Recetas médicas como secreto
Las soluciones médicas milenarias pasan en China de maestro a discípulo en una tradición oral que no se puede aprender en libros
Los maestros de las milenarias medicinas chinas elaboran sus recetas para luego revelarlas a sus discípulos, pues los misterios de estas prácticas se transmiten de maestros a alumnos, y la confianza que debe existir entre ambos ha creado una tradición oral que no puede aprenderse en los libros.
Así lo explica el maestro Zhang Jianxin, mientras sobre la mesa de la tienda en la que trabaja, situada en el centro de Pekín, coloca elementos de diferentes animales para comenzar a mezclarlos unos con otros, un delicado rompecabezas que lleva haciendo desde hace 40 años.
Abre y cierra con rapidez pequeños cajones para recoger con un plato de cobre distintos ungüentos, y entre todos los productos que maneja, saca dos piedras blancas que «pertenecen al estómago de un perro. Son unos de nuestros ingredientes más caros y sirven para curar el cáncer de garganta», explica mientras continúa con sus quehaceres.
Víboras, placenta de mujer, piedras de estómago de perros y de caballos o penes de ciervo son los componentes necesarios para curar enfermedades como la epilepsia, la ansiedad, la impotencia o la infertilidad.
«Para garantizar la calidad y seguridad de los medicamentos es necesario procesar correctamente la pócima. Hay que eliminar las sustancias tóxicas y luego convertir los productos en fármacos. Es un proceso que requiere años de experiencia», sentencia Zhang.
El maestro deposita los ingredientes en un tarro de vidrio, vierte un licor en un frasco y una vez al día durante un mes remueve el brebaje para que el líquido absorba las propiedades de los componentes y se convierta en medicina.
Según este especialista, «puedes conservar el ungüento durante cinco años vertiendo más licor, pero el día en que el líquido no cambie de color, permanezca inmutable, sabrás que la medicina no produce ningún efecto».
Los precios varían dependiendo de la zona de la que provenga el animal y de la dificultad en encontrar la especie que se desee. Por ejemplo, el pene de ciervo blanco («mei hua», en chino), uno de los productos más demandados, es importado de Jilin (noroeste) y el bote cuesta 1.000 yuanes (100 euros o 144 dólares); sin embargo, «en otros lugares puedes hallarlos más baratos, pero no tienen los mismos efectos curativos», dice Zhang.
Este ingrediente es utilizado principalmente para la impotencia, aunque «muchos hombres lo consumen diariamente porque les gusta beber el licor y se sienten más sanos», agrega.
Zhang tenía 18 años cuando comenzó a trabajar en una tienda de medicina tradicional china en Huai An, su ciudad natal, y fue allí donde conoció al maestro que durante años le inculcaría los entresijos de una de las terapias alternativas con más aceptación en el mundo.
«Mi tutor me enseñó tres aspectos principales de la medicina: saber si son verdaderas o falsas, su proceso de elaboración y su conservación», afirma mientras acaricia un ciervo blanco disecado que se encuentra en mitad de la tienda.
El hecho -”dice-” de haber trabajado como encargado de compras y gerente del almacén le ayudó a comprender mejor los procesos necesarios para crear los fármacos, hasta que un día su maestro se jubiló y, como manda la tradición, Zhang se convirtió en el instructor de las nuevas generaciones.
Desde entonces ha tenido una treintena de alumnos y a pesar de que existen universidades que enseñan el dominio de los textos clásicos que dan cuentan de la formación de la naturaleza, del ser humano y de su interacción, «es en este tipo de lugares donde se forman, porque nuestros conocimientos no están en los libros», reitera.