Diario de León

Cómo visitar el museoHabitar por media hora la casa más lujosa del siglo XIX

La casa Sierra-Pambley quedará inaugurada oficialmente el próximo martes, ya convertida en una de las mayores joyas a nivel pedagógico, ornamental y en cuanto a número de visitas, de las que dispone hoy en día la capital leonesa

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MARTA CUERVO MARTÍNEZ | texto
León

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La Casa Sierra-Pambley, situada frente a la Catedral de León, ofrece ocho visitas diarias guiadas durante los meses de julio y agosto (el resto del año sólo se producen siete visitas al día) de cerca de media hora de duración, en grupos de diez personas aproximadamente. Los visitantes además pueden transitar la sala Cossío, que es de acceso libre y gratuito y ofrece al visitante un recorrido por la obra pedagógica de la fundación, iniciada con la decisión de don Francisco de dedicar sus bienes a la creación de las diferentes escuelas en la región leonesa. El horario durante el cual las puertas del museo de la casa burguesa y la sala Cossío permanecen abiertas es de martes a domingo de 10.00 a 14.00 horas durante el horario matinal y por la tarde de 16.00 a 20.00 horas. Los domingos, ambos espacios permanecen cerrados. El precio individual para contemplar las maravillas de la vivienda del siglo XIX es de tres euros; dos para los mayores de 65 años, para los menores de 18 y para los grupos de ocho a diez personas. Desde que el pasado 1 de julio el Museo Sierra-Pambley abriera sus puertas, no ha dejado de recibir visitantes deseosos de descubrir y analizar las instalaciones y objetos que dan forma física (igualmente histórica, de alguna manera) y vida al misterioso caserón que había permanecido cerrado al público desde tiempo inmemorial. Sus más de veinte habitaciones son recorridas por personas interesadas en conocer la vida personal y social de una familia burguesa del siglo XIX. Pero el museo muestra mucho más. Está dividido en dos grandes espacios, la casa Sierra-Pambley y la sala Cossío, no sólo físicos sino también en cuanto a contenido y dinámica. La sala Cossío La sala Cossío, es precisamente un homenaje a la labor educativa del destacado docente Manuel Bartolomé Cossío. En ella se recrea una de las aulas de la época, donde reina el ambiente que se creó gracias a aquella pedagogía liberal con la que se deseaba la regeneración del país, especialmente de las clases más desfavorecidas, a través de la educación. Con este espacio se pretende realizar una semblanza de los cuatro padres de la Fundación: Francisco Sierra-Pambley, Gumersindo de Azcárate, Manuel Bartolomé Cossío y Francisco Giner. Libros de consulta y de lectura, que en la época sustituían a los de texto, eliminados de las enseñanzas; microscopios, probetas, máquinas para hacer el vacío, tubos de ensayo, termómetros, barómetros y demás instrumentales de laboratorio. Métodos audiovisuales y cinematográficos, como una máquina de cine con películas de contenido pedagógico, un praxinoscopio y un estereóstopo o una linterna mágica con colecciones de placas sobre Historia natural junto a láminas francesas explicativas de diversas disciplinas, se completan con materiales recolectados de las excursiones que realizaban para mantener un activo contacto con la naturaleza como rezaba uno de sus fundamentos de la filosofía institucionalista. Todos estos elementos y aparatos forman el conjunto de la puesta en marcha de la praxis creada por Pestalozzi que se pretende dar a conocer al visitante. Los múltiples intentos por cambiar la realidad de un país postrado en el pasado vieron sus primeros pasos gracias a la inspiración protagonizada por este personaje (Pestalozzi) con numerosas disertaciones y posturas pedagógicas. Su obra, construida a partir de esbozos y múltiples ensayos de lo que él llamó una «educación de la humanidad», junto a la disciplina moral, el aristocratismo cultural y la austeridad material fueron los pilares básicos con los que se generaron las distintas creaciones de la Institución