctimas. La primera, de otra época. Un tiempo en el que socialmente se aceptaba tener animales en cautividad. La segunda, por la romantización de su vida en el Coto Escolar de León, creado como un aula de la naturaleza municipal en el que viven más animales fuera de su hábitat natural y en el que se vanaglorian de la longevidad de los dos ejemplares de oso pardo, de los cuidados que reciben y de que comen casi a la carta. Ni una palabra de las condiciones que sufren a cambio de recibir alimentos a la mano. La tercera, por la falta de acción y sensibilidad del Ayuntamiento de León.
Tienen el triste récord de ser los osos más viejos en cautividad del país. Ponderoso llegó desde Valwo, el zoo de Matapozuelos (Valladolid) creado en 1980, cincuenta hectáreas con ejemplares salvajes, leones inluidos, que cerró en 2007 por falta de rentabilidad y obligó a trasladar a otros zoos a todos su animales. Pero antes de que eso sucediera, montaron a Ponderoso en una furgoneta y lo llevaron a León. Venía con un biberón. Era un osezno que fue condenado a vivir toda su vida preso. El peluche creció y se convirtió en el oso pardo cautivo más grande del que se tenga conocimiento en la Península Ibérica y, quizá, en Europa.
Era 1992 cuando el Ayuntamiento se empeñó en tener su propio zoológico, aunque fuera una sucursal del de Valladolid. Y para agrandar su fama local, se trajo un año después a Luna. Llegó en 1993 cedida por Seguros Santa Lucía. Una compañera para Ponderoso. Y así fue como ella ha pasado también toda su vida cautiva.
La jaula inicial, apenas un habitáculo, se amplió hasta los 700 metros actuales, una finca taladrada hasta el comienzo de la capa freática para que los dos osos no escapen y en donde ellos han excavado su osera con dos ramales, uno más profundo inundable que deja a salvo el más superficial, donde ambos osos hacen como que hibernan porque en este tiempo todo ha cambiado menos la vida de Luna y Ponderoso, por variar lo ha hecho otro tiempo, que se ha modificado tanto que ya apenas hiela en León, este año de media en la ciudad entre el 14 de diciembre y el 8 de febrero 23 días frente a los 72 que había de media y hasta 18 grados el 6 de diciembre. El recinto tiene un pequeño estanque, una especie de charca cementada para que se refresquen en verano que apenas supera el tamaño de Ponderoso, algunas piedras colocadas en el suelo y ningún árbol en el interior «por seguridad», alega el Coto, para que no «puedan trepar y escapar» aunque la jaula al aire libre está rodeada de árboles que proyectan cierta sombra en verano. Además hay construidos dos habitáculos de cemento en donde los osos pasan muchas horas.
El Ayuntamiento de León sigue presentando a Luna y Ponderoso como sus estrellas de lo que denominan el aula didáctica de educación ambiental, cuentan incluso que tienen el secreto de la longevidad y que son símbolo e historia del Coto. Las declaraciones han indignado a las asociaciones protectoras de animales y a los ambientalistas. Al Pacma y Sacrificio Cero se unen otras voces. Lejos de parecerles un «éxito», condenan la manera en la que están obligados a vivir los dos osos y denuncian «la falta de espacio, de estímulos y de enriquecimiento ambiental en el recinto donde estos animales han sido condenados a vivir durante toda su existencia».
Unas condiciones, denuncian, que «no sólo comprometen su bienestar físico y psicológico sino que contravienen cualquier principio de respeto hacia los animales que el Ayuntamiento de León debería garantizar».
«No se han convertido sólo en los osos más longevos en cautividad en España, tristemente son también los más solitarios», denuncia Javier Luna como presidente del Pacma. «Contrariamente a lo que divulga el Coto Escolar, ‘comer a plato puesto’ no es lo único ni lo más importante que necesitan estos animales», añade. Y desliza en su escrito al Ayuntamiento de León que «el Coto ha sido objeto de críticas durante años por la cautividad de especies en condiciones poco adecuadas».
