En aguas turbulentas
Una provincia referente en salvamento y seguridad acuática convive con instalaciones municipales donde los riesgos laborales, el deterioro estructural y la inacción administrativa dibujan un problema cronificado

Imagen de una de las piscinas municipales
Hay una idea que atraviesa toda política pública eficaz: la coherencia entre lo que se sabe y lo que se hace. León, en materia de seguridad y prevención acuática, ha construido durante décadas un sólido cuerpo de conocimiento, formación y prestigio técnico. Sin embargo, ese capital acumulado convive hoy con una realidad incómoda: la incapacidad de trasladar ese mismo estándar a la gestión cotidiana de sus piscinas municipales.
El resultado no es simplemente una disfunción. Es una contradicción estructural que revela fallos en la gobernanza, en la cultura preventiva y en los mecanismos de control institucional. Pocas provincias pueden reivindicar una trayectoria tan consolidada en el ámbito del salvamento como León. La figura de José Manuel Díez Herrero sintetiza ese recorrido: formación, innovación, divulgación y activismo.
León, referente en Salvamento
León, cantera de salvadores.
Nuestra provincia no solo exporta talento, sino que lo cultiva desde la base. En 2005, José Manuel fundó la Escuela Leonesa de Salvamento y Socorrismo, que hoy educa a más de 1.000 niños y niñas. A esto se suma el éxito de clubes como León SOS, Ponferrada SOS y La Bañeza SOS, cuyos deportistas llevan el nombre de León a los podios de España y Europa, demostrando que el salvamento es el único deporte que nace para salvar vidas e inculcar valores de prevención y seguridad.
Innovación y ciencia leonesa.
En cuanto innovación, José Manuel, ha sido uno de los propulsores de la campaña de prevención en el medio acuático tanto en piscinas como en playas con la creación de carteles informativos a nivel nacional e internacional, traducido a más de 12 idiomas, «STOP AHOGADOS» y que fue reconocida su labor junto a los demás participantes por el presidente del Comité Olímpico Español.
En cuanto su labor científica. Es coautor de “Técnicas de Rescate y Lesión Medular en el Medio Acuático”, una obra que presenta una técnica novedosa, «Técnica de Tracción», avalada por la Unidad de Raquis del Hospital de León y el Dr. Jesús Betegón, especialista en este campo. Esta colaboración entre socorrismo y medicina especializada sitúa a la sanidad leonesa como un faro de conocimiento en el control e inmovilización de accidentes acuáticos con Lesión Medular, a nivel nacional.
Una voz contra la precariedad
«No somos superhéroes» ya que trabajamos durante más de 7 horas consecutivas, sin descansos, a más de 30°C, alta humedad, más de 70%, no se nos deja comer durante nuestra jornada laboral, se nos llama la atención cuando nos refrigerados en el agua, se nos dice como y donde tenemos que vigilar por empresarios o responsables, que no tienen ni idea ni están preparados a determinar estos aspectos, ya que esto es una competencia exclusiva de los Técnicos en Salvamento y Socorrismo. Es como si el Concejal de Seguridad le dice a un policía como tiene que hacer su trabajo y donde tiene que ponerse.
Se nos trata con menosprecio por parte de los empresarios y administraciones, muchas veces con indiferencia por parte de los usuarios. La realidad es que somos profesionales que necesitan medios, respeto y leyes que se cumplan, evitar el todo vale y los comentarios «total para lo que hacen». Si no se protege nuestra seguridad y autoridad, no podemos garantizar la de los usuarios», afirma con rotundidad.
Por ello, José Manuel ha iniciado una cruzada por la seguridad y dignidad laboral, por ello decidió formarse y prepararse en uno de los mejores centros nacionales en cuanto seguridad laboral, el CIFP Tecnológico Industrial de León, donde le abrieron los ojos y denuncia una realidad preocupante: la falta de cultura preventiva en las empresas y administraciones, y la escasa presencia de Técnicos Superiores en Prevención de Riesgos Laborales.
Más vale un pequeño movimiento que ninguno.
En su lucha ha movilizado al colectivo de socorristas en Castilla y León, en el 2022, con 250 firmas solicitando un cambio de la Normativa de piscinas de Castilla y León y más seguridad en las zonas de baño de playas fluviales. También a movilizado a la sociedad leonesa en el 2023, recogiendo más de 3.000 firmas para mejorar las condiciones de las piscinas climatizadas de León, un movimiento que ha llegado al Procurador del Común y al Centro Regional de Seguridad y Salud de Castilla y León. Este centro, también ubicado en León, ha emitido informes pioneros que proponen mejoras preventivas en el medio acuático que servirán de modelo y un camino a seguir para toda España, otro referente más a nivel nacional. Hay que visualizar y dar a conocer más esta problemática, por eso ha puesto en marcha en el 2025 un movimiento nacional desde León, a través de la campaña en Change.org «Abre los ojos y firma por una mejor seguridad», busca elevar sus propuestas al Ministerio de Trabajo, Sanidad y la Casa Real. En este movimiento está siendo respaldado por plataformas de socorristas, federaciones, asociaciones, monitores del medio acuático, técnicos del medio acuático, deportistas medio acuático y usuarios.