Libre de Enseñanza, entre las que destacan de manera significativa la Residencia de Estudiantes, la Junta de Ampliación de Estudios, el Museo Pedagógico y las Misiones Pedagógicas. Es posible que hoy en día estas importantísimas innovaciones educativas de la época parezcan simplistas comparadas con las técnicas pedagógicas modernas; no obstante, el espíritu que inspira su método, lección de la fe en la humanidad, sigue siendo vigente. Las ideas fundamentales de la teoría beneficiada por Pestalozzi son actuales al menos en la sala Cossío del Museo Sierra-Pambley, y su figura será siempre una presencia importante en el panorama de la enseñanza. Uno de los objetivos principales del museo es el didáctico: transmitir a través de la muestra de estancias y objetos cómo se desarrollaba la vida en el siglo XIX. Por este motivo, algunas de las áreas de creación reciente presentan aspectos relacionados con las costumbres sociales, gustos decorativos, la higiene, la iluminación, la calefacción y la cocina. Una de las salas más concurridas, Entre la razón y la fe , ilumina al visitante acerca de la dicotomía a la que se enfrentaban los liberales de la época entre la identidad, las convenciones sociales y las creencias personales. Representantes de esta dualidad son los ya nombrados cuatro fundadores de la fundación. La sala Cossío expone, en resumen, la labor pedagógica del maestro y las diferentes influencias europeas que él mismo adoptó a sus planes de enseñanzas. También muestra la incautación de la Fundación tras la Guerra Civil y su recuperación para un patronato legítimo por don Justino de Azcárate. La casa A pesar del gran valor de los elementos que componen la sala Cossío, uno de los puntos más atrayentes del museo es la casa burguesa, perteneciente a la familia Sierra-Pambley, fiel retrato de esta familia ilustrada del siglo XIX que nunca llegó a instalarse en el impresionante palacete situado frente a la catedral de la ciudad. El plan museológico lo desarrolló la directora del Museo Nacional de Artes Decorativas, Sofía Rodríguez, con el fin de ofrecer al público la información más veraz y de la mejor manera posible. El edificio fue adquirido por Segundo Sierra-Pambley en 1848. Se trataba de una edificación de carácter eclesiástico debido a su ubicación. También en este año realizó una serie de reformas con motivo de su matrimonio con su sobrina carnal y ahijada Victorina, matrimonio que nunca llegó a producirse. Para ella compró algunas de las piezas más antiguas de la platería civil de la zona, como numerosas vajillas y cubiertos; adquirió alfombras en París y Londres, abanicos, telas y juegos de origen oriental de los que se desconocen las reglas. A esta colección de incalculable valor se suma un completo ajuar; cristalerías, ropa de cama, impresionantes lámparas de cristal, cortinajes, tapicerías, plata. Un sinfín de joyas ornamentales que nunca fueron utilizadas. La casa está decorada dentro del gusto neorrococó francés, llegando a utilizar aspectos del estilo historicista, muy moderno para la época, con algunas notas del estilo inglés y adoptando las últimas tendencias europeas. Primera planta En la primera planta, como todas las casas burguesas de la época que contaban con un elevado prestigio, Sierra-Pambley posee una sala de juegos, ocupada en su gran mayoría por un billar, en la que se descubren vitrinas llenas de elementos de distracción provenientes de la China. En ella también se exponen un pool , y otras mesas de juego y entretenimientos como el backgammon y el ajedrez. Lo que actualmente conoceríamos como el comedor, y que durante el siglo XIX se denominaba la sala, estaba destinada a la reunión de amigos y demás visitas comprometidas para celebrar cenas y comidas especiales. También se conocía como el gran salón, al cual se accede tras atravesar una pequeña antesala en la que el servicio ordenaba los platos que se iban a servir y distribuía los quinqués y candeleros. En Sierra-Pambley, este salón recibía el nombre de salón rojo por los impresionantes papeles pintados que decoran sus paredes y que