VW Scirocco, que veinte años no es nada...

Veinte años después... el viento del desierto vuelve a los catálogos de Volkswagen. Un coupé de corte deportivo, con el ADN del nuevo Golf VI, cuatro plazas, amplio maletero y un impecable comportamiento dinámico. Nuestra unidad de pruebas, gas

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León

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|||| Donde el corazón pesa más que la razón. El viento sahariano ha dado en la diana con el Scirocco III, heredero por vía directa de aquellos otros pioneros de hace dos décadas y de aquel Corrado firmado por Karmann que, hasta la fecha, ha sido el último coupé compacto en los catálogos de VW.

Práctica y divertida, la actual reinterpretación que hace Volkswagen del viento del Sahara que cruza el Mediterráneo para calentar el sur de Europa... y, eso espera el fabricante, las cuentas de resultado de un segmento escasamente concurrido, se declina hoy en una estética de lo más sugestiva: morro en cuña y zaga truncada, la regla de oro estilística para cualquier coupé que se precie.

A nadie se le oculta que el de los coupés es un segmento para conocedores apasionados, dispuestos a «sufrir» alguna que otra incomodidad y, paralelamente, a disfrutar con «su» automóvil. Este es el caso del resurgido Scirocco: un coche para disfrutar conduciendo.

Si la clave del impacto visual se encuentra en una generosa anchura de «hombros», acompañada de un techo descendente y de un también generoso equipo rodante, que hace que el coche parezca aún más pegado al suelo y con sensación de automóvil aplomado, tal sensación se confirma una vez el conductor se pone al volante.

Las generosas vías (1,59 metros delante y 1,57 detrás) ya anuncian excelentes condiciones dinámicas que, en el caso de nuestra unidad de pruebas, se confirman al primer golpe de manivela : por racionalidad y utilidad práctica, el Scirocco 1.4 TSI (160 CV) resulta ser un deportivo para uso diario, con cuatro auténticas plazas (el fabricante no ha querido «engañar» con la propuesta de una hipotética quinta plaza) y un maletero bien capaz. Eso sí, habrá que sufrir la dichosa galleta de repuesto, sin ni siquiera la posibilidad -“aunque fuese opcional- de un kit de reparación de pinchazos o, mejor, una rueda de repuesto de medida normal. En fin... algo tenía que tener.

El tetracilíndrico multiválvulas de inyección directa (gasolina) y con la sobrealimentada firma de Eaton, que rinde 160 CV con sólo 1.4 litros de cilindrada y 5.800 vueltas de régimen máximo, resulta ser la clave de las bondades dinámicas que atesora nuestro protagonista: ágil y nada «ávido» en consumo y emisiones, este motor se convierte en un excelente aliado para un chasis equilibrado, unas suspensiones con el compromiso justo de firmeza entre deportividad y confortabilidad, unos frenos que cumplen sobradamente con su función, una dirección que, con la perla de un volante achatado en su polo inferior -“al más puro estilo deportivo-, guía perfectamente el tren motriz y, en consecuencia, hacen del Scirocco un coche homogéneo y fácil de conducir.

Es verdad que los 160 CV, con ser una cota suficiente, tampoco es que «anden» demasiado sobrados para la romana que tienen que mover (casi 1.300 kilos); con todo, la potencia cumple: 8 segundos (escasos) para acelerar de cero a cien y 218 por hora de punta (nunca en carretera abierta... por descontado). Prestaciones que, como el lector ya habrá supuesto, propician una evidente agilidad en las maniobras de adelantamiento. Los 6,6 litros de media de consumo homologado (algo más de 600 kilómetros sin repostar) son otro punto a favor.

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En suma, el Scirocco, con una también buena ergonomía en el puesto de conducción y en la plaza delantera del acompañante, resulta ser una excelente opción de compra para quien guste de un coupé «de siempre», para disfrutar con su estética y con su dinámica. Ya saben... que veinte años no es nada ... salvo para avanzar en el disfrute automovilístico.