LA CIUDAD DE DIOS PARA LOS ESCLAVOS
El sacerdote que compra familias
San Pedro es la primera ciudad creada por PAX, la oenegé que libera en Pakistán familias enteras de esclavos cristianos. El padre Federico comenzó esta arriesgada labor hace ahora dos años y ha logrado ya salvar a más de 200 personas condenados a nacer, vivir y morir como siervos

Imagen de una madre y sus hijos esclavos en la fábrica en la que trabajan
Peshgi es una de las palabras más temidas en Pakistán. Peshgi es el grillete con el que esclavizan los cuerpos de familias enteras durante generaciones en ciudades como Karachi, Lahore, Islamabad, Rawalpindi o Peshawar. Cientos de miles viven encadenados por una deuda irrisoria que heredan de abuelos a nietos en un bucle diabólico del que nunca se liberan. La mayoría de ellos son cristianos. Pobreza y Cristo es un sintagma que deriva siempre hacia el trabajo forzado y la marginalidad. No se les puede liberar porque, simplemente, no existen. Hay niños que nacen como esclavos mientras el gobierno mira hacia otro lado. Los hay que se alimentan de servidumbre desde la infancia y son deshauciados y enterrados como cautivos de estos modernos Barbarroja. Sus vidas se desenvuelven en fábricas de ladrillos que nunca abandonarán. Cientos de miles de niños sufren violaciones y palizas diarios. Nacen, viven y mueren como siervos, en colmenas humanas tenebrosas, tan alejadas de la civilización que ni siquiera la barbarie sirve para definirlo: pobreza extrema, analfabetismo, malnutrición infantil, violaciones sistemáticas, palizas continuas, matrimonios forzados de niñas que luego son prostituidas... Hay lugares en el mundo en los que parece que Dios está vedado. O estaba...

Imagen de una de las niñas prostituidas a la que cortaron la nariz
«Rashida es una cristiana a la que forzaron a casarse tras un secuestro. Como castigo por su bautismo, su marido la cortó la nariz y la vagina». La historia de esta mujer fue el Damasco del padre Federico Highton. Sacerdote de la Orden San Elías, Highton se puso en marcha tras leer la historia en la revista InfoCatólica. Poco después, entró en contacto con Joseph Johnson, un periodista que le alfabetizó en las historias imposibles de la comunidad de intocables de Pakistán, churas — sucios— , según la expresión con la que el Islam les colectiviza en la perversión. Todos ellos realizan trabajos degradantes, como el barrido o el trabajo en alcantarillas y son víctimas de las leyes de blasfemias, por las que pueden ser linchados por la turba. Edad Media en el siglo XXI. El sacerdote leyó un documento de Johnson en el que narraba con la minuciosidad de un entomólogo las historias de cien esclavas sexuales de Pakistán. «Algunas, no tenían más de diez y once años. Así que, contacté a Joseph Johnson por Internet, lo llamé y le ofrecí ayuda».

Imagen de la preparación de la ciudad para los liberados.
La fe del misionero es el motor de PAX, una oenegé creada en 2024 a la que cada vez se suman más fieles. Acrónimo de Pakistán Xtendom, Cristiandad Pakistaní, esta misión liberadora ha logrado salvar a más de 200 personas, familias enteras, para las que han creado lugares a salvo donde comenzar una nueva vida. Gracias a la ayuda que reciben de todo el mundo, la organización ha conseguido dar una solución temporal a los rescatados y crear pueblos católicos cristocéntricos, autosostenibles y seguros.
Uno de los primeros donantes de este obra fue el papa Francisco. Jorge Bergoglio conoció la labor del padre Federico durante una audiencia y colaboró con esta obra con alrededor de 40.000 euros. Con ellos se salvó a decenas de personas de las fábricas de ladrillos en las que se encadenan a estos muertos en vida.

