El regalo de Viggo Mortensen al Curueño
«Quiero medir lo mucho que no sé Y es así como llego sin rumbo Toco y abren Entro y miro Los retratos de ayer en las paredes, El comedor de la mujer y el hombre, Los sillones, las camas, los aleros.... Sólo entonces comprendo que allí no me con

Quiero pensar que todo hombre regresa alguna vez, en algún momento de su vida, a ese punto exacto donde fue concebido y tuvo origen su esencia de ser único y especial. Podría entonces tratarse de un viaje hecho de gratitud y de recuerdos. De recortes de vivencias, de la necesidad de retornar a las raíces, aunque éstas, al cabo de nuestra edad, se confundan y entremezclen, y nuestra casa, nuestro pueblo y nuestro padre... queden diluidos en múltiples patrias y experiencias que nos han llevado lejos, muy lejos. Cuando esto sucede, no es difícil elevar una profunda alabanza de gratitud. Sólo entonces se comprende que se busque el calor del añejo vino compartido para ahogar en él la emoción del reencuentro. Ha bastado un gesto, una solitaria y anónima visita, para que toda una zona se haya sentido protagonista, fuera de lo que su vida cotidiana y monótona conlleva. Viggo Mortensen, el Aragorn de El Señor de los Anillos , el héroe más universal de la cinematografía hollywoodiense, ha querido obsequiar a toda la zona del Curueño y La Mediana trayendo hasta estas tierras los orígenes del personaje cinematográfico de Alatriste, que el pasado día 7 comenzó a rodarse en Madrid. Es, dirán muchos, un simple gesto para dar sentido a una ficción. Pero a veces un gesto, aunque provenga de la ficción, tiene la suficiente fuerza como para desencadenar una serie de reacciones, tanto para el que las provoca como para el que las percibe, de inabarcables consecuencias. Viggo Mortensen, el actor, remonta el curso del Curueño, hacia el Norte, para encontrase con las raíces de ese personaje valiente, pendenciero y bravucón llamado Alatriste y dotarlo de una idiosincrasia peculiar y única que, por alguna razón que se nos escapa, quiso a voluntad propia situarlo en la montaña leonesa. Sin embargo, el hombre que encontramos en León no es el actor, el músico, ni el poeta, sino el hombre sencillo que mira de frente, acepta tu comida y a su vez invita a quienes con él están en las tabernas a saborear un vaso de buen vino, a compartir jirones de su vida y a sentirse, por breves instantes, copartícipe de una aventura más hermosa y real que la que nos muestran las grandes pantallas panorámicas. Mientras España tirita de frío, él enfila las Hoces del Curueño ataviado únicamente con unas deportivas, vaqueros, sudadera y una simple cazadora. El Norte, siempre el Norte, ese que Julio Llamazares bellamente reflejara en su poema homónimo: « Hace ya mucho tiempo que camino hacia el Norte,/ entre zarzas quemadas y pájaros de nieve. / Hace ya mucho tiempo que camino hacia el Norte,/ como un viajero gris perdido entre la niebla» (....), es su único objetivo. Atrás van quedando La Mata, Valdepiélago, Montuerto, Nocedo..., Y a la altura de la carretera que conduce a Valdorria se detiene un instante dudando la subida, pero continúa. El temporal arrecia y quiere llegar cuanto antes a Redipuertas y, si es posible, hasta Vegarada. Pero no pasa del kilómetro 17, la nieve se lo impide. «Elegí esta zona -nos comenta en perfecto castellano sin apenas acento- porque también en cierto modo me recordaba los parajes de mi infancia, la nieve, el frío, los colores difuminados. Pero fue arriesgado. Por un momento, cuando estaba en Lugeros, creí que no podía regresar, pues el temporal era cada vez más fuerte y la nieve hacía intransitable el descenso por carretera. Así que me desvié a Valdeteja. Uno de los pueblos que más me han gustado de esa zona. Cuando llegué la primera vez, nadie me reconoció, luego ya fue distinto», sonríe el actor, con un gesto de resignación pero también de complacencia. Valdeteja, varado en el recuerdo « De tanto andar una región,/ que no figuraba en los libros,/ me acostumbré a las tierras tercas/ en que nadie me preguntaba/ si me gustaban las lechugas / o si prefería la menta que devoran los elefantes./ Y de tanto no responder/ tengo el corazón amarillo ».