Más responsabilidades, medidas y decisiones
Aproximadamente 236.000 personas mueren ahogadas cada año en el mundo, lo que representa una importante causa de muerte accidental, especialmente en niños y jóvenes. El 90% de estas muertes ocurren en países de bajos y medianos ingresos. En España, la cifra media supera las 350-400 muertes anuales en espacios acuáticos. La mayoría son hombres mayores de 55 años. Principalmente playas (casi el 50%), seguidas de ríos y piscinas. Falta de vigilancia (más del 80% de casos) e imprudencias.
No se trata solo de un perfil individual. Su trabajo conecta con una red institucional y profesional amplia: Formación homologada y especializada, producción científica aplicada al rescate acuático, campañas de prevención con alcance internacional y estructuras educativas que forman a nuevas generaciones. Desde un punto de vista sistémico, León dispone de lo que en política pública se denomina capacidad instalada: conocimiento técnico, recursos humanos cualificados y experiencia acumulada. La pregunta, por tanto, no es si León sabe cómo garantizar la seguridad en el medio acuático.
La pregunta es por qué ese conocimiento no se traduce en la gestión de sus propias instalaciones públicas.
El análisis de las piscinas municipales revela una constante: la distancia entre el marco normativo y su aplicación efectiva. Desde el punto de vista legal, existe la obligación de evaluar con periodicidad los riesgos laborales, un control de calidad del aire y del agua con el mantenimiento de condiciones térmicas y de humedad dentro de rangos establecidos que garantice la seguridad para trabajadores y usuarios
Sin embargo, los datos disponibles apuntan a una aplicación fragmentaria e incompleta. Díez Herrero denuncia evaluaciones de riesgos sin actualizar desde hace más de una década, intervenciones reactivas, no preventivas e incumplimientos reiterados detectados por inspecciones. Todo ello revela que, si bien la norma existe, no opera como mecanismo efectivo de regulación. Todo ello sugiere la inexistencia de supervisión, falta de recursos o priorización delos mismos y una cultura organizativa débil en prevención. Sin embargo, en este caso los indicios apuntan a un fenómeno más complejo: una normalización del incumplimiento parcial.
Uno de los elementos más reveladores para hacer esta afirmación no es qué ocurre, sino desde cuándo ocurre, porque cuuando un problema persiste durante más de diez años, deja de ser una incidencia para convertirse en argamasa estructural. Las piscinas municipales de León presentan precisamente esa característica. Y es que según José Manuel Díez Herrero, hay problemas documentados desde al menos 2014 así como una reeiteración de las mismas deficiencias en inspecciones posteriores y una ausencia de reformas integrales
En León, el ciclo parece interrumpirse en la fase de intervención estructural. Se detecta el problema, se reconoce parcialmente, se actúa de forma puntual… pero no se corrige de manera definitiva.
El núcleo técnico del problema reside en las condiciones ambientales de las piscinas cubiertas. Estos espacios funcionan como sistemas cerrados donde pequeñas desviaciones pueden generar efectos acumulativos significativos. En las psicinas climatizadas la evaporación del agua incrementa la humedad y la desinfección química genera subproductos volátiles. Por ello, si la ventilación es insuficiente, el aire no se renueva y provoca, por lo tanto, la degradación del ambiente a lo largo de la jornada. Aquí es donde el análisis técnico converge con el testimonio humano. Los trabajadores describen exactamente ese proceso: «El problema no es cómo empiezas el día, sino cómo acaba el aire que respiras», destacan. Y el problema, añaden, es que este tipo de entorno no produce fallos inmediatos, sino exposición crónica. «Este matiz es crucial porque desplaza el problema desde el accidente hacia la salud a medio y largo plazo».
En ausencia de datos actualizados, el cuerpo de los trabajadores se convierte en una fuente de información. Los casos descritos —asma, irritaciones, fatiga térmica— no constituyen pruebas aisladas, pero sí configuran un patrón y en epidemiología laboral, este tipo de patrones suele interpretarse como indicador de entorno de riesgo. A las condiciones ambientales se suma un segundo nivel de análisis: la organización del trabajo.
Los testimonios apuntan a una situación en la que no se respetan plenamente los descansos. «Además, hay limitaciones de necesidades básicas como la hidratación y la refrigeración y se producen injerencias en funciones técnicas», advierte Díez Herrero, que subraya que todo lo anterior afecta al trabajador pero, también, al sistema de seguridad en su conjunto. «En términos funcionales, implica que el sistema depende de profesionales que trabajan en condiciones subóptimas», añade. Uno de los aportes más relevantes del discurso de José Manuel Díez es su diagnóstico cultural. El trabajador defiende que todo ello no es más que el síntoma de la debilidad en la cultura de la prevención. «Desde esta perspectiva, el problema no es únicamente que fallen las piscinas sino el sistema que debería evitar que fallen», subraya.
La respuesta de los trabajadores y del sector ha sido progresiva pero sostenida a través de la recogida de firmas, denuncias formales o la intervención del Procurador del Común.