han permanecido casi intactos debido al frío y a la oscuridad que caracterizan una casa deshabitada. Esta grandiosa sala está amueblada con una curiosa rinconera que ocultaba la escupidera y una mesa que llama la atención por su fabricación y detalle: podía extenderse o acortarse según el gusto del propietario y el número de invitados a sentarse en ella, o el espacio que se deseara para la celebración de los bailes. El retrato de dos familiares, Segundo y Felipe Sierra-Pambley, velan por la serena tranquilidad de la estancia. Al igual que en toda la primera planta, que era la parte de la casa destinada -especialmente la entrada principal del palacete- a recibir a las visitas de manera protocolaria, se conservan el mobiliario, los excepcionales papeles pintados, las maquetas y las vistosas cortinas originales que envuelven al visitante en un ambiente totalmente de época, aunque algunas de ellas han sido restauradas. De la sala salen otras dos pequeñas estancias; a la derecha se ubica la sala de fumadores. En ella se reunían los hombres tras la cena. La sillería que conforma la estancia es especialmente cómoda y de origen francés, entre los que destacan los sillones Voltaire. No pasan desapercibidos a los ojos de nadie las moquetas y cortinas que en su día fueron importandas de Inglaterra, ni el suelo, cubierto por una doble tela de origen inglés. La estancia presenta una audaz mezcla de colores. Por otro lado, a la izquierda de la sala se encuentra el lugar destinado para las señoras, la salita azul, a la cual se accede a través de una pequeña puerta con el mismo papel pintado que cubre la pared de la sala . Allí se reunían en torno a un costurero en sillones de colores mucho más delicados. En esta habitación también existe un pequeño escritorio francés denominado La alegría del día que cuenta con una bandeja cubierta de terciopelo sobre la cual se escribían pequeñas notas. Es la habitación de la casa que don Segundo vistió y decoró con más mimo, pues estaba principalmente destinada a quien él deseaba como su futura esposa. Cada rincón está cuidado con el más minucioso de los detalles papeles en plata, tapicerías de seda azul y moquetas florales. No estaba bien visto que hombres y mujeres se relacionaran tras la cena, cada uno de retiraba con sus invitados, del mismo sexo, pues consideraban sus temas de conversación distantes e incomprensibles entre señoras y caballeros. Aún hay más El recorrido por la casa de Don Paco comienza en la planta principal, en el despacho del fundador. A continuación de este lugar de trabajo, se dispone un pequeño baño que tiene la particularidad de acoger el primer retrete que hubo en León, fabricado en el año 1912 y de la marca Vitesse. La austeridad acaba en una habitación de reducidas dimensiones que unicamente cuenta con una cama, y que fue elegida por Don Paco para que se convirtiera en su dormitorio. Es la estancia más fría de la casa debido a su orientación al norte, aunque las vistas que posee son muy bellas. Como toda familia ilustrada, los Sierra-Pambley disponían de una extensa biblioteca en la que se dan cita una serie de obras de escrupulosa selección. Entre ellas es asunto obligado destacar la Enciclopedia de Diderot y el Código de las Siete partidas de Alfonso X el Sabio. Segunda planta La segunda planta, la zona más alta de la casa, sería la destinada a la vida íntima y familiar. En ella se localizan la mayoría de los dormitorios y alcobas, también un gabinete, la sala de música, el tocador y el despacho de don Segundo Sierra-Pambley. Los utensilios destinados al tocador están reconstruidos en una vitrina donde se pretende enseñar la dedicación al aseo masculino. Destacan las cuchillas de mango de marfil. Según cuenta la rumorología, ya que no es un dato contrastado, en una de los dormitorios de invitados, la denominada Alcoba de las columnas , durmió la reina Isabel II. Aunque no se sabe a ciencia cierta, es probable, ya que la casa era una de las viviendas más lujosas y equipadas de la época en León. Rincones con detalle El Museo ha realizado pequeñas vitrinas