En Roma los pleitos urbanísticos ya son tan eternos como la ciudad El proyecto de aparcamiento en el pincio une a urbanistas y ecologistas
Con el paso de los años los romanos han llegado a la conclusión de que los políticos, sean del partido que sean, son incapaces de compaginar el respeto a la historia y la búsqueda de soluciones para una urbe moderna
Vivir en una ciudad como Roma no es fácil, pero aún más difícil es para sus administradores planificar y ejecutar nuevas ideas urbanísticas que no entren en colisión con la historia. La eterna lucha entre conservar e innovar se convierte en la ciudad eterna en una realidad de la que es difícil escapar. Si se trata de excavar para realizar el metro, raro será que en el subsuelo no se encuentren restos romanos y, así, tan solo dos líneas subterráneas atraviesan la ciudad mientras las obras de las tercera avanzan con mucha dificultad. Arte y vida moderna son elementos difíciles de conjugar. Ya Benito Mussolini se enfrentó a la ciudad con la construcción, entre otras, de dos polémicas avenidas: la vía del Foro Imperial, que unía el Coliseo con la plaza Venecia y lo abría a una gran perspectiva, y la vía de la Conciliación, que supuso la destrucción de gran parte del barrio del Borgo en torno a la basílica de San Pedro. Intervenciones que hoy forman parte del paisaje romano. Los magníficos monumentos del Imperio, las impresionantes iglesias barrocas y las románticas plazas conviven con dificultad con el tráfico que cada día. Los romanos sufren en su piel los problemas que supone ir a trabajar, hacer la compra o simplemente moverse por una ciudad histórica que muchas veces es incompatible con la frenética vida de hoy, como bien sabe su alcalde desde hace seis años, Walter Veltoni, hoy también secretario general del nuevo Partido Democrático Italiano. Críticas por doquier Entre las obras públicas que más discusiones han originado se encuentra el nuevo edificio que acoge el altar del Ara Pacis, heredado de la anterior gestión municipal de Francesco Rutelli, hoy ministro de Bienes Culturales, que se lo encargó en 1995 al arquitecto americano Richard Meier sin concurso previo. Tras sufrir numerosos cambios en su proyecto original, problemas técnicos y un aumento considerable de costes, el pasado año finalmente fue inaugurado en medio de una ruidosa tormenta de críticas. Si la anterior envoltura realizada en época de Mussolini era fea y poco atractiva, esta no deja insensible a nadie. La moderna construcción de mármol, acero y cristal simplemente está fuera de sitio en el centro de Roma. La primera crítica que le hacen es que quita la vista a dos iglesias barrocas. |||| Si las discusiones sobre el Ara Pacis parecen haber remitido, no ocurre lo mismo con otros proyectos. El que más está dando que hablar es la construcción de un aparcamiento subterráneo de siete pisos bajo la terraza del Pincio, el jardín que precede a Villa Borghese y que se asoma sobre plaza del Popolo, ofreciendo uno de los más sugestivos paisajes de Roma. La oposición al proyecto -encabezada por asociaciones como WWF (World Wide Foundation) e Italia Nostra-, alega que la construcción de las 719 plazas de estacionamiento destruirá importantes restos arqueológicos, además de las rampas de acceso a la terraza. «Fealdad criminal» En el caso de los ascensores el culpable es el Ministerio de Bienes Culturales y su titular, Rutelli, que el pasado junio inauguró los elevadores -desde los que accede a la terraza del monumento- en compañía del presidente Giorgio Napolitano. Los elevadores han sido denostados porque constituyen un «proyecto indecente» y una «fealdad criminal». Los proyectos faraónicos no terminan aquí: En el Foro Itálico, el complejo deportivo creado para las olimpiadas de 1960, se proyecta un nuevo campo de tenis, mientras en la espléndida Villa Ada, ex residencia de Mussolini, se pretende construir un edificio subterráneo que destruiría parte del jardín. Mientras tanto, el plan urbanístico de Roma, que es algo básico para los barrios donde desde hace años se construye sin orden, espera la aprobación del Gobierno regional.