(Amarillo: Viggo Mortensen) El sábado 26 regresa a Valdeteja hacia las cuatro y media. Se detiene a reponer fuerzas en el Bar Anabel, que una semana antes, en su primera visita, permanecía cerrado. En aquella ocasión tan sólo encontró a un lugareño al que le preguntó, ante su asombro, dónde poder comer una ensalada. «No es tiempo», le respondió el hombre y se alejó calle abajo. Ahora es Gabi, el dueño del mesón, quien le recibe. Pide esa ensalada pendiente. Gabi, sin reconocerle, le mira extrañado. Le dice que no es época de lechugas ni de tomates, que si quiere productos de la zona. Mortensen, sonriente, asiente y le pide un chupito de orujo, a la vez que deposita sobre el mostrador su paquete de Ducados y una grabadora que deja encendida mientras hablan. Al igual que Trancos, escucha y observa. «Me dijo que si me molestaba que registrase la conversación -señala Gabi-. Al decirle que no, comenzó a preguntarme sobre las diferencias del habla de León capital y esa parte de la montaña. Le expliqué que al estar limitando con Asturias, el acento en algunos pueblos era fuerte. Pero a él no pareció importarle. Continuó interesándose por las costumbres, los habitantes y si era una zona muy transitada por los veraneantes y pescadores. Mientras le iba respondiendo, le serví un buen plato de cecina, chorizo y jamón que apenas si lo tocó. En ese momento, entró mi hija Sandra, de 17 años, y me dijo: 'Pero papá, ¿sabes quién es el que tienes en la barra?'. 'Ni idea', le respondí. 'Pues es Viggo Mortensen, el protagonista de El señor de los anillos' . Me acerqué a él y se lo pregunté. Asintió y me dijo que estaba recogiendo la forma de hablar de la gente, porque iba a comenzar a rodar una película sobre un aventurero del siglo XVII llamado Alatriste que procedía de esta parte de León. A estas alturas de la conversación el bar ya comenzaba a estar más concurrido y algunos de los que entraban le reconocieron y comenzaron a pedirle autógrafos a la vez que se hacían fotos con él. Mortensen los invitó a comer de su plato -que dijo era demasiado para él- y mantuvo conversación con varios de los allí presentes. Luego me dijo que iba a ausentarse durante tres cuartos de hora, pero que regresaría. Salió calle abajo en busca del Citroën Xsara plateado que tenía aparcado en la carretera y enfiló en dirección Vegarada. A los tres cuartos de hora regresó y me comentó -continúa relatando Gabi- que sólo pudo llegar hasta el kilómetro 17, más allá de Redipuertas, pues temió que la tormenta le impidiese el retorno. Estuvo un rato más conversando a pesar de que yo no quise cansarle demasiado con preguntas que le pudieran incomodar. Entonces fue cuando me dijo: 'Somos personas ante todo y debemos comunicarnos; cada uno en su trabajo intenta hacerlo lo mejor que sabe, por eso el que yo sea actor y tú tabernero no implica que cada uno en su oficio deje de ser persona para convertirse en algo que en realidad no es por mucho que la fama o la suerte le hayan favorecido. No te importe peguntarme lo que quieras, porque yo también haré lo mismo contigo'. Y así seguimos algunos minutos más. Después tomó sus llaves, su tabaco y se fue, no sin antes agradecer a todos las atenciones que habían tenido con él». El domingo, a las seis y media de la mañana, el intrépido Mortensen retoma de nuevo al camino del Norte y regresa a Redipuertas, donde permanece hasta las nueve. Nosotros le encontramos a las once bajando la escalinata del antiguo convento de San Marcos, ya en la capital. Encuentro con Alatriste No pone objeciones a unos minutos de charla distendida, aunque el tiempo le apremia para regresar a Madrid. Después se deja fotografiar sobre el puente de San Marcos con la mirada perdida en las nevadas cumbres del Curueño, se despide y se va. Pero antes de que yo llegase a mi casa sonaba el móvil y escuchaba la suave voz de Viggo al otro lado para disculparse por no haber tenido más tiempo para una