Diario de León

Gonzalo Santonja: la cultura como política de Estado

Hay una forma de gobernar la cultura que rehúye el estruendo y aspira a transformar silenciosamente el territorio. No es una política de titulares, ni siquiera de gestos simbólicos; es una política de acumulación, de intervención constante, de restauración minuciosa y de siembra lenta. En los últimos cinco años, la labor de la Consejería de Cultura ha respondido, en buena medida, a ese modelo. Y en el centro de esa estrategia se encuentra Gonzalo Santonja, cuya gestión ha convertido el patrimonio en eje vertebrador de una política cultural que ha sido conservadora en lo esencial y ambiciosa en sus efectos

Gonzalo Santonja, en la imagen en uno de los originales accesos de la muestra, inauguró el pasado 7 de noviembre la exposición de Yoko Ono en el Musac. RAMIRO

Gonzalo Santonja, en la imagen en uno de los originales accesos de la muestra, inauguró el pasado 7 de noviembre la exposición de Yoko Ono en el Musac. RAMIRORAMIRO

Cristina Fanjul
León

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Desde el inicio de la legislatura, la Consejería ha insistido en una idea que, siendo aparentemente obvia, no siempre ha sido operativa en las políticas públicas: el patrimonio cultural no es solo un legado que preservar, sino un recurso que activar. La inversión global en patrimonio entre 2022 y 2025 supera los noventa y seis millones de euros, distribuidos entre actuaciones directas, gestión a través de entidades y proyectos de investigación. Esta cifra, que podría parecer meramente administrativa, adquiere otra dimensión cuando se observa su despliegue territorial. León ha sido uno de los escenarios principales de esa estrategia. No solo por la densidad de su patrimonio —religioso, industrial, arqueológico—, sino porque reúne condiciones especialmente propicias para experimentar un modelo de desarrollo basado en la cultura. Municipios pequeños, patrimonio disperso, necesidad de empleo no deslocalizable: el diagnóstico estaba hecho desde hace décadas. Lo novedoso ha sido la intensidad con la que se ha actuado. La cifra inicial impresiona pero lo relevante no es solo la magnitud, sino su orientación. La política desarrollada ha buscado superar la lógica fragmentaria de intervenciones aisladas para construir un sistema que se apoya en una idea central: el patrimonio no es un residuo del pasado, sino un recurso activo capaz de generar empleo, dinamizar territorios y articular identidades. En una provincia como León, marcada por la despoblación y la reconversión industrial, esta premisa adquiere un carácter casi programático.

La política desarrollada ve el patrimonio como recurso activo capaz de generar empleo, dinamizar territorios y articular identidades 

Y es que hay territorios que se explican mejor a través de sus silencios que de sus discursos. León es uno de ellos. En su geografía —atravesada por la memoria del Reino medieval, la huella romana, la densidad monástica y el eco reciente de la minería— se superponen capas de historia que no siempre han encontrado un relato contemporáneo capaz de activarlas. Durante décadas, ese patrimonio ha sido contemplado con una mezcla de orgullo y resignación: orgullo por su riqueza; resignación por su aparente incapacidad para traducirse en desarrollo. En los últimos cinco años, la política cultural impulsada desde la Consejería de Cultura bajo la dirección de Gonzalo Santonja, ha intentado alterar esa ecuación. No ya mediante gestos espectaculares, que también, sino a través de una estrategia sostenida que ha situado el patrimonio en el centro de una idea más amplia: la cultura como infraestructura económica, social y simbólica.

Cifras

96.000.000. Entre 2022 y 2025 la Consejería ha realizado actuaciones en el patrimonio cultural por un importe de más de 96 millones de euros.
13.000.000. Trece millones de euros en ochenta y tres actuaciones en 78 templos del patrimonio de la Iglesia.
21.250.000. Para proyectos relacionados con las cuencas mineras, como la protección y consolidación de restos de los hornos altos de la Ferrería de San Blas de Sabero.
4.200.000. Apoyo a las entidades gestoras se sustenta en distintas líneas de subvenciones.
​11.000.000. La inversión en la Catedral es una de las mayores. Solo en las réplicas del pórtico occidental se invertirán 920.0000 euros.
​800.00. La industria cultural, por su parte, ha recibido cerca de 800.000 euros en subvenciones para proyectos editoriales, audiovisuales y escénicos.
​5.000.000. Más de cinco millones de euros destinados a proyectos culturales en municipios de menos de 20.000 habitantes constituyen una de las apuestas más claras de la legislatura. Festivales, proyectos educativos, iniciativas escénicas…

