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León

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|||| La composición de la avifauna cambió en relación a tres características de la vegetación: complejidad vertical, heterogeneidad espacial e importancia del estrato menor de 0,5 metros. La variación fue mayor en invierno que en verano, obteniéndose comunidades de aves más ricas, diversas y uniformes en los medios forestales que en los abiertos. En invierno las aves se agrupan en bandos para localizar los exiguos recursos alimenticios disponibles, lo que indica su escasa dependencia de la estructura del hábitat en esta época del año. Las especies sedentarias tienden a abandonar tomillares y pastizales para ocupar los cultivos buscando semillas y las mermadas poblaciones de invertebrados en los barbechos y rastrojos. En primavera, hay una explosión de la producción primaria y los invertebrados y las aves hacen una selección de hábitat más estricta dada la mayor disponibilidad de recursos. En verano, el número de visitantes externos se reduce porque las especies residentes son altamente eficaces en la explotación de los recursos y la disponibilidad de invertebrados es menor. En otoño, los cultivos ofrecen, además, los restos de la cosecha (espigas y granos de los rastrojos) que también son aprovechados por especies migratorias, pero que se pierden como recurso alimenticio para el invierno (una parte germina y otra es comida por el ganado, en este caso ovejas). Aunque no existen recomendaciones de manejo simples y universales para el mantenimiento de la biodiversidad, Susana Suárez propone como medidas de gestión el mantenimiento del mosaico cultural con parcelas abandonadas diseminadas espacialmente, de importante valor para la avifauna esteparia por ofrecer recursos todo el año, y la conservación de las áreas boscosas autóctonas, tratando de reducir su aislamiento.

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