charla más dilatada. Ese simple detalle le define como persona sencilla, muy lejana de los estereotipos del celuloide que sólo piensan en su imagen, pero jamás en quién tienen al lado. Aprovecho para hacerle alguna pregunta que se había quedado en la memoria y, ahora sin prisas ya, la responde con calma.. «Como te comenté -dice-, una de las razones por las que me desplacé hasta estos lugares fue la de escuchar el habla de la gente, para perfeccionar mi acento, por eso iba recogiendo todo lo que decían en la grabadora y les preguntaba una y otra vez las mismas cosas para escuchar su correcta pronunciación. Lo cierto es que fueron personas muy amables y no se molestaron en ningún momento», puntualiza. Lo más fascinante de hablar con Mortensen es escuchar la voz y el pensamiento de un hombre noble e inteligente que no se cree una estrella y que rompe cualquier idea preestablecida que se pueda tener de él. Con sentido del humor y una gran dosis de paciencia me sugiere que haga hincapié en que lo de venir a estas tierras fue una decisión únicamente suya. «Siempre he pensado -señala- que el personaje de Alatriste, aunque de ficción, necesitaba tener un lugar de origen donde entroncar su personalidad, y decidí que ese lugar podía ser los pueblos altos del Curueño, esas tierras donde el frío endurece el carácter y las gentes son escuetas en el trato, como lo es Alatriste, pero nobles y sencillas cuando se las conoce con pausa. Pérez-Reverte me comentó que el capitán de los Tercios de Flandes tenía una forma de ser, según él lo había concebido, muy próxima a las gentes del Norte y después de estudiar al personaje con detenimiento, he llegado a la convicción de que podía situarlo en cualquier lugar de la mancomunidad del Curueño. Como hago siempre, intento documentarme sobre los sitios por los que paso, lo que me puede ayudar para enriquecer mi personaje. Leí todo lo que cayó en mis manos sobre el La Mediana, el Curueño e incluso El Bierzo. Durante la primera semana que estuve en León me desplacé hasta Compludo y los pueblos circundantes y así pude tener una visión mucho más completa de toda la parte norte y noroeste de la provincia. Creo que esta es la mejor forma de meterte en la piel del personaje, conociendo sus raíces, su entorno, cómo son los lugares en los que se crió, cómo son sus casas, lo que comen, cómo viven y hablan sus gentes. Sin estas premisas jamás se puede dar vida a un personaje con credibilidad». «¡Cuántas buenas librerías hay en León!» Para un pescador impenitente como es Viggo Mortensen, las Hoces del Curueño son un atractivo lo suficientemente poderoso como para hacerle adentrarse aguas arriba en busca de los lugares más propicios donde poder echar la mosca una vez comience en marzo la temporada truchera. Y nada mejor para ello que ponerse al día no sólo de los sitios estratégicos sino también de los cebos más adecuados. La fama de la mosca ahogada del Curueño llegó hasta los oídos del actor y sin dilación sometió a un exhaustivo peinado las librerías de León para adquirir material impreso donde disipar sus dudas. «Me ha llamado poderosamente la atención -nos dice- la cantidad de buenas librerías que hay en esta ciudad y en estas semanas tuve la oportunidad de recorrerlas casi todas para comprar algunos libros sobre esa zona, conocer sus costumbres, su gastronomía, su entorno, la caza y la pesca, y he quedado sorprendido de la riqueza que encierran». De ese recorrido literario al que Viggo está muy acostumbrado, ya que es moneda común en cada ciudad que visita, y en Los Ángeles en concreto, el recorrer sus librerías de lance y hacer en ellas lecturas de sus poemas como ocurrió no hace mucho en la ciudad del cine, tuvimos cumplida noticia. No sólo adquirió el protagonista de El señor de los anillos libros como La Real Encartación del Curueño, del leonés Ángel Fierro, La Mancomunidad del Curueño , de Mari Carmen Orejas Díez, o la Enciclopedia de las moscas secas/ahogadas para la pesca, de Tomás Gil, sino que se interesó por otros temas que le son muy cercanos como es la