Uno de los ejemplos es un ecosistema de entidades gestoras del patrimonio vinculadas a los territorios donde se ubican los bienes. La Junta promueve el apoyo a entidades locales y a personas físicas, comunidades de propietarios u otras comunidades de bienes y personas jurídicas sin fines de lucro para el fomento de actuaciones de conservación y restauración de bienes inmuebles integrantes del patrimonio cultural situados en municipios con población inferior a 20.000 habitantes. En la provincia de León son 17 los beneficiarios por un importe de 334.528 euros. Estas subvenciones pretenden impulsar la participación social y apoyar a los propietarios y gestores de los bienes inmuebles del patrimonio contribuyendo a facilitar el cumplimiento del deber de conservación, y a la integridad de dicho patrimonio cultural mediante una adecuada política de mantenimiento del mismo, así como de inculcar en la sociedad un aprecio creciente por la conservación del patrimonio cultural.

Florentino Alonso y Gonzalo Santonja en la presentación de la réplica de la estatua del Anciano Simeón en el Museo de la Semana Santa.

Florentino Alonso y Gonzalo Santonja en la presentación de la réplica de la estatua del Anciano Simeón en el Museo de la Semana Santa.ramiro

Cerrar la herida del pórtico equivale a restaurar la continuidad visual de la catedral, a devolverle una parte de su relato

A destacar, la concertación institucional. Para Gonzalo Santonja, los ayuntamientos y otras entidades han sido claves en la gestión de los bienes que se ubican en su ámbito territorial.

La inversión en patrimonio religioso —más de trece millones de euros en colaboración con las diócesis— constituye uno de los pilares de esta estrategia. No se trata únicamente de conservar templos, sino de reactivar espacios que siguen siendo nodos de vida comunitaria.

La restauración de iglesias rurales, retablos, cubiertas o campanarios no es, en este contexto, una operación arqueológica sino una intervención en el presente. Y si hay un lugar donde esa intervención adquiere una dimensión casi simbólica es en la Basílica de San Isidoro. Panteón de reyes, epicentro del románico hispano y archivo de la memoria leonesa, San Isidoro condensa una complejidad difícil de traducir a los códigos contemporáneos. Podría decirse que es el sancta santorum del oeste español. De hecho, el propio Santonja lo expresaba con motivo de la presentación de toda la recreación isidoriana recordando las palabras de Manuel Azaña sobre el Museo del Prado — es más importante para España que la monarquía y la república juntas—. «Esa frase se puede aplicar perfectamente a San Isidoro», destacó. Las actuaciones recientes —centradas en elementos estructurales como pináculos y cresterías— responden a una lógica de conservación preventiva. En esa tarea se ha logrado anticiparse al daño y conlleva por ello un cambio profundo en la concepción del patrimonio.

San Isidoro planteaba, además, un desafío específico: su condición de espacio vivo. No es solo un museo puesto que en él conviven liturgia, turismo e investigación. Por eso, cada intervención debe respetar ese equilibrio inestable. Y más allá de la técnica, la cuestión de fondo era cómo hacer legible un monumento cuya carga simbólica pertenece a otra época. La respuesta no puede limitarse a la restauración física. Requiere mediación cultural, interpretación, relato. Y eso es precisamente lo que se ha conseguido. En ese sentido, San Isidoro sigue siendo un problema abierto. Y quizá ahí radique su valor.

Si San Isidoro representa la densidad histórica, la Catedral de León encarna la aspiración estética. Su arquitectura gótica, casi inmaterial, depende de un equilibrio delicado entre piedra y luz. Intervenir en ella es intervenir en un sistema extremadamente sensible. La inversión —más de once millones de euros— sitúa a la catedral en el centro de la política patrimonial. Las actuaciones sobre vidrieras, triforios y estructuras no son meras operaciones de mantenimiento: afectan a la esencia misma del edificio.