El padre Federico con algunos de los liberados
¡Alzad de la basura al pobre!
Solemos dividir el trabajo misional en operaciones, éstas en raídes y éstos en expediciones. Una operación puede durar años y estar compuesta de muchos raídes (cada uno de los cuales lleva un número). Cada raíd puede tener varias expediciones. La Orden San Elías hoy en día lleva a cabo varias «operaciones especiales misioneras», una de las cuales es PAX, cuyo objetivo es la doble redención de la esclavitud de cristianos en Pakistan, decimos doble porque procura su redención espiritual (por medio de la predicación, los sacramentos y, cuando no son católicos, de su conversión a la Religión Católica) y su redención temporal (por medio de la extracción pacífica de los esclavos de las mazmorras donde son condenados a «vivir», en las cuales padecen la falta de todo en una atmósfera de amenazas mortales, frecuentes golpizas, una brutal explotación infantil y, a veces, torturas y violaciones inenarrables).
Esta última vez me tocó ir solo a Pakistán. La circunstancia de las fiestas (Navidad, Año Nuevo y Epifanía) dificulta la disponibilidad de los sacerdotes y los voluntarios. No es recomendable ir solo a Pakistán, pero no hubo otra opción. La Divina Providencia envió un equipo de cuatro nativos (un chofer musulmán amigo llamado Ibrahim y tres protestantes, Mamu, Imraam y Keneth, que estamos tratando de convertir) que me asistieron desde el primer día hasta el final y poco después de mi llegada, un párroco pakistaní (el padre N.) colaboró con gran generosidad, poniéndose él mismo al servicio de la misión y armando un equipo de apoyo compuesto por cuatro parroquianos (el catequista, la catequista y su fiancee y otro más que de pronto no vino más), que llamamos «Parish Rescue Team», esto es, equipo parroquial de rescate. Todo contó con el feliz y entusiasta placet del Obispo del lugar, que nos dió importantes consejos, invaluable ayuda y una poderosa bendición.
Fue una misión breve ya que como somos pocos debemos multiplicarnos entre numerosas operaciones. El dictum divino del «operari pauci» («la mies es mucha y los operarios son pocos») se nos viene permanentemente al alma y nos movió a fundar el Xaverianum, que es la casa de formación de futuros sacerdotes de la Orden San Elías, que poco a poco va creciendo y recibiendo más jóvenes valientes dispuestos a dejarlo todo por la salvación de las almas.
Como decía, fue una misión breve pero muy intensa. Los días resultaron muy cortos, pero, de todos modos, el tiempo fue suficiente para rescatar 27 esclavos, correspondientes a siete familias distribuidas en tres brick kilns (fábricas de ladrillos), de las cuales bautizamos seis esclavos (los demás ya lo estaban). Además, en medio del fragor, la Providencia nos puso en contacto con dos familias cristianas miserables, que si bien no estaban esclavizadas, estaban en una situación de gran sufrimiento: la familia de Arfan y la familia de Sonia, que es un caso extremo, que merece una crónica aparte.
A Sonia la encontramos con sus dos hijos viviendo en una casa increíblemente hedionda, abandonada y destrozada, en la que las moscas se hacían un manjar. Era, podríamos decir, «la casa de las moscas». Toda su ropa (de vestir y «de cama») debería ser quemada y sustituida por nuevas prendas ya que todo parecía infectado. La sacamos de la tapera y la reubicamos provisoriamente en una casa nueva, sin usar, de unos generosos parroquianos. Sonia aun no estaba bautizada. Tampoco sus hijos, uno de los cuales es un bebé. Por eso, ayer, antes de la Misa dominical, los bautizamos a los tres junto a los 6 esclavos liberados. En total, regeneramos en las fuentes bautismales nueve almas. Esto llenó de alegría las nuestras.
¿Por qué tantos números? La verdad es que no es fácil tanta contabilidad (menos aun en medio de las correrías misionales), y a veces nos equivocamos al contar los esclavos o los bautismos, pero lo debemos hacer ya que la Autoridad Eclesiástica nos pidió que por cada esclavo que rescatemos, lo reportemos al Obispo, quien lo reportará a un nivel más alto, desde donde se informará al Santo Padre. Lo dicho nos mueve a llamarlos graciosamente, «esclavos pontificios». ¿Y por qué los reportes sobre miserables esclavos deben llegar al Vicario de Cristo, que es la persona más ocupada del orbe? Porque, como reza el Salmista, Dios, por medio de su Iglesia, «alza de la basura al pobre» ya que los pobres son los preferidos de Dios (como se aprende a cada paso al leer Su Palabra) y por tanto la Iglesia les dedica un amor especial, y este amor no es fruto de ningun tercermundismo, de ninguna ideología globalista y de ningún pobrismo absurdo, sino del misterioso y eternal Plan de un Dios que se hizo hombre y que, como dice San Bernardo, eligió nacer pobre, vivir pobre y morir aun más pobre, esto es, de un Dios que tanto ama a los pobres que nos reveló que cada vez que ayudamos a uno de ellos lo estamos sirviendo a Él («a Mí me lo hicisteis», como reza la Escritura).
«El problema es que en Pakistán la patronal de fabricantes de ladrillos es muy poderosa. Son los brick kings, dueños de fábricas de trabajo esclavo con muchos miembros y relaciones con congresistas y abogados. Incluso tienen una página web en la que aseguran que su empeño es favorecer los derechos laborales y luchar contra la esclavitud. Todo es una hipocresía», destaca el sacerdote. Una simple deuda por detergente o una denuncia por blasfemia contra el Islam sirve como título de propiedad para la familia entera.
Las investigaciones han sacado a la luz que, en muchas ocasiones, los dueños de los hornos pactan con traficantes de órganos. Se acercan a los esclavos y les ofrecen el dinero que necesitan para lograr liberarse a cambio de un riñón. Tras despojarle de parte de su cuerpo, el tratante entrega el precio convenido al esclavista y el mutilado regresa al campo de trabajo. Morirá antes y la deuda de sus hijos aumentará. Las imágenes de los niños de cinco y seis años arrumbados sobre el polvo de adobe y fuego son la estampa contemporánea de Oliver Twist. Las ciudades pakistaníes flotan sobre una calima roja que dificulta la respiración. Es el resultado de los miles de chimeneas que pululan como minaretes alrededor de Lahore, tubos de escape pestilente que acortan aún más las vidas de los que viven agachados, cubiertos de barro y polvo, para fabricar millones de ladrillos en una espiral de miseria y muerte que otros convierten en riqueza. Contra esta lacra, el padre Federico y su grupo de irreductibles solo cuentan con la oración y la limosna. «Descubrimos la realidad de la gente, descubrimos que podíamos comprar familias y comenzamos a hacerlo».
Una red de informantes —a veces sostenidos por la buena voluntad y otras, por dinero— avisan los casos susceptibles de ser salvados. Así es como descubrieron estos lugares dominados por la maldad y la perversión. «Fueron momentos de mucho dolor porque sientes una gran impotencia —recuerda el sacerdote— pero un día recibimos el reporte de que había seis familias en una situación extrema, terrible. Fuimos y les rescatamos. Todas las mujeres habían sido esclavas sexuales. Todas contaban lo mismo. Eran violadas y torturadas en el mismo lugar en el que sus hijos, padres y maridos trabajaban. En ocasiones, drogaban a los maridos para violarlas esposas con más tranquilidad». PAX dispone de una red de contactos en Pakistán y de una red internacional de voluntarios que hacen posible localizar a los esclavos y articular un operativo capaz de liberarlos. Con la información conseguida, hablan con los nativos y comprueban que sean verdaderas. Si lo son, negocian con los guardias de los campos de trabajo y pagan la deuda. La labor es extremadamente peligrosa. El padre Federico destaca que se enfrentan a la muerte y al linchamiento, una pena común para todos aquellos a los que acusan de blasfemia. «Te dicen, por ejemplo, que hablaste en contra de Mahoma y eres acusado de blasfemo. El tipo se lo inventa y miente, literalmente, pero es suficiente para que te linchen», dice.