poesía. Es bien sabido que Mortensen es un excelente poeta con varios libros publicados con los que ha alcanzado justa fama entre los escritores de habla inglesa, de ahí que desde Benedetti, hasta nuestro Andrés Trapiello, pasando por Silvia Zayas, Jodorowsky o Charo Ruano, fueran los elegidos para atiborrar aún más su ahíto jubón de viajero y saciar su sed de inveterado lector . Al caer la tarde, con los primeros copos de nieve cimbreando sobre el asfalto, aún se le puede ver caminando solo por la plaza de la Catedral, libando un vino de la tierra en un céntrico restaurante con nombre de pintor o bajando por la Rúa en busca quizás de alguna librería antigua donde ojear algún viejo ejemplar del Conde de Rebolledo, ese otro poeta leonés del siglo XVII, que, cómo Alatriste, sirvió también en los Tercios de Flandes y pasó diez años de su vida como embajador español en la tierra donde Mortensen jugaba a hacerse hombre: Dinamarca. El hombre y su obra Licenciado en Ciencias Políticas y Literatura Hispanoamericana, Mortensen es un ávido lector, especialmente de poesía, que puede leer en siete idiomas (inglés, danés, español, sueco, noruego, italiano y francés). Su espíritu nómada le ha llevado a integrarse en las etnias más dispares, desde las amplias llanuras donde habitan los indios americanos hasta la Argentina. Ha sido muy crítico con el Gobierno de Bush por la masacre a la que está sometiendo al pueblo de Irak. Intenta no hablar inglés porque dice que es un idioma hereje. Buscar, encontrar, trasformar, algo que Viggo Mortensen, como auténtico humanista conoce a la perfección. No en vano domina con soltura el arte de la palabra rimada, de la fotografía, de la pintura, de la composición. Licenciado en Ciencias Políticas y Literatura Española, Mortensen es un ávido lector, especialmente de poesía, que puede leer a la perfección en siete idiomas (inglés, danés, español, sueco, noruego, italiano y francés). Su espíritu nómada e inquieto le ha llevado a integrarse en las etnias más dispares y necesitadas, desde las amplias llanuras donde habitan los indios americanos hasta los problemas más acuciantes que suceden en cualquier país del mundo como es el caso de Argentina, o la despiadada guerra contra Irak, a la que no ha dudado en criticar con dureza por la brutal masacre a la que el gobierno de Bush está sometiendo a ese pueblo. Su desmedido interés por todo lo humano, por todo lo que pueda hacer la vida del hombre un poco más llevadera, le convierte en una persona muy cercana, no en un ídolo del celuloide que hoy está aquí porque le ha tocado, o porque su productora se lo ha pedido para promocionar mejor la última película. Nada más lejano. Viggo Mortensen es de las pocas personas que si tiene que detener su coche al pasar por un lugar interesante, para ver a una persona amiga, o para ayudar a alguien necesitado no duda un momento en hacerlo. «Si estás en Nueva Zelanda, dice, y estás rodando una película y vas en coche y pasas por un lugar interesante y decís «bueno, tengo que volver un día para verlo». No. Deberías parar el coche en ese momento y mirarlo ahora, aunque llegues un poco tarde a tu lugar de trabajo, porque a lo mejor no vas a tener la oportunidad para verlo otra vez. Es que, como humanos pensamos tanto en el que «lo haremos después», o « te llamo mañana», «te visito otro día», «leo este libro el año que viene». Pero a lo mejor no lo lees. A lo mejor no te interesa leerlo el año que viene. A lo mejor estás muerto». Padre de un hijo de 17 años, Henry, al que está muy unido y quien le animó a aceptar el papel estelar de Aragorn en el ya clásico El señor de los anillos , su carisma y generosidad asombra a los amigos más íntimos y compañeros de rodaje. Gran aficionado a los caballos se compró a Brego y a Hasufel, después de rodar la famosa trilogía, y a T. J., uno de los equinos que hacían de Hidalgo en la película homónima. Su gesto más celebrado fue el que tuvo con la amazona especialista que doblaba a Liv Tyler (Arwen) en El señor de los anillos, al regalarle el flamante