Antonio Vega: Pasó un ángel
El Madrid más libre, cultural y callejero rindió homenaje al creador de «Chica de ayer». Una plaza en su honor, en el barrio de Malasaña, dejará su nombre para siempre en las calles de la capital
|||| La leyenda es libre y Antonio Vega aprendió a vivir con ella cuando no tenía intenciones ni de ser un mito, ni de pasar a formar parte de ningún Olimpo, ni de dejar una huella perdurable que no fuera más allá de sus canciones. «Salir, tocar, para verte sonreír. Coger al vuelo el sentido de vivir», cantaba Antonio, así de simple, para que algunos analistas, luego, y tal vez para ganarse el sueldo, encontraran significados de autodestrucción u homenajes a las drogas que él negaba y confesaba no haber contemplado ni en el principio de la creación. Nunca hizo alarde ni apología, ni mostró orgullo alguno, y sí, en cambio, a su manera, dejó entrever que ojalá muchas cosas no hubieran sido como fueron. Una vez, en una entrevista con Iñaki Gabilondo, confesaba que en sus años de juventud le gustó mucho el atletismo y que, ante la cuestión de la incompatibilidad de esta actividad con vidas poco recomendables, si le hubieran dado a elegir, si hubiera podido, hubiera escogido el deporte.
Otra mañana, al mismo periodista, lo dejó tirado con la palabra en la boca porque no fue al estudio. Otros artistas hubieran pagado por estar en ese programa. La emisora había anunciado a bombo y platillo su presencia.
Pero la leyenda es libre y ya está aquí. Ya hay quien dice que Antonio Vega les dijo a sus padres, poco antes de fallecer: «No me quiero morir». Y que cuando ingresó en la Clínica Puerta de Hierro, ante la preocupación de los demás, él era el que daba ánimos: «He salido de otras peores». Antonio Vega, al que muchos considerábamos inmortal, comenzaba a serlo de una vez por todas.
La mala noticia corrió como la pólvora y saltó de sms en sms, de telefonazo en telefonazo, mientras los noticieros se hacían eco de una realidad que, desde hacía dos semanas, su familia asimilaba: Murió Antonio Vega Tallés (Madrid, 1957), creador, voz y guitarrista esencial del pop español reciente. Autor capaz de emocionar en los garitos de Malasaña y en los palacios de congresos de las capitales de España. Pop de barrio y de salón.
Antonio Vega, compositor genial, y fundador, junto a su primo Nacho García Vega, de Nacha Pop, grupo fundamental de los años 80, deja un legado en forma de canciones a las que les sobran comentarios: El sitio de mi recreo , Lucha de gigantes , Una décima de segundo , Cada uno su razón , Persiguiendo sombras , Esperando nada , Se dejaba llevar por ti , Alta tensión , Magia y precisión , Vidas agridulces , Antes de que salga el Sol -¦ y una tal Chica de ayer , su canción más reclamada y de la que nunca se despegó por respeto a su público, son sólo una muestra de una monumental carrera marcada por las secuelas de la vertiginosa y loca década de los 80.
El músico madrileño había comenzado a sentirse mal hace aproximadamente un mes. Y, hace unos veinte días, al sufrir graves dificultades respiratorias, se puso en manos de los médicos para tratar lo que aparentemente era una neumonía. Tal y como ha declarado su entorno más cercano, al conocer que se trataba de una dolencia más grave, un cáncer de pulmón, mantuvo el ánimo ante la posibilidad de que se pudiera realizar una operación de urgencia. Pero, tras entrar en estado crítico, Antonio Vega falleció a los 51 años, en la madrileña Clínica de Puerta de Hierro. Con Nacha Pop, grupo recuperado con su primo Nacho García Vega, y en sus múltiples proyectos en solitario, tenía una agenda plagada de actividad y se encontraba en un periodo creativo en el que ultimaba un buen puñado de nuevas canciones.
La muerte de Antonio Vega, noticia relevante no sólo en el mundillo del pop español sino en la música en general, dada su capacidad para llegar al gran público, hizo que todos los medios rescataran de su archivo sonoro y discográfico gran parte de su obra y de sus apariciones en público. Pese a no ser nunca un superventas, Vega contaba con el beneplácito de crítica y público, y sus conciertos se vivían como un regreso al ritual que se practicaba en otros tiempos. Por eso, en su trayectoria reciente en solitario, en la que no rehuyó pequeños y cercanos escenarios, fueron muchos los jóvenes que descubrieron a un artista enganchado a su mala salud de hierro, que era la gran esperanza de sus fans, pero capaz de conservar el pellizco y duende de los grandes, esos que consiguen hacer de cada concierto un momento único.
Antonio Vega se encontraba feliz por estar libre de ataduras discográficas, de las que decía sentirse desengañado en una relación tan desigual: «Líbrate tú de incumplir una línea del contrato aunque ellos se lo pasan por el forro de la maleta», explicaba con puntería fina. No obstante, ultimaba un contrato con Warner. Pero ya hay una compañía que ha lanzado a la carrera una antología precipitada y con tufo a oportunismo.
Con Antonio Vega se va gran parte de la banda sonora de la Transición. Una mirada entreverada en su flequillo, sensible y minuciosa, de hondura y personalidad. Con tendencia a ser esquivo y con un humor cercano si se daban las circunstancias. Amante de la pintura, de la astronomía, del ajedrez y la montaña. Más hombre de su tiempo de lo que uno se puede imaginar. Y un gran guitarrista. El mejor de su generación. ¡Ay!, ese punteo inicial de Chica de Ayer -¦