TAMBIÉN SE COME CON LOS OJOS
Antojo de cinéfilos y directores
|||| La lírica del chocolate ha cautivado a más de un espectador en las salas de cine. Los regustos dulzones avivan las papilas y soliviantan el olfato ante filmes del calibre de Chocolat sin ir más lejos. El director sueco Lasse Hallström hilvanó una película golosa de ver. El antojo no permanece indiferente mientras Juliette Binoche - en la piel de Vianne Rocher-despacha clientes en una chocolatería francesa. En el invierno de 1959 una extraña mujer y su hija llegan a una pequeña villa francesa, y abren una chocolatería. Durante años y años en la aldea no ha ocurrido nada importante y la vida seguía sin compromisos mayores que los marcados por el quehacer cotidiano. La irrupción de la chocolatería pone fin al sosiego en la plácida campiña francesa. Nadie se muestra indiferente ante la llegada de la «tentación» -como opinan algunos de los lugareños-. Lo cierto es que la habilidad para elaborar y tratar el chocolate de las dos nuevas inquilinas pronto granjeará amistades y desamores. «Para mí -asegura Hallström-, Chocolat es una fábula muy divertida acerca de la tentación y la importancia de no privarse uno mismo de las cosas buenas de la vida. Trata del constante conflicto en la vida entre tradición y cambio. Y en su más profunda esencia, nos habla de la intolerancia y de las consecuencias de no permitir a otras personas vivir sus propias existencias y creencias». El chocolate se deja querer también en la gran pantalla. Ver para querer Aventurarse a paladear esta película, en la que las recetas y el aspecto del chocolate obran de la imagen un dulce suculento, es añadir leña a la hoguera del capricho. Ante tal visualización bien vale socorrer el apetito de antemano porque si de audaces versa el tema, atreverse a degustar semejante pieza visual sin una chocolatería cerca -o un comercio en su defecto-, que pueda consolar el antojo, es tentar la tentación.