semental que utilizaban para el rodaje, al no poder aquélla pujar por él debido a su alto precio. La singladura vital de Viggo Mortensen comienza un 20 de Octubre de 1958 en Manhatan, Nueva York. Hijo de padre danés (Viggo P. Mortensen) y madre americana, (Grace), es el mayor de tres hermanos (todos varones). Cuando contaba dos años, sus padres se trasladan a Argentina, y más tarde a Venezuela y Dinamarca (donde sus abuelos poseían una granja). Este paso por los países latinoamericanos le convirtió en un hincha de fútbol, siendo seguidor del equipo argentino San Lorenzo. Tras la separación de sus padres en 1969, regresa a los Estados Unidos con su madre y sus hermanos. Una vez instalados en Watertown, los niños no perdieron el contacto con su padre, a pesar de los constantes viajes que éste debía realizar mientras pasaba de trabajo en trabajo. Fruto de ese carácter liberal y despegado del cabeza de familia, Viggo heredaría de su padre la pasión por la aventura y los viajes. En el instituto Viggo destacó como miembro del equipo de tenis y capitán del equipo de natación. A los 17 años, en la noche de Halloween se cayó sobre una cerca tras recibir un puñetazo marcando la parte superior de sus labios para siempre con una sugerente cicatriz. Educado y amable, explora su timidez escribiendo poemas u ocultándose tras el objetivo de una cámara de fotos que le acompañaba a todas partes ayudándole a ver el mundo desde múltiples y muy diversos puntos de vista. Actor, músico, fotógrafo, pintor y escritor, Viggo Mortensen es considerado como un auténtico «hombre del Renacimiento» ; políglota y trotamundos, que plasma todo su talento en diferentes y variadas expresiones artísticas. En 1980, una vez concluidos sus estudios en la Watertown High School y haberse licenciado en la Universidad de St. Lawrence, decide lanzarse a la aventura y cruzar el gran charco e irse a vivir con sus primos a Dinamarca. Comienza entonces a ganarse la vida a través de los más variopintos empleos: vendedor de flores, camarero o conductor de excavadora. Dos años más tarde decide volver a los Estados Unidos y convertirse en un buen actor. Una vez en Nueva York decide cimentar sus aspiraciones comenzando por lo más básico: cursar estudios de interpretación en una escuela. Ingresa en el Taller de Interpretación Warren Roberston (Warren Robertson¿s Theatre Workshop) y dos años más tarde está preparado para interpretar obras del calibre de Romeo y Julieta . A finales de los 90 Dennis Hopper, gran amigo y confidente de Viggo, comienza a interesarse por la faceta creativa de su compañero de profesión. Hopper, reconocido fotógrafo además de actor, examina las instantáneas que desde los años de universidad ha tomado su amigo. Viendo el valor y potencial de la obra, no duda en ayudar a su colega a dar a conocer al mundo su trabajo. Tras minuciosos preparativos y bajo el nombre de Errant Vine (Vid errante), la galería Robert Mann de Nueva York acoge la primera exposición fotográfica del actor. El contundente éxito obtenido le empuja a embarcarse en otro proyecto similar en la Galería Track 16 de Santa Mónica. Con el título Recent Forgeries (Falsificaciones Recientes) se mostraron en público por primera vez las pinturas multimedia en las que el actor había estado trabajando en su tiempo libre durante los últimos años. La fusión de cuadros, fotos o poemas del actor fue reconocida unánimamente como una de las más brillantes e innovadoras del Nueva York de fin de siglo. La crítica estuvo de su parte y el público que hasta allí se desplazó le encumbró como artista total. Casi una década después de haber publicado su primer libro de poemas, Ten last night (1993), Viggo tomaba como punto de partida su experiencia en Track 16 para componer su segunda obra, titulada al igual que la exhibición Recent Forgeries (1998). Ejemplos de su poesía y pintura acompañadas de numerosas fotografías tomadas por el autor componen este volumen (con prólogo de Dennis Hopper) que fue elogiado por la revista Time en el momento de su publicación. En 2002 publicó