El Ayuntamiento se defiende de esas acusaciones y apela a una cascada de papeleo legalista para desactivar la sombra de una supuesta desaparición de sus certificados de origen que impidió que un análisis de ADN arrojara luz sobre estos dos ejemplares.
«Los osos son titularidad del Ayuntamiento de León y se encuentran en el Coto Escolar, enclave al que la Junta de Castilla y León concedió en 2009 un código de Núcleo Zoológico y en 2010 la inscripción como Parque Zoológico. En 2010, según los informes técnicos, se les legalizó con la obtención de los documentos Cites que permiten y acreditan su tenencia», explican de manera oficial desde el Ayuntamiento. «Cuentan con un informe del Seprona de 2018 en el que resuelve su buen estado y bienestar animal tras la aparición de informaciones públicas referenciando lo contrario», añaden. «Tienen aprobado un Plan de Asistencia Veterinaria así como un Plan Nutricional en base al que reciben diariamente fruta, verdura y carne. De su cuidado y alimentación se encargan los trabajadores del Coto», explican los responsables municipales. Y aporta el Ayuntamiento otro dato más: «Por parte de la Unidad de Veterinaria de León tuvieron la última inspección en 2023 (hace dos años). En base a los informes técnicos, se cubren las cinco necesidades básicas del bienestar animal: no padecen hambre y sed, están cómodos, no padecen dolor, injurias ni enfermedad, expresan un comportamiento normal y están libres de miedo y estrés».
Los defensores de los animales critican esta explicación. «No es ético que se justifique la explotación animal», denuncian. Y no comprenden por qué el Ayuntamiento de León se niega a ofrecerles la oportunidad de vivir en un santuario o en un espacio más naturalizado, fuera de la ciudad, donde puedan vivir en semilibertad, «lo que se les ha negado durante toda su vida».
Pacma exige el traslado con «urgencia» de Luna y Ponderoso. «Que terminen su vida lejos de los barrotes», resumen en una contundente frase.
Contrarios a la permanencia de Luna y Ponderoso en esas condiciones son también la Fundación Oso Pardo (FOP) y Fapas, la fundación para la protección de animales salvajes. Ambas hacen hincapié en que no trabajan con osos en cautividad, que les parece una aberración en pleno siglo XXI.
«De ninguna manera se puede justificar», apunta Guillermo Palomero, naturalista y director ejecutivo de FOP. «Este tipo de instalaciones son sólo aceptables para tratar animales heridos o en recuperación para después reintroducirlos en su hábitat natural», añade. «Si ya es imposible su retorno a la naturaleza, si no es posible que dejen de ser cautivos hay que garantizar que viven en espacios muy amplios donde se les consiga un mínimo de bienestar animal», explica Palomero.
«Nuestra sociedad lo rechaza, es ya consciente de que los animales no se pueden mantener en esa situación», describe Roberto Hartasánchez, socio fundador, director honorario y alma de Fapas. «Hace 30 años se asumía con naturalidad tener un zoológico, hoy nos produce un profundo rechazo», dice Hartazánchez. «Tienen que apostar por modificar totalmente el lugar, con amplitud, adecuado a sus necesidades, que respete sus derechos, o trasladarlos a unas instalaciones apropiadas en mitad de la naturaleza, no hay más», zanja.
No encuentran justificación para que se mantenga así a Luna y Ponderoso. «No son herramientas educativas ni objetos de entretenimiento, llevar a los niños a ver animales encerrados perpetúa la idea de que su privación de libertad es legítima, hay maneras más éticas y adecuadas de enseñarles sobre fauna, de mostrarles el respeto por los animales», denuncian desde Pacma y Sacrificio Cero León.
«Esto no es educación ambiental», censura Roberto Hartasánchez. «¿Qué enseña eso? No tiene sentido. Ver osos en libertad es fácil, especialmente en una provincia como León. Somos afortunados, disfrutemos de ellos en libertad», añade Guillermo Palomero.
No ven ninguna dificultad en llevarlos a un santuario o a un recinto habilitado en algún municipio de la montaña ni a la utilización de sedación para sus traslado pese a su edad. «Hay técnicos especializados en ello, veterinarios que dominan estas técnicas. Los tiene la propia Junta de Castilla y León», apunta Palomero. Y, añade, hay métodos de trasladarlos sin sedarlos.