Imágenes de los niños liberados
Uno de los casos que más recuerda el padre Federico se produjo en un distrito muy peligroso —Jaranwala— donde opera un grupo terrorista próximo a Al Qaeda. «Se llama TLP (Tehreek-e-Labbaik Pakistan) y son conocidos por su vinculación con actos violentos y participar en campañas de implicación de las minorías en delitos de blasfemia. . Se dedican a acusar a los cristianos de blasfemia, ofensas al Islam, por lo que son esclavizados. Supimos que allí había esclavos cristianos y una noche acudimos a la fábrica a verles. Una de las mujeres estaba muy enferma, así que se nos ocurrió sacar a un primer grupo con esta disculpa. La noticia de que se moría comenzó a correr y todos los esclavos la acompañaron en la ambulancia. Tuvimos que refugiarles a todos en una casa, pero un vecino nos descubrió, con lo que tuvimos que desplazarnos de nuevo. Así hasta en tres ocasiones más. Hoy son totalmente libres», recuerda el padre Hihgton. En esta ocasión, la liberación no tuvo coste económico, pero por lo general los rescates se pagan a un precio exorbitado para el país: entre 500 y 1.500 dólares. «Con 1.500 logramos dar vida a una familia entera. El problema comienza en el post rescate». Y es que llevarles a lugares seguros no resulta sencillo. Ningún esclavo tiene dónde vivir, así que durante meses la oenegé les alquila una casa, les da fondos para que los niños puedan ir a la escuela, les paga la alimentación, compran ropa y juguetes para los niños.