Coincidence of memory , recopilación de la obra del autor desde 1978 hasta ese año (la portada es una bella instantánea del parque madrileño de El Retiro) y SignLanguage , diario fotográfico y pictórico realizado en Nueva Zelanda entre 1999 y 2001, durante el rodaje de El Señor de los Anillos. The horse is good contiene las fotografías realizadas durante el rodaje de Hidalgo . Sus primeros pasos en el cine fueron difíciles. Ilusionado al conseguir breves partes en títulos importantes como Chicas en pie de guerra (1984) o La rosa púrpura de El Cairo (1085), veía con amargura cómo sus intervenciones eran cortadas en la sala de montaje. Al fin logra debutar en pantalla grande como granjero amish en Único testigo (1985) (en la que sólo tenía una frase), aunque su verdadera alegría le llegaría gracias a su obra Bent, donde su interpretación le era reconocida con un premio de la crítica (Drama-logue Critic's Awards). 1987 fue un año muy importante en la vida personal del actor. Dos años después de su bautismo cinematográfico, Viggo se enrola en una película de bajo presupuesto titulada Salvation , donde conoce a Exene Cervenka, cantante del grupo punk X, que más tarde sería su mujer y madre de su único hijo, Henry. Desde el primer momento, la química entre los dos es más que palpable, convirtiéndose en poco tiempo en una relación estable que culmina en boda. La timidez de ambos y su amor por la música, la poesía y la vida sosegada hacen de ellos una pareja perfecta. Huyendo de la gran ciudad para que la fama no perjudique la educación de su hijo, la familia se traslada a Idaho. Esto no hace sino complicar las cosas profesionales a Viggo, que se ve obligado a trasladarse constantemente de audición en audición y a aceptar cualquier trabajo. Así, tras la notable Jóvenes ardientes (1988), consigue su primer papel protagonista en el film de terror Presidio (1988). Sumergido en un bache profesional que lo mantiene apartado de la gran pantalla durante dos años, decide trabajar en La matanza de Texas III (1990), siendo la única experiencia en la que Viggo se arrepiente de haber participado. Encadenando trabajo tras trabajo sin demasiada fortuna, participa en varias películas hasta protagonizar el debut como director de Sean Penn, Extraño vínculo de sangre (1991). Al fin la crítica se empezó a fijar en él. Pero tardaría aún algunos años en dejar atrás los trabajos temporales necesarios para mantener a flote la economía familiar. Mientras rodaba Atrapado por su pasado (1993), Ruby Cairo (1993) y Boiling Point (1993), trabajaba sirviendo mesas en restaurantes, poniendo copas y conduciendo camiones. Durante los tres años siguientes no dejó de trabajar ni un solo instante en la industria del cine. Especializándose en papeles de villano o personajes torturados, la serie B le dio los ingresos necesarios para centrarse en su carrera como actor, dedicando el tiempo libre a escribir poemas, pintar cuadros y componer música. Su nombre empezó a sonar con Marea roja (1995), Ángeles y demonios (1995), La pasión de Darkly Noon (1995), La trampa del caimán (1996), y Retrato de una dama (1996). Su despegue definitivo fue con dos títulos comerciales de escasa calidad pero de gran resonancia: Pánico en el túnel (1996) y La teniente O'Neil (1997). En 1995 rodó en Barcelona con Ángela Molina Gimlet, y dos años más tarde estaba en Madrid para trabajar en la ópera prima del escritor (y también amigo desde entonces) Ray Loriga, La pistola de mi hermano (1997). Precisamente, es en esta época (1996-97) cuando su matrimonio con Exene llega a su fin. Arreglado como un divorcio amistoso, no supone ningún drama para ellos y mucho menos un trauma para su hijo Henry, cuya custodia queda compartida entre los dos. Libre para vivir más cerca de su trabajo, Viggo se muda a Los Ángeles, donde alquila una casa cerca de la playa de Venice. La relación con su ex mujer no empeora, sino que mejora, manteniendo una amistad que les lleva a pasar vacaciones juntos y en compañía del pequeño Henry. Como padre responsable, Viggo se queda con Henry cuando Exene se va de gira con su grupo, y por su parte, Exene vive con Henry cuando su ex tiene que pasar mucho tiempo fuera de su hogar. El primer film de estudio en el que destacó como protagonista fue en Un crimen perfecto (1998), remake de un clásico de Hithcock. También participaría en otro remake del maestro del suspense, Psycho ( 1998), antes de reencontrarse con el favor de la crítica con La tentación (1999). 