Diario de León

Desde 1.605 hasta hoy: los 361 terremotos que han sacudido León (y el que sigue siendo récord)

Desde 1605, año en el que el Instituto Geográfico Nacional (IGN) comienza a registrar datos sobre seísmos en la provincia, se han contabilizado un total de 361 veces que el suelo leonés se ha movido. 28 de ellos han sido de un grado igual o superior a 3 grados y la mayoría se han producido en el siglo XXI

Ismael García
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León

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La tierra se movió. Y la gente se preguntó qué había pasado a las 20.34 horas del jueves 15 de octubre, el día en que León se movía por vez 360. El pasado 15 de octubre, la comarca de El Bierzo vivió uno de esos momentos difíciles de olvidar: notar cómo la tierra, las calles, los edificios y, en general, gran parte de la provincia se movía. Unos minutos en los que la incertidumbre se hizo notar en los locales, las calles y las casas bercianas. Más de 35 llamadas al 112 se notificaron en apenas dos horas desde que ocurrió el seísmo a las 20.34 horas. Un terremoto de 4,2 grados del que todavía quedan secuelas cuyas réplicas se han sucedido hasta en 27 ocasiones distintas desde aquel día. Es el número 361 en una lista, que tiene registro desde 1605, momento en el que, por primera vez, existieron unos datos que fueron recogidos por parte del Instituto Geográfico Nacional (IGN).

«Noté cómo se movía todo el suelo», «Bajé directo a la calle. Pasé muchísimo miedo» son algunas de las declaraciones que los vecinos afectados por ello han querido contar. Y es que una vez sucedió el movimiento, los ciudadanos salen con muchas preguntas. ¿Qué ha pasado?, ¿qué ha sido eso?, ¿está todo el mundo bien, los edificios? Las cuestiones se suceden, la preocupación, también, y lo que se espera es que no haya daños humanos ni materiales en una primera instancia, pero ante un fenómeno natural como este, poco se puede hacer si ocurre con fuerza. En este caso, por suerte, el daño fue mucho menor de lo que podría haber sucedidono hubo daños.

Una crisis sísmica que ha alcanzado de pleno a la provincia de León y, atacando sobre todo, a la comarca de El Bierzo. El entorno de Benuza, ubicado en la Cabrera Baja leonesa, fue, en un principio, el lugar donde se desencadeno el seísmo. Cinco días después, el IGN ha cambiado y lo ha reubicado el epicentro en Castrillo de Cabrera. «Hay que fijarse porque ahora dice Castillo de Cabrera, el IGN lo ha cambiado, lo ha reposicionado, por así decirlo, porque antes lo habían localizado en el municipio de Benuza, pero ahora ha cambiado la posición, ubicándolo en el Castrillo de Cabrera», explica Javier Fernández Lozano, investigador de la Universidad de León y miembro del grupo de investigación Geoinca, del Campus de Ponferrada.

Este primer terremoto, de 4,2 grados, ha hecho que, en los días posteriores se fueran sucediendo réplicas, que son seísmos, normalmente más pequeños, que se pueden generar varias veces tras sufrir uno más fuerte. «Son pequeños seísmos, pequeños temblores que se producen y que están generados fundamentalmente como consecuencia de ese primer terremoto de 4,2 que se produjo, que fue fuerte para la zona», comenta el investigador que agrega que «se generó una redistribución de los esfuerzos en la zona que produjo la reactivación de otras fallas que habría por alrededor y que fueron las responsables de las réplicas». Todos ellos, eso sí, no pasan de 2 grados por lo que son imperceptibles no llegando a afectar a las edificaciones de la zona.

El número 360

Un total de 361 terremotos se han registrado en la base de datos histórica e instrumental del IGN desde 1605, año en el que se tiene costancia. Muchos de ellos, como es lógico, apenas han trascendido en la historia por su pequeña magnitud. También los ha habido de una magnitud considerable, ya que de todos estos seísmos que ha recogido el IGN, 28 han sido de mayor magnitud de 3 y la gran mayoría se han producido en el siglo XXI, aunque durante el siglo XX también hubo varios terremotos; uno de los más conocidos fue el de magnitud 3,6 con epicentro en Vega de la Espinareda. El anterior del que se recuerda mucho ocurrió en 2006, cuando el 10 de junio, en Molinaseca, se movió y preocupó a toda la población por la violencia en la que lo hizo, llegando a una magnitud de 4,1 y sintiéndose por toda la provincia.