Pero hay un elemento que introduce una dimensión narrativa particularmente poderosa: la restauración del pórtico occidental. Durante más de quince años, la fachada principal ha permanecido incompleta, tras la retirada de sus esculturas en 2009 debido a su deterioro. Una ausencia visible, una herida abierta.

El proyecto actual pretende cerrarla. No mediante una simple reposición, sino a través de una solución compleja: conservar las esculturas originales en un entorno protegido y sustituirlas en la fachada por réplicas realizadas con técnicas contemporáneas. La decisión supone asumir una tensión clásica en la restauración: preservar la materia o preservar la imagen. En León se ha optado por una vía intermedia, que intenta salvaguardar ambos valores. El proceso será largo —al menos cuatro años— y técnicamente exigente. Cada escultura será reproducida mediante una combinación de modelado digital y trabajo artesanal, utilizando materiales más resistentes que los originales. Pero gracias a ello, la Catedral podrá cerrar su «herida abierta». La realización de cada réplica tendrá un coste de entre 30.000 y 40.000 euros, con lo que la inversión final ascenderá a 920.000 euros. Más allá de la técnica, el gesto tiene un valor simbólico evidente. Cerrar la herida del pórtico equivale a restaurar la continuidad visual de la catedral, a devolverle una parte de su relato que lleva más de veinte años de degradación.

Las Médulas

El consejero de Cultura, Turismo y Deporte, Gonzalo Santonja tras presentar el informe sobre el estado de conservación de la zona arqueológica de Las Médulas en Carucedo

El consejero de Cultura, Turismo y Deporte, Gonzalo Santonja tras presentar el informe sobre el estado de conservación de la zona arqueológica de Las Médulas en CarucedoANA F. BARREDO

Pero si en algún lugar la mano de Gonzalo Santonja se ha dejado notar ha sido en Las Médulas. Tras la tragedia de los incendios del pasado verano, la Consejería encargó un informe al CSIC que concluyó que la erosión del terreno marcará la gestión del Espacio Cultural en adelante y a largo plazo. «Ha habido daños y esos daños son reversibles, pero no podemos decir que todo está bien. Hay que seguir y el informe plantea tareas y retos a medio plazo y retos a largo plazo. Las Médulas son una tarea pendiente y los problemas hay que afrontarlos», aseguró Santonja, que explicó que el fuego ha dejado al descubierto muchos vestigios (frentes mineros, canales y estructuras arqueológicas) al tiempo que subrayaba la necesidad de chequearlo de forma constante. «Hay una erosión del terreno que es preocupante y no es un reto que se vaya a solucionar de este año para el que viene, va a requerir una atención permanente», añadió. Lo más inmediato, la estabilización de suelos mediante acolchado y barreras de sedimentación, la protección temporal de elementos arqueológicos, el control de los accesos inestables y un seguimiento hidroquímico intensivo. Además, a medio plazo, la Junta contempla acciones de conservación dirigidas a elementos arqueológicos que precisan intervención, así como tratamientos fitosanitarios, podas y reforestación selectiva para la recuperación de castaños, la rehabilitación de infraestructuras turísticas y de la señalética y la consolidación de un sistema de vigilancia ambiental y patrimonial.

Patrimonio de la Humanidad y paisaje cultural de origen romano, este enclave ha sido objeto de inversiones significativas por parte de la Junta: restauración del mirador de Orellán, construcción de un aula arqueológica y desarrollo de proyectos expositivos. Su liderazgo ha logrado lo que parecía imposible: una gestión unificada a través del diálogo, sin ningún tipo de empujones ni coacciones. El consejero lo dejaba claro en una reunión a principios de abril: «La Unesco nos lo va a exigir». El propio alcalde de Borrenes, Eduardo Prada, se ha abierto a dar pasos en común.

Pero el verdadero giro se encuentra en la atención al patrimonio industrial. Las cuencas mineras de León, afectadas por el cierre de explotaciones, han sido incorporadas a una política específica financiada con fondos de transición justa. Y es que han sido más de 24 millones de euros los que se han destinado a la digitalización, recuperación y puesta en valor del patrimonio minero. La Ferrería de San Blas en Sabero se convierte así en símbolo de una nueva narrativa: la del pasado industrial como recurso cultural.