28 días ( 2000) fue un paso en falso con el que relajarse antes del viaje de su vida: El Señor de los Anillos . Aunque en un principio el elegido para el papel había sido el británico Stuart Townsend, éste abandonó el rodaje por discordancias con el director (Peter Jackson se dio cuenta de que el actor era demasiado joven para hacer de Aragorn). El siguiente en la lista era Viggo; su agente le llamó y le dijo que si quería irse al día siguiente a Nueva Zelanda para rodar la película. Su hijo Henry le anima y Mortensen se sintió personalmente vinculado al personaje y esto se transmite a través de la pantalla: «Soy celta y escandivano, así que crecí entre los mitos en los que Tolkien se inspiró para El señor de los anillos . Es parte de mi herencia». Al actor le atrajo esa faceta de heroísmo primario y autosuficiente de Aragorn. «Puede sobrevivir en la naturaleza, vivir de ella, leer sus señales y alcanzar la felicidad sin necesidad de nadie, sin confiar en nada, excepto en sus propios conocimientos». Pero su vocación literario-artística no termina aquí. Viggo siente gran predilección por los mecanismos de fusión entre música y palabra. Sus composiciones han sido celebradas en los cinco continentes debido a la gran fuerza emocional que emana de sus partituras. Son grabaciones en disco compacto que ha realizado con música en directo de poemas suyos. El primer CD que vio la luz fue One less thing to worry about (1997), 44 cortes de audio que grabó con su ex-mujer Exene, con el DJ Bonebrake y Buckethead en el bajo y la guitarra. Se lanzó una inspirada segunda parte, The other parade . Como una «exploración de la carne y de los productos de la carne realizada por carnívoros y vegetarianos para el consumo de todos» dice, nacía One man's meat (1999), 33 minutos de música y poemas grabados en directo en la galería Track 16 en diciembre de1998. También en directo se grabó Live at beyond Baroque (1999), un álbum doble en el que Viggo se rodeó de multitud de amigos para leer poemas de creación propia y ajena. Don't tell me what to do es un CD grabado durante la emisión del programa de radio Man in the moon , de la radio del sur de California, con la colaboración de la Duke McVinnie Band. En Pandemoniumfromamerica han colaborado, además del guitarrista Buckethead, los hobbits Elijah Wood, Billy Boyd y Dominic Monaghan. Viggo también participa en The new yorker out loud (Mercury Records, 1998 y Dreams of the world (Dove Audio, 1996). El Curueño ha vuelto a tomar protagonismo. Pero esta vez no ha sido ni por la fama de sus truchas, ni por la belleza de sus hoces, ni siquiera por los parajes que la circundan, su nombre ha vuelto a sonar hasta en Pekín, gracias a la presencia de este actor que ha querido situar entre sus montañas el origen del hombre al que en estos momentos está dando vida. Como agradecimiento, las gentes de Valdeteja, el pueblo que en sus palabras más hondo ha calado en este bohemio norteamericano, le nombrará hijo adoptivo y, en su momento, se le hará entrega de tal distinción en una ceremonia que los vecinos celebrarán en la localidad. Un pequeño gesto para quien también lo tuvo con ellos. En estos momentos el actor se encuentra en Jarama rodando las primeras secuencias del capitán Alatriste, y nos consta que la noticia le ha complacido de manera especial. Los habitantes de Valdeteja, por su parte, se sienten además de agradecidos hacia este sencillo actor, muy motivados por haber elegido su pueblo, su río y sus parajes como lugar de procedencia del capitán de los Tercios de Flandes, al que podrermos ver en las pantallas españolas a finales del 2006.