Lo comparte Pacma y Sacrificio Cero. Y ponen de ejemplo varios osos de avanzada edad para los que hay planes de traslado a recintos naturales en Europa del Este. Están en contacto además con un santuario de los Países Bajos para rescatar de su cautiverio a Luna y Ponderoso con la ayuda de dos veterinarias y la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales, Faada. Y han puesto en marcha una cascada de medidas legales para lograrlo.
«Recogemos el testigo de una demanda social de este siglo», dicen portavoces de Sacrificio Cero.
Al rescate de los dos osos están dispuestos a salir los ayuntamientos de Burón, Riaño y Maraña. Ya lo estuvieron en el intento de traslado hace unos quince años, cuando se propuso su traslado a un cercado de grandes dimensiones en la montaña leonesa. Se ofrecieron ayuntamientos de Picos de Europa y el Bierzo. La Junta de Castilla y León lo dejó en manos de los pueblos para que se pusieran de acuerdo. No fue posible.
La Junta se desentiende ahora del problema. Alega que el Coto Escolar no es competencia de la Consejería de Medio Ambiente y aunque asegura que «por nuestra parte no hay impedimento ni recomendación», advierte de que si son trasladados a otro lugar «deberá reunir los requisitos de núcleo zoológico» y que «son especies en cautividad cuyo responsables son los titulares del núcleo zoológico en el que se encuentran».
¿Tiene algún plan la Junta de Castilla y León para que no haya más especies animales en cautividad en el Coto Escolar, se ha estudiado la posibilidad de que no haya más animales allí?: «No, la Junta no tiene ningún plan», responden parcos desde la Consejería.
Los actuales alcaldes de Burón, Riaño y Maraña, Pedro Luis Álvarez Vega (PP), Senén Presa Fernández (UPL) y Omar Rodríguez Bulnes (PSOE), están dispuestos a estudiar un plan para trasladar a los dos osos a un gran recinto al aire libre. Ven en ello una oportunidad turística. «Buena idea», dicen los tres. «A nosotros lo que nos sobra es terreno», añade Omar Bulnes, alcalde de Maraña.
La Junta se aparta. El Parque de la Naturaleza de Cabárceno prefiere guardar silencio sobre si técnicamente es posible trasladar osos de edad avanzada sin correr muchos riesgos. Y el Ayuntamiento de León no ha movido ni un dedo en 33 años para mejorar las condiciones de vida de los dos osos. Ahora, tampoco. Y van siete alcaldes.
En el Coto Escolar, dos cuidadores, Marcos y Guillermo, llevan esos 33 años pendientes de los osos. No ha dado aún las 9 de la mañana cuando Marcos abre la trampilla para darles su ración de comida. En el recinto le espera atenta la osa. El oso ni se levanta. Sigue apoyado contra los barrotes, cabizbajo y adormecido. «Es el invierno», justifica su cuidador. Les mira Marcos con un gesto de preocupación. Son ya parte de su vida. Y teme que la campaña de reivindicación lanzada para darles una vida mejor se los lleve lejos. «Si es para mejor...», dice lacónico. «Aquí están bien cuidados, son mayores, no sé si resistirían el cambio...», dice a media voz.
Ajenos a la polémica, Luna y Ponderoso lamen con parsimonia los barrotes que su cuidador ha untado con miel. Tal vez, su único entretenimiento. En los últimos 33 años.

Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años

Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años

Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años

Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años

Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años

Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años

Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años

Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años

"
Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años

Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años

Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años

Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años en León

Así viven Luna y Ponderoso desde hace 33 años
