Diario de León

«Cazatesoros»a golpe de GPS

Una decena de grupos participan activamente en León en el Geocaching, la moderna búsqueda de «tesoros» que en menos de una década se ha expandido por todo el Planeta de la mano de las nuevas tecnologías y especialmente del GPS

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León

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|||| Es un afán que está presente en el hombre desde tiempo inmemorial. En la literatura, en el cine. Quién no ha soñado con encontrar un tesoro. Las nuevas tecnologías lo han puesto al alcance de cualquiera que tenga ganas de vivir una aventura sana, porque eso sí, los nuevos buscadores de tesoros no están guiados por la codicia, sino por las ganas de vivir un emocionante episodio a la vez que engrasa un poco las «bisagras». Hoy son miles de personas en el mundo las que emplean su tiempo libre en dedicarse a la caza de tesoros, o «cachés» como lo denominan en su argot.

Todo surgió en el año 2000, cuando el Gobierno de Estados Unidos eliminó de sus satélites un error de posicionamiento intencionado derivado de los afanes de seguridad nacional. Desde ese momento, y a golpe de GPS, es posible localizar un punto exacto en el planeta. Esa posibilidad llevó a David Ulmer a crear lo que hoy es denominado Geocaching al proponer a través de un foro de Internet sobre GPS la búsqueda de un tesoro en un monte utilizando la tecnología de localización que facilitan los satélites.

La idea se extendió rápidamente por todo el Planeta y hoy son miles de personas las que se lanzan a la aventura de colocar o buscar los tesoros. Pero lejos de los afanes que llevaron otros tiempos al hombre a buscar El Dorado, las tumbas de faraones, el Grial o los tesoros de los piratas, el Geocaching es hoy un deporte, en el que la única meta es pasárselo bien acompañado de amigos o en familia.

En la ciudad de León hay una decena de grupos que participan activamente en el Geocaching y tanto en la capital como en el entorno hay colocados tesoros, junto a los que pasan a diario los ciudadanos sin sospechar nada. Pero en el resto de la provincia también están surgiendo constantemente nuevos aficionados.

El juego comienza con la colocación de ese tesoro o caché, en el que nunca hay objetos de valor. Esa es una de las muchas normas que existen en este juego que pretende no dañar nunca la naturaleza, huye de generar peligros a las personas y sólo pretende divertir. Cuando el caché ha sido colocado se difunden a través de las páginas de Internet centradas en ese juego las coordenadas para que otros grupos inicien la búsqueda. En principio podría parecer fácil, pero no lo es tanto como parece, porque aunque uno esté cerca de las coordenadas, los últimos movimientos hasta encontrar el lugar exacto son complejos y también la localización del tesoro, que obviamente no está a simple vista.

Cuando un jugador encuentra el tesoro no se lo lleva, sino que debe devolverlo al lugar donde lo encontró para que el resto de internautas puedan localizarlo. Eso sí, lo habitual, es apuntar el triunfo en un papel que está incluido en el tesoro e incluso dejar algo de recuerdo, y sacarse una foto en el lugar para colgarla en la Red para exhibir el triunfo.

En ocasiones incluso se convocan «quedadas» en algunos puntos de España, donde se reúnen un buen número de aficionados al Geocaching para realizar auténticas maratones.

El juego lo dirigen y lideran adultos, pero en las familias que se apuntan a este deporte novedoso los más pequeños lo viven con auténtica pasión.

Un tesoro normal es una caja donde se almacenan objetos. Pero también existe otro tipos de tesoros como los multi-caché, que son juegos más elaborados, ya que cada uno va facilitando las coordenadas de otro para ir avanzando en la aventura. En ocasiones los tesoros lo que facilitan es un espacio natural de singular belleza para que el buscador pueda disfrutar de ese paraje.

Pero ese es uno de los atractivos del juego. Nunca se sabe lo que habrá en el tesoro. En ocasiones hay figuritas de plástico, pulseras, llaveros, pegatinas, fotografías, o cualquier sorpresa -”eso sí, siempre de buen gusto-”. Si hay algo que al buscador le gusta especialmente podría llegar a cogerlo, pero está obligado a dejar algo de igual o superior valor, aunque en muchos foros se considera que el valor máximo de un tesoro debe ser siempre inferior a los diez euros. El elemento que no suele faltar en un tesoro es una libreta y un bolígrafo, para que cada jugador pueda registrar su paso por allí, a la vez que lee lo que otros han dejado.

En principio para jugar a este singular deporte se necesita tiempo, un GPS y un poco de habilidad, que incluso se va adquiriendo a medida que se va llenando el «zurrón» virtual de tesoros.

Estos tesoros pueden estar escondidos en todo tipo de lugares, porque al final el juego depende de la originalidad del que lo idea. La mayoría se esconden en puntos singulares o emblemáticos de las ciudades o en plena naturaleza en zonas donde el acceso no tiene mayor complicación, cerca de senderos o caminos de fácil acceso. Pero para los que ya llevan un tiempo metidos en esta aventura existen posibilidades más complejas, en áreas de media/alta montaña e incluso alguno en zonas de escalada.

En León, uno de los participantes es un auténtico «ingeniero» que crea mecanismos no peligrosos, pero sí muy singulares para encontrar el tesoro, que esconde en un lugar para que aparezca a través de algún tipo de mecanismo que debe adivinar el buscador.

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