Diario de León

Michael Jackson, ¿el final de un mito?

La esperpéntica foto de Michael Jackson «fichado» por el departamento del sheriff de Santa Barbara promete perseguirnos durante mucho tiempo. Es el último episodio de la caída de un mito del pop.

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BARBARA CELIS D'AMICO | texto corresponsal en Nueva York
León

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L a imagen de una cara deformada por años de cirugía estética y tratamientos desconocidos que transformaron su original piel tostada en la de un pálido espectro con los ojos pintados y labios deformes, impresa sobre una ficha policial, es un buen reflejo del declive absoluto en el que ha caído un cantante antaño admirado y envidiado como pocos. «Ven y regístrate» le había pedido el miércoles públicamente Thomas Sneddon, el fiscal del distrito de Santa Barbara, tras anunciar que el cantante se encontraba en busca y captura por abusos múltiples contra un menor. El delito, que podría costarle hasta ocho años de cárcel por cada una de las acusaciones, había sido denunciado por un niño, que tras sobrevivir a un cáncer, habría pasado varias noches en la mansión Neverland, propiedad del cantante, donde éste le habría dado vino y pastillas para después abusar de él. Aunque oficialmente la policía mantendrá el caso sellado durante 45 días, todos los periódicos estadounidenses apuntaban a este menor como el dedo acusador que ha provocado el escándalo. Es, con toda probabilidad, el mismo niño que aparecía en el polémico documental Living with Michael , defendiéndole a capa y espada. El culebrón arrancaba el pasado martes, cuando más de setenta policías irrumpían en el Neverland Valley Ranch, ese extravagante paraíso creado por Jackson y valorado en 12 millones de dólares que los niños que lo han visitado definen como algo mucho mejor que Disneylandia. Una orden de registro ponía patas arriba una mansión construida en los ochenta y que hizo historia en 1993, cuando Oprah Winfrey, una presentadora estrella norteamericana, le hizo una entrevista en la que confesaba haber sufrido abusos de su padre. La mansión se fue convirtiendo poco a poco en una isla para Jackson, a quién la mayoría de sus amigos han ido abandonando, incluida Elisabeth Taylor, su principal confidente durante muchos años o Maculay Culkin, el niño prodigio que dijo que Neverland era «su hogar». El comportamiento extravagante de un cantante que tuvo dos hijos con la enfermera Debora Rowe, con la que estuvo casado durante dos años y que «me regaló a los niños» según palabras del cantante, provocó su aislamiento y estos días apenas se ha podido encontrar una palabra de apoyo entre otros famosos, que precavidamente comenzaron a guardar distancias cuando Michael Jackson fue acusado de abuso de menores en 1993. En aquella ocasión no fue inculpado criminalmente, -esta vez sí- y consiguió resolver sus problemas extrajudicialmente pagando cifras millonarias a la familia de la supuesta víctima. Ahora en cambio, «existe un testigo dispuesto a colaborar», dijo el miércoles el fiscal Sneddon, que subrayó que las leyes de California obligan a testificar a los menores, tras ser modificadas después de la primera acusación contra Jackson. Pero desde aquel primer escándalo, las apariciones públicas del cantante, así como las ventas de sus discos, han ido disminuyendo de forma inversamente proporcional al crecimiento del interés morboso por su vida privada. Nacido hace 45 años en Gary, Indiana, ganó su primer millón de dólares en su tierna infancia, como el pequeño de los Jackson Five, el grupo formado por él y cuatro de sus siete hermanos. Con 25 años, era multimillonario y una de las estrellas musicales más importantes del planeta. Sus colaboraciones con Diana Ross y Quincy Jones en los setenta fueron lucrativas y exitosas pero la cumbre de su carrera llegaría con Thriller en 1983, disco en el que colaboró Paul McCartney y que se convirtió en el álbum clave de la historia de la música disco, con ocho premios Grammy y 60 millones de copias vendidas. Jackson también rompió moldes en el ámbito de los vídeos musicales, un apartado en el que aún sigue siendo considerado uno de los grandes. Después llegaría Bad , que nunca alcanzaría las cifras de ventas de Thriller, pero le mantuvo en la cumbre, mientras firmaba un sabroso contrato con Pepsi y recibía premios de la mano de Ronald Reagan. Irónicamente su declive comenzó después del lanzamiento de un disco titulado Dangerous , ( Peligro ) a principios de la década de los noventa. Su vida comenzó a tambalearse tras las acusaciones de abusos sexuales, que le hicieron perder toda credibilidad tras años de filantropía centrada en la infancia. Rumores sobre su adicción a los tranquilizantes así como su paulatino cambio de imagen y color, con operaciones múltiples negadas públicamente y responsabilizando al vitiligo de su pérdida de negritud, alimentaron el interés del público por su vida privada. Su boda en 1994 con Lisa Marie Priestley, hija del otro rey de la música, Elvis, añadió más leña al fuego al percibirse como una farsa para tapar el escándalo sexual. Pero las extravagancias fueron en aumento cuando tras divorciarse se casó con Debora Rowe, embarazada de siete meses. A su primer hijo lo llamó Prince Michael Joseph. A su segundo retoño, Paris Michael Katherine. Al nacer ésta no dejó ni que su madre la viera y se la llevó del hospital envuelta aún en la placenta, aumentando así las sospechas sobre su delicada salud mental. Tras divorciarse de Rowe, concibió un tercer hijo de madre de alquiler, que fue noticia el pasado año al serle mostrado a sus fans desde un balcón de un hotel alemán. El próximo nueve de enero Michael Jackson tendrá que comparacer ante un juez y allí se decidirá si la causa sigue adelante y se le pondrá fecha al juicio que promete ser el que más cobertura mediática recibirá de toda la historia. Los primeros resultados del circo no se han hecho esperar. Jermaine, uno de los hermanos del cantante, se convertía en protagonista el jueves al colgarle furiosamente el teléfono a la CNN tras afirmar: «Estoy cansado y cabreado de que la gente salga en televisión diciendo cosas horribles sobre mi hermano». Quizás por eso el propio Michael afirmaba en un comunicado oficial horas después: «Las mentiras corren en las distancias cortas pero la verdad compite en maratones. La verdad ganará este maratón judicial», aseguró el cantante el mismo día en que fue liberado tras depositar una fianza de tres millones de dólares. Jackson entraba en la cárcel de Santa Bárbara mostrando visiblemente las esposas y salía una hora después haciendo el símbolo de la victoria con los dedos. Después desaparecía rumbo a Las Vegas, donde, con motivo del lanzamiento de su disco Number Ones , está grabando un vÍdeo musical titulado One more chance ( Una oportunidad más ). Parecen paradojas de la realidad.

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