Diario de León

COMER CON LOS OJOS

Crónica de una muerte gastronómica anunciada

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León

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|||| La cocina de siempre, la de nuestras madres, la de nuestras abuelas, la que atesoramos como oro en paño en el mejor rincón de nuestros recuerdos, está a punto de desaparecer. La mujer era tradicionalmente la guardiana de este cúmulo de sapiencia culinaria, ella era la que recibía de sus ancestros ese ramillete de recetas que luego se encargaba de transmitir a sus descendientes. Pero la mujer se ha incorporado al trabajo fuera del hogar, con lo que ha dejado de pasarse las horas muertas ante los fogones, haciendo aquellos guisos maravillosos que ponían un sabor característico en la memoria de la familia. Esto no es bueno ni malo, pero es tan triste como inexorable. Es una manera como otra cualquiera de perder unas important4es señas de identidad. La comida rápida, la que viene pre-cocinada, la que se hace en unos minutos cuando la familia llega del trabajo con hambre y sin tiempo, es igual aquí, en las muy históricas e ilustres tierras de León, que en los calurosos y no menos historiados valles andaluces. Se muere la cocina de todas y cada una de las regiones españolas, un recetario al que se había llegado a través de innumerables vueltas y revueltas, para conseguir lo más apropiado al clima y a la personalidad de los habitantes de cada región. Son muchos años de experimentación, de desarrollo de un plan alimentario perfectamente adaptado a cada rincón de la geografía nacional, para el que no habían hecho falta las universidades, ni los sabios dietéticos, lo que se irá definitivamente al garete en estos principios del siglo XXI. Y no vale hacer recopilaciones de recetas, de nada sirven las jornadas sobre cocina tradicional, ni los estudios, que ahora sí, se están haciendo en las diferentes universidades. La vieja cocina quedará en los libros como una curiosidad histórica, pero se perderá definitivamente su empleo. Nuestros hijos no tendrán un espacio en su memoria dedicado a esos condimentos, a esos sabores y aromas que a nosotros nos hacían recordar nuestra casa sin necesidad de verla. Todos los hogares serán uniformes, marcados por lo que las multinacionales hayan decidido que deba ser nuestra dieta. Una lástima que se pierda la memoria histórica de la gastronomía¿ pero es inevitable, es uno más de los impuestos que debemos pagar al progreso. Por algo estamos en el tiempo del pleno empleo y de las ollas a presión súper-rápidas.

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