En aquella ocasión, como se publicaba en Diario de León, la Catedral desprendió trozos de mortero de la techumbre del claustro. La gente temía por la estabilidad del hastial de la torre norte, que resultó muy «tocado» en los terremotos de Lisboa (1755) y Lugo (1997) —de cinco grados de intensidad-. Por suerte, en ese caso, y en este, la Pulchra Leonina salió ilesa. Por lo que ha podido comprobar este periódico, en este último terremoto, toda la provincia ha salido ilesa; no hay que temer afecciones ni materiales ni personales por lo que se conoce desde las diversas administraciones.

El del pasado 15 de octubre es el más alto a nivel gradual; el segundo fue el 10 de junio de 2006, cuando sucedió en Molinaseca y tuvo 4,1 grados

Los edificios, puntos de conflicto

En un terremoto, lo primero a lo que se teme es a la caída de edificios. Todo el mundo ha visto lo que ocurrió en Venezuela, uno de los últimos sismos de gran magnitud. Edificios derrumbados, personas atrapadas entre escombros, una auténtica catástrofe. Por suerte, hay que llamarlo así, el sucedido en El Bierzo, no ha sido de una magnitud del todo preocupante. Con un 4,2, los expertos explican que no debería afectar a las edificaciones porque, a pesar de que se notara, no tiene fuerza suficiente para causar grietas o derrumbar edificios.

«En principio no hay ninguna infraestructura afectada ni ninguna estructura dañada que se conozca hasta la fecha. No han solicitado ayuda, ni estudios, aunque es cierto que notar se notó mucho», explica el presidente de la delegación del Colegio Oficial de Arquitectos de León (Coal) de El Bierzo, Jesús Gorostiza. «El castillo, que es el más complejo quizás, no tuvo ni una fisurita», agrega celebrando, por supuesto, que no trascendiera a mayores.

Por su parte, Fernández Lozano comenta que «a las edificaciones, uno de 4,2 no le hace nada. Tiene que ser uno de magnitudes mucho mayores. Lo único que se produjo fue una vibración, un ruido, pero no se producen daños como tal». Además, argumenta que existe una norma sísmica que ya establece unos criterios de seguridad para las edificaciones, especialmente en aquellas regiones con mayor riesgo sísmico, como las situadas en el sur y sureste peninsular.

La decana del Coal, Eva Testa, también defiende que no ha trascendido a mayores este fenómeno natural. «Es cierto que nunca se pueden descartar que haya habido daños, aunque si no se ven, no suele haber ninguno que lamentar», explica, donde agrega, además, que «ellos tienen un protocolo de actuación en caso de que fuera necesario, donde se realiza un estudio, que tiene que pedir la administración con competencias y luego, además, tenemos a los grupos de voluntarios de emergencias, que ya se está creando en León y que estarán listos para trabajar y ayudar, eso sí, siempre a las órdenes de los cuerpos de seguridad».

Un seísmo de magnitud 4,2, en un principio, no afecta a edificaciones, según los expertos que se basan en el protocolo que existe para afrontar desastres naturales de este calibre

En este sentido, los tres expertos coinciden en que el asunto no ha trascendido a mayores y que, a pesar de que se sintiera, las edificaciones de la zona no se han visto afectadas o, por el momento, no hay ningún dato que diga lo contrario. De esta manera, mandan un mensaje de tranquilidad que se resume en que «León no es una zona con una gran actividad sísmica, por lo que no hay que preocuparse en este sentido». Pero la gente, con lo sucedido, se pregunta, ¿por qué si León no es una zona con una actividad sísmica con alta peligrosidad, ocurre este tipo de movimientos que, en algún momento, pueden crear grandes afecciones?

Por qué suceden estos seísmos

«Los esfuerzos desde los bordes de placas se transmiten hacia el interior de las mismas y generan sismicidad intraplaca. Alguna de las fallas que podrían haber generado ese primer terremoto, acumuló esfuerzos, tensión y en un momento dado la roca no pudo más, rompió y liberó la tensión en forma de ondas sísmicas generando el terremoto», explica Fernández Lozano. «Ese terremoto, a su vez, lo que hizo fue producir una influencia sobre el resto porque lo que produjo fue una redistribución de esfuerzos en la zona, lo que generó nuevos sismos», agrega.

La peligrosidad en la zona de León es media si se analiza de forma sismogénica, según el IGN. Por ello, desde administraciones, expertos e investigadores del asunto quieren mandar un mensaje de tranquilidad a la población para que no se piense que esto pueda ir a más porque, en un principio, los registros, datos que se manejan y viendo que la provincia tampoco es una zona donde la probabilidad sea alta, nada hace indicar que esto vaya más y pueda afectar o producir daños materiales y personales.

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