Imágenes de las fábricas en las que viven los esclavos
La próxima gesta del padre Federico se producirá en las minas de carbón de Baluchistán, en la frontera con Afganistán. La peligrosa situación de estas explotaciones desemboca cada año en la muerte de alrededor de 200 personas. El colapso de los muros, el envenenamiento por gas metano, las explosiones subterráneas y los problemas de salud como la asfixia y la neumoconiosis son un peligro constante para los trabajadores, que cobran 6 dólares al día. Tras pagar su sustento diario, apenas les queda dinero para lograr saldar su deuda, con lo que se convierten en siervos de por vida. También hay niños huérfanos. Ellos tan solo reciben 3 dólares diarios. La oenegé viajará en julio a las minas para tratar de liberar a todos los que puedan. Necesitan al menos 20.000 euros para lograrlo.

QR con la información sobre PAX
Todos los que quieran colaborar con la obra del padre Federico, pueden hacerlo en las cuentas del QR o a través de la transferencia bancaria: Asociación San Elías España
IBAN: ES69 0081 0057 3900 0297 3104
Banco: Banco Sabadell
BIC/SWIFT: BSABESBB. País: España.
El pasado mes de junio nació el primer pueblo cristiano para esclavos libertos del mundo. PAX1 acoge ya a familias liberadas del trabajo forzado y a niñas rescatadas de la esclavitud sexual. En solo 10 meses se han logrado grandes avances en un lugar que ya dispone de agua potable, electricidad y tierra fértil. Ubicado en una superficie de casi cinco hectáreas, está estratégicamente ubicado lejos de zonas hostiles y tiene previsto acoger a 300 personas. Para ello, el proyecto ha planificado la construcción de entre 30 y 50 viviendas, una iglesia dedicada a San Pedro Apóstol, una escuela con opción de homeschooling y títulos americanos y una casa para religiosos que acompañen y apoyen a mujeres y niños. «Nuestra intención es fundar una cristiandad en el corazón del mundo musulmán: un oasis católico, con el objetivo de que cada familia viva con dignidad, trabaje, eduque a sus hijos y reciba los sacramentos».
El sacerdote destaca que ya han comenzado a preparar el terreno, con áreas agrícolas y ganaderas, la construcción de un muro, las primeras 10 viviendas y la iglesia. Esta etapa tendrá un costo estimado de 130.000 euros y durará entre 6 y 9 meses. Las cuentas están abiertas para la colaboración. Con solo diez euros se puede contribuir a la labor del padre Federico y lograr que, como él dice, no haya un esclavo más.