La savia española de Fidel
Las biografías del lucense Ángel Castro, padre del dirigente comunista, revelan sus aventuras extramatrimoniales y discrepan sobre su comportamiento con sus empleados
Hoy cumple 80 años. No se sabe si su salud le permitirá apagar las velas pero lo que está muy claro es que Fidel Castro Ruz, uno de los estadistas más relevantes de la historia, aguanta. En Láncara (Lugo), donde actualmente tiene un buen número de incondicionales y a su prima Victoria, dicen que es por su savia española. Su padre, Ángel Castro, fue un gallego fuerte que llegó a los 80. La familia lucense actual del comandante la integran los hermanos Victoria, Alfonso y Estelita López Castro, todos ellos primos carnales de Fidel. La primera reside en Armeá de Arriba (Láncara), el segundo, en Barcelona y la tercera en Sarria. Todos ellos son hijos de Antonio López Vázquez y Juana Castro Argiz, hermana del padre del líder cubano. Este matrimonio tuvo diez hijos. Juana, fallecida hace muchos años, fue el ojo derecho de su hermano, que en más de una ocasión pidió a sus hijos Raúl y Fidel que se ocuparan de su hermana de Láncara y realmente parece que cumplieron, porque a la casa de Láncara llegaron, además de numerosas cartas, otras atenciones. Los orígenes conocidos de la familia lucense de Fidel Castro se remontan al año 1679, de acuerdo con un detallado estudio elaborado por el lucense Luis López Pombo, miembro de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía. Este investigador los sitúa en el lugar de Goimil, en la parroquia de Seteventos (Sarria) donde nació Domingo Castro, el Viejo, sexto abuelo de Fidel. Más cercano en el tiempo es el nacimiento del padre de Fidel, Ángel Castro Argiz (diciembre de 1875), uno de los cinco hijos del matrimonio formado por Manuel Castro Núñez, oriundo de San Pedro de Armea y Antonia Argiz Fernández. Manuel, el abuelo del dirigente cubano enviudó joven y se vio en la necesidad de enviar a sus hijos a casa de su padre. La periodista cubana Katiuska Blanco Castiñeira escribió en el año 2003 la biografía oficial de la familia del comandante en la que Láncara y Ángel Castro tienen especial protagonismo. En ella se publican fotos propiedad de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado de Cuba, alguna de las cuales se reproducen en el presente reportaje. En dicha biografía, se cuenta que Ángel Castro estuvo en Armea hasta los 14 o 15 años. A esa edad se fue a Madrid a vivir con su tía Justina. Trabajó en una panadería y pronto volvió a Lugo porque andaba ya en época de mili. Por aquel tiempo, 1898, Cuba estaba inmersa en una guerra de independencia y el de Armea se fue a la contienda sustituyendo a un joven coruñés de familia acaudalada que le pagó 1.000 pesetas para que le sustituyera en la batalla. Acabada la guerra, Ángel volvió a Láncara hasta que en diciembre de 1899 regresó a la isla. Inicialmente se estableció en Camajuaní, un pueblo pintoresco de Las Villas, pero por poco tiempo, porque finalmente acabó estableciéndose en Birán (Mayarí), en el oriente cubano. Allí se hizo un gran terrateniente. Según la biografía oficial, fue un hombre «imponente, con prestancia y autoridad» e incluso bondadoso con quienes trabajaban para él, pero no falta quien escribiese que se trataba de un terrateniente tirano con fama de implacable y violento con sus trabajadores. En 1906 abrió El progreso , una fonda ultramarinos, cercana a dos centrales azucareras. En la tienda vendía comestibles españoles y en ella se enamoró de su primera esposa, María Luisa Argota Reyes, cuando ésta entró a comprar una caja de bombones. Se casó con ella en marzo de 1911. Tuvieron cuatro hijos, pero entre la pareja hubo crisis por cuestiones de infidelidad. La biografía oficial reconoce que María Luisa maldecía en ocasiones a su esposo «en su etapa de gallo fino, reprochándole sus tardanzas y preparando venganzas cuando él regresaba tarde de andar con amores pasajeros». Otros investigadores no se anduvieron con rodeos y aseguraron que Ángel se enamoró de una joven sirvienta, Lina Ruz González y con ella tuvo una relación extramarital. Posteriormente sería su pareja definitiva, con la que tuvo cuatro hijos, entre ellos Raúl y Fidel. Hay al menos un pasaje en el que las biografías no coinciden. Las extraoficiales dicen que la legítima esposa del de Láncara le planteó el divorcio y le reclamó la mitad de las tierras, que eran muchas. Al parecer Ángel simuló estar arruinado y traspasó sus posesiones a uno de sus socios. De esto la biografía oficial no dice nada. Tampoco refiere lo que recogen otros investigadores, que dicen que Ángel, para acallar rumores y ocultar la existencia de los hijos ilegítimos, entre ellos Fidel, los mandó a vivir con amigos. Lo cierto es que el de Láncara no pudo casarse oficialmente con Lina hasta el 26 de abril de 1943 cuando él tenía 77 años. Lo que sí cuenta la historia oficial del padre de Fidel es que éste se instaló en Birán por su gran parecido con Galicia. Ángel sentía pasión por plantar cedros y también por comer naranjas espolvoreadas con bicarbonato que dejaba en la ventana para que cogieran el rocío. En cierta ocasión le aconsejaron dar zumo de naranjas a dos de sus hijos que estaban enfermos, pero no las tenía. A raíz de haber tardado en conseguirlas, ordenó que se plantasen cientos de naranjos en una de sus fincas. Tuvo grandes extensiones de terreno y centenares de trabajadores. En los años 20 llegó a poseer 80 bueyes, 22 toros, 98 vacas, 44 crías, 47 novillas y 7 caballos. Aunque le tocó dos veces el gordo de la lotería pasó por momentos económicos delicados. Presentó suspensión de pagos en varias ocasiones debido a los bajos precios del azúcar. Falleció en 1956 sin poder ver ni a Fidel ni a Raúl, que preparaban desde México el desembarco de Cuba y a los que en su día mandó a e estudiar a los Jesuitas y a La Salle, en Santiago de Cuba.