Todo el campo de León cabe en 40 metros

Una parte de la reconstrucción en escala de todas las actividades del campo leonés que se expone en Agrayra, en Valcabado del Páramo.
No queda ni un hueco. Desde el huerto al que las familias fiaban su supervivencia, una economía de autoabastecimiento en la que tenían que trabajar todos si querían comer, hasta una sembradora de 24 botas que permite abrir surcos, depositar semillas y cerrarlos de golpe, 24 hileras de semillas a la vez, cubriendo una gran superficie con precisión. Del arado romano a los tractores inteligentes. De la noria a los sistemas de regadío controlados por teléfono móvil. O de las fumigadoras manuales a los drones. No hay nada que no haya pasado en el campo que no esté allí.
En 40 metros cabe todo. La historia del campo leonés comprimida, narrada en escenas que muestran la evolución de la agricultura y ganadería de la provincia. Desde la autarquía a la mecanización de la tierra.
El milagro de esta peculiar muestra navideña de una manera de vida y su transformación es obra de una pionera, María Isabel Guerra Rebollo, quizá la primera mujer que vendió maquinaria agrícola en la provincia. Cuando ya casi nadie se quedaba, ella optó por hacerlo. Vivir en el campo. Vivir del campo. Y mantener viva la herencia familiar que empezó su abuelo, siguió su padre y luego ella. De manera diferente, como pasa también en el campo.
Dos Santiagos marcaron su vida. Su abuelo, Santiago Guerra, y su padre, también Santiago Guerra. Muestra con orgullo nada disimulado la foto del patriarca, herrero en el Páramo, con su hijo bien atento a la operación de colocar herraduras a un potro, futuro «tractor» de una pequeña explotación en la zona. A ese Santiago, el otro le propuso cambiar el potro de herrar por la fabricación de maquinaria, cambiar la herrería por un taller mecánico. Abrir un nuevo ciclo, evolucionar. A él pareció una locura, pero su hijo lo hizo. Y así fue como Isabel Guerra Rebollo, tercera generación, se crió entre motores y tuercas. Con sus tres hermanos, de igual a igual. «En verano, estábamos en el taller. Para mí, era pasión», cuenta. Con el mono de trabajo y la gorra sujetando la coleta. «Le decían a mi padre si había contratado a 'un melenas'», recuerda divertida.
Puede que al abuelo no le gustaran las ideas innovadoras de su hijo, pero esa visión de los nuevos tiempos que se abrían paso en la época de Franco le valió, junto con su socio, un premio en un concurso internacional de innovación organizado por el régimen en Valladolid. El 'invento': una sembradora en línea, «a chorrillo». 40.000 pesetas de la época se llevaron.
«Siempre nos contaba que allí estaban los alemanes, vestidos como pinceles y que ellos habían ido con el mono», recuerda Isabel Guerra.
Estudió empresariales y al acabar, levantó una nave, se montó en una furgoneta y comenzó a repartir maquinaria agrícola. «Se la llevaba hasta el campo mismo, hasta la puerta de la explotación», cuenta. Así fue cómo creó la empresa Agrayra en Valcabado del Páramo.
Podría parecer que apenas le queda tiempo para nada, pero lo ha tenido para su otra pasión: las maquetas. En 2012, en la Feria de Santa María del Páramo, hizo hueco en su expositor para montar una pequeña escena campesina, con su vaca y su tractor. A escala. Fue un éxito, recuerda. Y ahí comenzó esta otra historia que le ha llevado a montar un escenario de 40 metros en el que no queda nada fuera.
Lo ha hecho con otros siete agricultores convertidos, como ella, en maquetistas de su propia forma de vida: Alejandro Guerra Rebollo, su hermano, que trabaja en Valdefuentes del Páramo, Ángel G. Martínez Navacerrada, alcarreño, Ángel Vega Martínez, de Santa Marina del Rey, Isidro Rollán López, Javier Blanco Fernández, de Regueras de Arriba, Javier Díez Castro, de Santa Marina del Rey, y José Ángel Requena Castillo, de Azuqueca de Henares.
Los ocho han hecho posible contemplar de un vistazo la vida rural en una sucesión de escenas como si se pasara de una finca a otra, como si todo sucediera en un sólo pueblo.
Ahí, en 40 metros, está todo. Los modelos de tractores con los que se ha trabajado en el campo leonés —incluida una mini exposición dentro de esta muestra con todos los modelos de tractores de la marca Ebro que se han fabricado en la historia-, las modernas granjas de vacas, los silos, las majadas de ovejas, el taller mecánico para reparar toda la maquinaria, drones sulfatadores, sembradoras sencillas y de 24 botas capaces de sembrar a la vez en 24 surcos, máquinas trilladoras y cosechadoras de maíz, trigo y otros cereales, maquinaria para sembrar, pelar, cargar y transportar la remolacha hasta la recientemente desaparecida azucarera de La Bañeza, moledoras de piedras que una vez trituradas sirven de aporte mineral a las tierras, sistemas de riego utilizados en todas las épocas, métodos de abonar y sulfatar incluidos los drones, lavaderos de tractores y máquinas, jabalíes, conejos, liebres, aves, ciervos, perros y gatos y hasta un coche de la Guardia Civil porque entre una plantación de maíz ha aparecido otra de marihuana… Nada se escapa a la mirada de quienes viven en el campo.

Isabel Guerra Rebollo con la Mini Expo que organiza en Agrayra, en Valcabado del Páramo.
La mini expo, que abre en horario comercial hasta el 8 de enero en la sede de Agrayra, en Valcacabado del Páramo, es un recorrido histórico a través de las tecnologías que permite contemplar la evolución en el campo de un vistazo. Aunque se puede uno también detener para contemplar con qué detalle están hechas las maquetas, en las que todo es real, incluso el barro en los tractores o los surcos abiertos en la tierra, muchas horas de trabajo manual y con impresoras 3D para que no haya ni un sólo fallo.
Y aunque la Expo Mini de Valcabado del Páramo no es un belén, tiene su propio ángel. Un homenaje a Abel Ramos, agricultor, alma del Motoclub Bañezano, que perdió la vida este verano intentando salvar a su pueblo del fuego envuelto por las llamas en Quintana y Congosto.
Porque el campo no olvida a quienes lo dieron todo por él. Por su tierra. Por la tierra.
Afuera, en los pueblos de alrededor, la maqueta se convierte en realidad. Ahí, en Roperuelos, en Moscas, en Zotes, en Zambrocinos, en Santa Cristina y San Pedro de las Dueñas, en Laguna Dalga y Zuares del Páramo, pueblo tras pueblo, están a tamaño natural las granjas de vacas, los sistemas de riego, los drones posados en el suelo, la maquinaria, los tractores, la bicicleta, los perros ladrando... La vida real del campo leonés que, en maqueta, cabe en 40 metros.

El campo leonés en 40 metros

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