que exponen detalles curiosos a lo largo de las habitaciones, como la explicada anteriormente dedicada al mundo del aseo masculino. Otra de ellas es una cuidada colección de armas familiares, de caza y de defensa personal. Entre ellas hay fustas y bastones que a simple vista parecen sencillos aparatos de ayuda para caminar pero que esconden en su interior escopetas o estoques. La frustración de su matrimonio hizo que Segundo Sierra-Pambley se ensimismara en el piso superior, dejando en la oscuridad el que habría de haber sido el escenario para su vida social. En uno de los dormitorios se encuentra una de las joyas más atractivas de toda la casa: la Coronación de la Virgen . Se trata de un cuadro de gran belleza y colorido plástico, obra del pintor y artista flamenco Pieter Coeck que data del siglo XVI, del que se desconoce cuándo y cómo entró a formar parte de las propiedades de esta familia ilustre leonesa. Para su exposición fue necesario llevar a cabo un intenso proceso de restauración, que dirigió el Centro Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Simancas. Gracias al proceso de restauración y a las últimas técnicas utilizadas pudo comprobarse cómo el autor había modificado varios trazos y dibujos antes de dar por acabado el conjunto. Otro aspecto curioso era la forma de obtener calor para solventar el frío en un palacete tan sombrío e inmenso. Los criados de la casa contaban con cuatro tipos de elementos que actuaban como máquinas de calefacción: chimeneas, braseros, estufas y salamandras. Otra de las ocupaciones de los criados para el desarrollo armonioso de la vida en el interiror de la casa era el de controlar las luces desde un cuadro destinado unicamente a este fin. Homenaje a la Historia El Museo es además un homenaje a la historia de esta singular y burguesa familia leonesa por un lado, y también a los personajes más destacados de la saga: Felipe Sierra-Pambley (ministro de Hacienda durante el trienio liberal), Marcos (el padre de don Paco), Francisco (fundador de la Escuela de Villablino, a las que siguieron las de Hospital de Órbigo, Villameca, Moreruela de Tábara y León) y Segundo (el tío enamorado de su sobrina Victorina), que tras el rechazo amoroso se refugió en la vida pública y política, fue diputado a Cortes y Senador. Institución Libre de Enseñanza Las ideas de la madrileña Institución Libre de Enseñanza fueron los cimientos en los que Francisco Fernández-Blanco y Sierra-Pambley asentó su creación más grande e importante: la Fundación Sierra-Pambley, cuyas relaciones con la naciente Institución fueron continuas. Para muchas generaciones de alumnos y alumnas leoneses y leonesas, el fundador fue mucho más que un benefactor. Gracias a la ayuda de los otros tres cofundadores de la institución Sierra-Pambley, Francisco Giner de los Ríos, Gumersindo de Azcárate y Manuel Bartolomé Cossío, hizo posible la idea de instalar un centro de enseñanza agrícola y mercantil en Villablino, tierra natal de Francisco Sierra-Pambley. Este antiguo objetivo, convertido ya en una realidad, estaría especializado en las industrias lácteas y fue verdaderamente el germen de la Fundación. En un momento de la historia española donde la población rural era mayoritariamente analfabeta y en el que pocos niños podían dejar de trabajar en el campo para recibir una pequeña lección, la fundación llevó a los pueblos de la provincia leonesa las obras de literatura y pensamiento de vanguardia, sembrando un naciente estilo liberal. Es contradictorio saber que a pesar de este gran nivel de analfabetismo todas las escuelas contaban con extensas y sustentadas bibliotecas abiertas al público. La Fundación Sierra-Pambley llegó, pues, como si de un sueño se tratara para aquellas personas deseosas de recibir estudios que no podían costear, pues ofrecía una educación de calidad y totalmente gratuita, incluso aseguraba la formación continua de sus profesores con becas para estudiar y viajar en las mejores escuelas europeas y de mano de ilustrados en muy variados temas.

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