La disputada calle de Fernando de Castro
La Casa de León en Madrid reclamó en el 2001 una vía para el inspirador del krausismo
Fernando de Castro Pajares (Sahagún, 1814) perdió la calle con la que le honró la II República -actual Roa de la Vega- durante el Franquismo bajo la acusación de ser «un clérigo renegado». Con estas dos palabras, el Ayuntamiento de León tachaba, a golpe de decreto, los méritos intelectuales de una de las figuras fundamentales del krausismo en España, que se destacó por su labor a favor de la educación de las mujeres en un tiempo en que el género femenino tenía vetado el acceso a la enseñanza secundaria y, por supuesto, a la Universidad. Cuarenta y cinco años después de aquella afrenta, el Ayuntamiento de León rectificó el 29 de noviembre al bautizar con su nombre el bulevar principal del área 17 de León, precisamente en los terrenos que fueron propiedad de la Fundación Sierra Pambley con cuyo fundador tuvo tantas coincidencias de pensamiento. El acuerdo plenario, que se tomó a propuesta del colectivo de profesores de Historia Contemporánea de la Universidad de León, tal y como recoge el acta, ignoró por completo las gestiones que desde el año 2001 realizó la Casa de León en Madrid para que el municipio devolviera al callejero a Fernando de Castro. El presidente de la entidad, Cándido Alonso Hidalgo, tras conocer el acuerdo se mostró sorprendido de que, después de tanto tiempo, «nadie nos haya comunicado que esto se haya resuelto y menos que alguien se apunte el tanto». En efecto, el presidente de la Casa de León remitió el 12 de junio del 2001 una carta al Ayuntamiento de León subrayando, tras hacer una semblaza de quien fue rector de la Universidad de Madrid y senador por León, que «bien merece una nueva calle en León». Mario Amilivia, entonces alcalde de León, contestó a los pocos días, el 2 de julio, con otra misiva en la que considera la propuesta «muy interesante», aunque sólo se compromete a que «la estudie» su concejal de régimen interior, Miguel Fernández Llamazares. No obstante, para la Casa de León la respuesta del alcalde y la conversación telefónica que mantuvo su presidente con el primer edil por aquel entonces fueron suficientes garantías de que tan pronto como exista una calle principal disponible nuestra petición sea una realidad». Así lo indicaba Cándido Alonso al director general de la Fundación Fernando de Castro en el mes de julio del 2001 tras conocer el apoyo ofrecido por la entidad para apoyar la gestión ante el Ayuntamiento. Pero llegaron las elecciones del 2003 y Fernando de Castro seguía sin tener calle en León. Con fecha de 5 de diciembre de ese año, la Casa de León aporta una copia de la tarjeta remitida por su presidente al entonces alcalde de León, Francisco Fernández, en la que da cuenta de las gestiones realizadas con la anterior Corporación para lograr la calle Fernando de Castro y Pajares. «Si te parece más conveniente partir de cero anulamos las actuaciones anteriores y nos dirijimos a tí como si se tratara de la primera petición», indica en la misiva. Una vez más, la Casa de León no obtuvo respuesta hasta que en el mes de noviembre conoció por un artículo periodístico la petición de los profesores de Historia Contemporánea bajo los argumentos de «hacer emerger una figura que proyecta la defensa de algunos de los valores más preciados por nuestro sistema de convivencia democrática y en los que se cifran buena parte de las aspiraciones sociales». Al margen de polémicas, Fernando de Castro y Pajares tiene, por fin, la calle que un día de 1959 le robó la intolerancia. Quienes reivindican su figura recuerda que fue un «ilustre polígrafo», sino también profesor del seminario San Froilán, secretario de la Sociedad Económica de Amigos del País y de la Comisión Artística y Literaria de León, director de la biblioteca provincial, predicador real en la Corte de Isabel II, catedrático de la Escuela Normal de Filosofía, miembro de la Academia de la Historia y rector de la Universidad Central de Madrid, además de inspirador del krausismo y de la Institución Libre de Enseñanza. La semblanza de los historiadores no hurta episodios igualmente importantes de la vida de Fernando de Castro, como su posición partidaria de la revolución liberal, que en 1867 le valió la expulsión de la Universidad por el gobierno de Narváez al negarse a firmar un manifiesto a favor de Isabel II.