ALTERNATIVAS
El ensayo latinoamericano
|||| A diferencia de Asia y África, América Latina y el Caribe se erige como un subcontinente que podría gozar de mayores posibilidades de salir del pozo del hambre en un periodo prudencial de tiempo, pero los indicadores actuales se empeñan en contradecirlo. Vivero, representante de la FAO en la región, consideró factible la posibilidad de erradicar la hambruna en la zona teniendo en cuenta los recursos humanos de que dispone, su desarrollo institucional y sus infraestructuras en algunos puntos. Si bien, agregó, la ayuda prioritaria debería destinarse a los países más pobres, como Haití , Honduras, El Salvador, República Dominicana, Ecuador, Nicaragua, Bolivia y Guatemala. Actualmente, se registran 52,4 millones de hambrientos y nueve millones de niños con desnutrición crónica en la región. La FAO estima que el costo de las inversiones para erradicar el hambre son «notablemente menores» que los costos directos e indirectos que acarrean los millones de desnutridos. Latinoamérica y el Caribe en su conjunto registran progresos en el mejoramiento de sus indicadores relacionados con el hambre, ya que la subnutrición, la desnutrición global y la desnutrición crónica infantil han mejorado. Entre 1992 y 2004, la región redujo en siete millones el número de personas subnutridas, aproximándose al cumplimiento del primer Objetivo de Desarrollo del Milenio (6,7% de subnutrición para el 2015). La producción de alimentos en la región, en el bienio 2001-2003, excedió en un 30% las necesidades de proteínas y calorías de la población total. Sin embargo, el objetivo de la Cumbre Mundial de Alimentación (Roma, 1996) de reducir a la mitad el número de personas hambrientas para el 2015 se vuelve cada vez más inalcanzable. Y es que, de continuar las tendencias actuales, en vez de 30 millones de subnutridos (la mitad de los estimados en 1996), esa cifra se situaría en 41 millones. Según estimaciones del Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas para América Central y República Dominicana, los costos derivados de la desnutrición infantil equivalen a 6,659 millones de dólares (6,4% del PIB de la región), con un rango entre 2% y 11% del PIB en función de los países. Este costo se genera por mayores gastos por tratamientos de salud, ineficiencias en los procesos educativos y menor productividad. Los datos de la FAO anotan que el costo de las inversiones totales para erradicar el hambre en la región son «notablemente menores» que los costos directos e indirectos que acarrean los millones de desnutridos.