SOCIEDAD El agua y los armarios
El año empezó con una pequeña sonda que se perdió en el suelo de Marte poco antes que dos robots se asentaran en el planeta rojo para mandarnos un fascinante álbum de fotos que nos devolvió la ilusión marciana. Parecía que el futuro, al fin, llegaba; el futuro de las naves espaciales y los viajes interestelares que Bush, en su campaña, estimuló con promesas de bases en la Luna y viajes tripulados. Pero no se puede estar siempre mirando a las estrellas, así que el presidente de los Estados Unidos se dio cuenta de que su campaña no estaba en la Luna, sino en una revolución que estalló como una eclosión de flores en un prado. De repente, un alcalde empezó a casar homosexuales y provocó una caravana del amor sin fin. Los gais salieron del armario en tropel y reivindicaron sus derechos a gritos, sacudiendo políticas y conciencias. La revolución rosa, fue uno de los protagonistas del año. Y España, uno de los campos de batalla. Tras el inopinado acceso de ZP al poder, los homosexuales vieron cumplida la promesa de Zapatero y su gobierno paritario. Y en ese debate seguimos mientras la ley va tomando forma. La de los matrimonios homosexuales, el divorcio exprés, la investigación con células madre, la ampliación del aborto... Una parte de la sociedad ha echado a correr y la otra pone zancadillas. No las suficientes como para que un equipo de científicos surcoreanos clonaran al primer embrión humano al estilo Dolly . El futuro va llegando a pesar de todo. Incluso para Marlon, el más grande que, con su muerte, dejó al star system mellado para siempre y superado por orcos, elfos y hobbits: maquillaje y animación informática en el año que la historia de Ramón Sampedro se convirtió en universal por obra y gracia de Bardem y Amenábar. César Antonio Molina, nuestro poeta, accedió al Instituto Cervantes y al Fernández Latorre. Al primero por su experiencia y al segundo por sus palabras sobre el infierno de Atocha. El mundo de los grandes acontecimientos sociales y culturales, sin embargo basculó entre una gran operación urbanística bautizada Fórum de Barcelona y otra gran operación turística, llamada Xacobeo 2004. A pesar de las fanfarrias, fue más la segunda que la primera. al menos para los leoneses y los gallegos, que, como el resto del mundo, gustamos de mirar a las estrellas para desentrañar nuestro futuro, que no está en los viajes estelares, sino en nuestros corazones.