Un recuerdo al legadoindustrial La farmacia, nueva atención social a la clase obrera

Hacia 1840, algunos pensaron en traer a España los adelantos técnicos que surgieron en Europa. Era la Revolución Industrial. Sabero fue pionero

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LARA TRASOBARES | texto
León

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Sabero se convirtió, allá por 1840, en la localidad española que albergaría la primera industria siderúrgica del país. En tan sólo dos años, este pequeño pueblo a los pies de los Picos de Europa, que basaba su economía en la producción agrícola, logró ponerse a la altura de otras poblaciones europeas. Hoy, 168 años después, el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León pretende homenajear a quienes creyeron que era posible traer a España los adelantos técnicos que se estaban desarrollando en Europa. En barco hasta Gijón, y en carro hasta Sabero, transportaron la maquinaria necesaria desde Inglaterra, que luego colocarían en una gran nave de piedra y ladrillo, la Ferrería de San Blas, y que ahora alberga el museo. Pero no es sólo una referencia a la industria siderúrgica. Es mucho más. Como dice el director, Roberto Fernández, «son varios museos en uno». Y es que la visita se divide en varias etapas. Arquitectura neogótica La primera de ellas se centra en la exposición de cómo fue construida la nave de forja y laminación, también conocida como la plaza cerrada. Qué instrumentos, herramientas y materiales fueron necesarios para construir algo que, en 1991, sería declarado Bien de Interés Cultural. La ferrería constituye el conjunto arquitectónico más excepcional de toda la cuenca de Sabero, tanto por la magnitud del espacio como por su estructura formal. Actualmente tiene una planta rectangular y tres naves de sección basilical. La central se modula a partir de una secuencia de arcos apuntados que se asientan sobre bases cuadradas y soportan una cubierta cerámica a dos aguas. Los arcos de las naves laterales son de medio punto y actúan como contrafuertes de la nave central. El objetivo al proyectar la nave central era conseguir una superficie libre en la que situar la maquinaria de forja y laminación, y reservar las laterales para los hornos. Una segunda etapa consiste en un recorrido por la historia de lo que fue el Valle de Sabero: su nacimiento, la formación de los núcleos de población o algunas de las herramientas propias con las que las gentes de la zona trabajaban sus tierras. Este valle, evolucionó de una comunidad rural a la industria minero-siderúrgica, motivada por la llegada de los ingleses hacia 1830, que necesitaban el carbón para abastecer sus fábricas. Fue un proceso largo, pero inspirado en el objetivo de hacer llegar a España la Revolución Industrial. En una tercera etapa, los visitantes al museo se pueden hacer una idea de cómo funcionaba, hace más de siglo y medio, una siderurgia moderna que trabajaba mediante unos altos hornos de cok (el cok es un combustible obtenido de la destilación de la hulla, calentándola a temperaturas muy altas en hornos cerrados) y un taller de forja y laminación con las más avanzadas tecnologías del momento. Recordemos que era la primera que se implantaba en España, lo que supuso una gran bolsa de empleo y también una importante oleada de inmigrantes que vinieron a trabajar a tierras leonesas para esta industria. Su llegada exigió la creación de viviendas, comercios, e incluso una farmacia que además servía de consultorio para aquellos obreros que sufrían algún percance durante la jornada y que hoy se ha reformado como un espacio más de la exposición. Y por último, una cuarta etapa centrada en la minería. Y es que el gran sueño de la industrialización duró poco. Los fuertes contratiempos económicos y políticos que convulsionaron el reinado de Isabel II provocaron el cierre de esta gran factoría en tan sólo díez años, con lo que la implantación de la minería del carbón fue la única forma de producción industrial desde entonces. Ya en la década de 1830 había cierta actividad minera en el valle de Sabero, de la mano de una empresa británica. Pero no sería hasta los años cuarenta cuando se instalaran los primeros altos hornos a la inglesa en España. En 1847, comenzó a fabricarse hierro en un alto horno de cok, y en 1860 se inauguraba el segundo para mantener, ya de forma intermitente, su producción hasta el cierre definitivo de la fábrica en 1862. Por ello, esta última fase recoge una serie de utensilios y herramientas que serían utilizados por los mineros a lo largo de las distintas épocas, para aportar un conocimiento, si no profundo al menos general, de cómo era la vida de un minero y cómo llevaba a cabo su trabajo. Las maquetas ilustran cómo fue en su tiempo la ferrería; hay reproducciones exactas a escala real, y ubicadas en el mismo lugar donde estuvieron antaño, de las más importantes máquinas allí utilizadas e incluso objetos recuperados de la época. Todo ello consigue trasladar al visitante a un tiempo en el que Sabero latía con fuerza. El museo pretende ser un reclamo para el turismo, en un intento por revitalizar una zona que, con el paso de los años y las migraciones a las ciudades, ha ido perdiendo fuerza. De momento, parece que las espectativas sobre el número de visitantes (unos 25.000 al año) no sólo se cumplen sino que, incluso, se superan. Actividades Son muchas las actividades que el museo albergará en los próximos meses. De momento, las que ya se han llevado a cabo, como una serie de conferencias sobre la ferrería y su pasado, han gozado de gran expectación. La próxima exposición es Paisajes. En torno a la colección del Musac , que tendrá lugar desde el día uno de agosto al 28 de septiembre del 2008. Esta exposición recoge una selección de obras en las que algunos de los principales artistas del cambio de siglo se atreven a la representación plástica de la naturaleza. Según la organización de la exposición, «comienza haciendo especial hincapié en la huella del hombre sobre el entorno natural, y desemboca en un mirada de corte más poético, con la cual el paisaje se convierte en una recreación onírica a través de la mirada del artista». La azotea del edificio es el punto culminante de esta exposición. Los viernes y sábados de agosto, de 22:00 a 0:00 horas se podrá contemplar la obra Eye Catching 6 , de Jennifer Steinkamp, en el exterior del museo. Entre 1857 y 1859 se creó en Sabero, de la mano de uno de los miembros de una familia de boticarios, la primera farmacia. En una finca cercana, el boticario cultivó una jardín botánico de plantas medicinales que utilizaría para elaborar sus medicinas. El hecho de que la farmacia estuviera ubicada dentro del complejo de la ferrería la dotó de vital importancia puesto que, entre otras cosas, supuso un gran avance en «el concepto de atención social a la clase obrera», como explica el director del museo, Roberto Fernández. Y es que las nuevas formas de trabajo constituían un gran avance, pero también comportanban importantes riesgos como quemaduras, heridas, intoxicaciones o lesiones. El boticario, Don Fructuoso Martínez Rojo, aplicaba los tratamientos que previamente había elaborado a partir del cultivo de sus plantas curativas. Hoy en día, aún se conservan muchos de los utensilios que él utilizaba para aplicar los tratamientos, y lo que fue la farmacia se ha establecido también como parte del museo. La vuelta al pasado Algunos de los elementos son auténticos de la época y otros se han reproducido de manera idéntica a como eran antaño. En cualquier caso, una vez más, el museo logra transportar a las gentes que lo visitan al pasado, sobretodo a aquellos hombres y mujeres que, cuando eran niños, conocieron la farmacia regentada por los descendientes del famoso boticario.

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