La pastilla de Woody Allen
En plena polémica sobre el abuso de tranquilizantes en los países occidentales, Leo Sternbach, el creador de Valium, recibió ayer un homenaje cuatro décadas después de haber conseguido el fármaco que causó una auténtica revolución como remedio
Aquel año, unos muchachos perfectamente trajeados acaban de llegar de Hamburgo y editan su primer disco, Please, please me , en los estudios de Abbey Road. Los Beatles iban a cambiar el rumbo de la música y a dejar una sonora impronta en los lugares por los que pasan. Pocos meses después de su bautizo oficial llegan en olor de multitudes a Estados Unidos que acaba de superar la próspera década de los cincuenta y el baby boom se empieza a notar ya que algo más de 25 millones de personas tienen entre 18 y 24 años. Pero los jóvenes no comparten el mundo de los mayores y prefieren manifestarse en Berkeley, tomar ácidos y lanzar mensajes en contra de la guerra de Vietnam. En 1963 la mayor parte de los norteamericanos tienen problemas, lo que se verá aumentado con un suceso trágico y cargado de simbolismo: el asesinato de Kennedy. Aburridos por el exceso de televisión y amedrentados por la amenaza de los comunistas, buena parte de la población empieza a dar claros síntomas de depresión y de cansancio. La solución para muchos de esos males aparece ese mismo año y surge de la mente de Leo Henryk Sternbach, el creador del tranquilizante más recetado de todo el mundo, que acaba de ser homenajeado 42 años después de su descubrimiento. Nacido en Abbazia, que actualmente pertenece a Croacia, pasó buena parte de su infancia en Polonia y sufrió las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, aunque muy pronto comienza a interesarse por la química y sus aplicaciones para mejorar la salud. Como tantos otros judíos busca refugio en los Estados Unidos para huir de la persecución de los nazis. El más recetado Es en Nueva Jersey, con la colaboración de Lowell Randall y Earl Reeder, donde descubre la benzodiazepina, que va a ser un eficaz remedio contra los desórdenes del sueño y la ansiedad. A través de la compañía Roche se introduce en el mercado en 1960 el Librium, y tres años después el Valium, que se convierte en el medicamento más recetado en EE.UU durante la década de los setenta. En la actualidad es un producto muy asequible, en España su precio es de poco más de un euro. Pero no han faltado las críticas a sus componentes poco naturales y a la dependencia que se puede asociar a su consumo. Los médicos consultados señalan que entre las contraindicaciones figuran los efectos negativos para pacientes con insuficiencia respiratoria; provoca somnolencia, fatiga o depresión, aunque su éxito animó a otras compañías a comercializar otros tranquilizantes que en la actualidad diversas empresas se disputan una golosa facturación en todo el mundo. El fármaco se convirtió desde su puesta a la venta en todo un icono cultural que ha ido perdiendo fuerza, pero que en sus inicios fue todo un símbolo de los tiempos y patologías modernas. Si existe un experto en cardiopatías, recetas, fármacos y otras sustancias psicotrópicas ese es Woody Allen, que en 69 años de vida ha gastado buena parte de su sueldo en psicoanalistas, en clases de saxo y en coleccionar todo tipo de prospectos. Sus personajes, como él, no le tienen miedo a la muerte, pero no les gustaría estar allí cuando eso suceda y pasan horas y horas contemplando la vida desde un diván y buscan algún remedio para esa extraña manía de vivir y convertir a la angustia en parte central de sus cáusticas películas. En Manhatan, su gran homenaje a Nueva York, interpreta a un escritor que malgasta su tiempo trabajando en la televisión y se enamora de la amante de su mejor amigo, que interpreta Diane Keaton. En una escena, cuando el personaje de Mary va a tomar una pastilla, le dice: «Yo de ti no tomaría Valium, ¿sabes? Creo que produce cáncer». La chica le pregunta sorprendida si media pastilla también, y el hipocondríaco escritor añade convencido: «Sí, sí, cáncer de abdomen, me parece», ella vuelve a preguntar: «¿Cuándo se ha descubierto?, Oh, ah¿ es una teoría mía, pero creo que estoy en lo cierto». La fama de los tranquilizantes llega también hasta la música en la década de los sesenta, donde se necesitaba un poco de calma ante tanta turbulencia. Van a ser los expertos en todo tipo de sustancias novedosas, los Rolling, quienes le dediquen una canción en 1966 a la que dieron el nombre de Mother's Little Helper (Una pequena ayuda para las madres). Se refieren a una hastiada ama de casa que cocina un filete para su marido y que desesperadamente necesita algo para conseguir un poco de sosiego: Doctor, please, some more of these . La píldora amarilla y con forma de V, que descubrió hace más de cuarenta años el doctor Sternbach, se había convertido en una forma rápida de combatir el tedio y abrió la puerta para el consumo de antidepresivos entre ellos Prozac, muy popular en los últimos años.