Las Médulas ha sido objeto de inversiones significativas por parte de la Junta: restauración del mirador de Orellán, construcción de un aula arqueológica y desarrollo de proyectos expositivos.

No es una operación exenta de riesgos. La musealización puede caer en la nostalgia o en la banalización. Pero también puede abrir nuevas vías de desarrollo si se articula con educación, turismo e investigación. Uno de los aspectos más innovadores de la legislatura ha sido la incorporación de tecnología avanzada a la gestión patrimonial. El proyecto Retech introduce herramientas como el modelado BIM, la monitorización mediante sensores o el uso de inteligencia artificial.

Estas tecnologías se aplican a catedrales, iglesias, murallas y yacimientos arqueológicos. La creación de «gemelos digitales» permite un conocimiento preciso del estado de los bienes y facilita una gestión preventiva. Este cambio no es menor. Supone pasar de una lógica reactiva —intervenir cuando aparece el problema— a una lógica predictiva —anticiparse al deterioro. La pregunta, sin embargo, sigue abierta: ¿hasta qué punto estas herramientas transformarán realmente la gestión? Su potencial es indudable, pero su eficacia dependerá de su integración en la práctica cotidiana. Más de cinco millones de euros destinados a proyectos culturales en municipios de menos de 20.000 habitantes constituyen una de las apuestas más claras de la legislatura. Festivales, proyectos educativos, iniciativas escénicas… La dispersión geográfica de estas actuaciones responde a una voluntad explícita: llevar la cultura allí donde tradicionalmente ha sido escasa. La consolidación de infraestructuras culturales ha sido otro de los ejes de actuación. El Musac, con más de nueve millones de euros de inversión, y el Museo de la Siderurgia y la Minería, con más de dos millones y medio, han mantenido una programación constante.

La política cultural desarrollada en León durante estos años se caracteriza por su coherencia. Patrimonio, tecnología, medio rural, programación cultural… todo converge en una misma dirección

Los festivales han funcionado como herramientas de dinamización. Programas como «Escenario Patrimonio» o «Danza en el Camino» integran artes escénicas, patrimonio y turismo.

A ello se suma el apoyo a eventos consolidados como el Purple Weekend o el Festival de Música Española de León, que han recibido más de medio millón de euros.

La industria cultural, por su parte, ha recibido cerca de 800.000 euros en subvenciones para proyectos editoriales, audiovisuales y escénicos.

No es una cifra espectacular, pero sí significativa en un contexto autonómico. El reto sigue siendo la consolidación de un tejido empresarial sostenible.

La integración de cultura y turismo es uno de los pilares de la estrategia. Los planes de sostenibilidad turística buscan convertir el patrimonio en motor económico.

En León, donde la presión turística es moderada, el desafío no es tanto la saturación como la atracción. Pero incluso en este contexto, el equilibrio es delicado: crecer sin perder autenticidad. La política cultural desarrollada en León durante estos años se caracteriza por su coherencia. Patrimonio, tecnología, medio rural, programación cultural… todo converge en una misma dirección. Pero también plantea interrogantes. ¿Es sostenible este modelo sin el apoyo de fondos europeos? ¿Puede la cultura generar empleo suficiente? ¿Hasta qué punto ha logrado transformar el territorio? Las respuestas no son inmediatas. La cultura opera en tiempos largos.

San Isidoro y la Catedral de León seguirán ahí cuando cambien los gobiernos y se agoten los presupuestos. La cuestión no es su permanencia, sino su sentido.

En los últimos cinco años, la política cultural ha intentado reactivar ese sentido. Convertir el patrimonio en algo más que un legado: en un instrumento. Si lo ha logrado plenamente es algo que solo el tiempo podrá confirmar. Pero hay un indicio que merece atención: la sensación de que, por primera vez en mucho tiempo, el patrimonio leonés no se contempla solo como pasado, sino como posibilidad. Y en esa posibilidad —frágil, discutible, pero real— se juega el futuro cultural de León.

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