«Las mujeres de la cárcel tienen mucho que decir a las de fuera»
María Galindo es miembro del movimiento boliviano Mujeres Creando que tiene como objetivo impulsar el cambio social entre las mujeres utilizando la creatividad como arma. Esto es lo que ha trasladado a las presas de Villahierro en su visita a L
|||| Impulsar el cambio social y acabar con el sistema patriarcal trabajando el valor de la palabra. Ese es el objetivo de Mujeres Creando, un movimiento social boliviano que ha traído a León una de sus representantes, María Galindo, de la mano del Musac. Precisamente esas premisas fueron las que trasladó a las presas de la carcel de Villahierro, en Mansilla de las Mulas, esta misma semana, dentro del compromiso del Deac (Departamento de Acción Cultural) del Musac de vincular a artistas de la colección del museo con el proyecto de la revista Hipatia, que realizan las presas del módulo femenino del centro penitenciario.
La de Masilla es la primera cárcel española que visita en su viaje por distintas partes del mundo para trasladar su mensaje de lucha por la libertad y contra el mutismo de la mujer. «La reclusión forma parte del hecho de ser mujer en muchas sociedades, nuestras madres, por ejemplo, pertenecen a esa generación donde domina la falta de oportunidades», señala.
«En la prisión existe también una condición política y nos interesa trabajar este tema. Las mujeres que están en la cárcel tienen mucho que decir a las de fuera en cuanto a temas de violencia de género y las pocas oportunidades de empleo femeninas», explica Galindo.
Define Mujeres Creando como un «movimiento de mujeres feministas autónomas e independientes de partidos políticos, oenegés o religiones», basado en la heterogeneidad y que hace de la creatividad su elemento de lucha, aunque «no somos mujeres artistas», matiza.
En Bolivia son conocidas como «agitadoras callejeras» desde que se pusieron en marcha en 1992 para denunciar las desigualdades de género y la opresión femenina que existe en el país. Forman un grupo de una veintena y allí hacen del graffiti una de sus principales armas y de la televisión una forma de llegar a las mujeres. «La idea surgió como una manera de hacer crítica a la izquierda boliviana de entonces y a la servidumbre política a la que están expuestas las mujeres», agrega.
«Quiero intercambiar saberes conellas, porque nos une la mudez. En la cárcel, esta mudez a la que nos vemos sometidas las mujeres es doble porque, al hecho de estar encerradas se añade que ellas mismas asumen su mutismo», afirma María Galindo.
Explica que, en Bolivia, el cien por cien de las presas son pobres y, muchas de ellas, mulas del narcotráfico (mujeres que acuden al tráfico de drogas, generalmente desempleadas, agobiadas por la miseria o madres solteras que recurren a él como medio de sacar adelante a sus familias). Suelen ser un eslabón de una cadena muy larga dominada por los grandes «narcos». Pero son ellas las que pagan entre rejas.
«El Gobierno no ha sabido ni ha tenido ganas de trabajar este tema», denuncia Galindo. Asegura que «algo está pasando» cuando en las visitas a las cárceles son largísimas las colas para visitar a los presos y apenas existen en el caso de las presas. «Simplemente son desechadas por ser mujeres», aclara.
La puesta en marcha de la revista Hipatia le parece «una idea muy buena» y asegura que «es muy importante que este proyecto lo desarrolle un museo y no un trabajador social porque éste último crea cierto rechazo en las cárceles». Está convencida de que el arte ayuda «porque es un elemento para reinventar su vida», sin embargo cree que la prisión «es un elemento represorio que no proporciona justicia, pero en el que se desarrolla una forma de colaboración entre las mujeres que da pie a un sentimiento de solidaridad.
«Sólo desde la creatividad, las mujeres entre rejas pueden reinventarse porque, a través de ella desarrollan una fuerza expresiva, por eso Hipatia puede ser indispensable».