Diario de León

Merkel también manda en casa

La mujer más poderosa del planeta le escribe la lista de la compra a su marido, que también se encarga de limpiar el baño

Publicado por
Enrique Müller
León

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Cuando Angela Merkel irrumpió en la política alemana, hace ya 20 años, fue bautizada como la niña de Helmut Kohl. El legendario ex canciller la escogió como ministra de Familia y Juventud con la meta de darle un aire juvenil a su Gabinete, además de ofrecer un alto cargo a una mujer que procedía de la Alemania comunista.

 Merkel aprovechó el regalo y se convirtió en pocos años en la protagonista de la carrera política más espectacular que recuerde el país unificado. Dueña de un instinto político fuera de serie, se atrevió a romper con su padrino y terminó convirtiéndose en la primera mujer en ocupar la cancillería de la primera potencia económica de Europa.

 La revista Forbes la ha nombrado durante cuatro años consecutivos como la mujer más poderosa del planeta, un honor difícil de medir. Pero Merkel, a pesar del poder que detenta, nunca ha querido olvidar su condición de mujer y esposa, facetas suyas poco conocidas. Casada con Joachim Sauer, un famoso académico, Merkel, según acaba de confesar a la revista feminista Emma , nunca ha perdido su pasión por la cocina y en la intimidad del hogar se comporta como el resto de sus compatriotas.

 La canciller confiesa en la revista que todos los viernes realiza la lista de la compra para su marido, quien asume con discreción y resignación la tarea de ir al súper cada semana. En las pocas ocasiones en que Merkel ha accedido a relatar aspectos de su vida privada, siempre ha destacado que ama cocinar. Así, detalla que no hace mucho dedicó un fin de semana a preparar una tarta de grosella. En Navidad prepara para sus invitados un ganso al horno, plato tradicional alemán para esas fechas.

 Angela Merkel no tiene problemas en asumir el rol principal en su hogar, un piso ubicado justo frente al famoso museo Pergamon, en la Isla de los Museos de Berlín. Tiene muy claro cuáles son las labores reservadas a su marido. «Limpiar y fregar el excusado», escribió en una reseña para la misma revista en 1993.

 Cuando accedió a su actual posición, el matrimonio se permitió el pequeño lujo de contratar una empleada que se ocupa de la limpieza del hogar, aunque cuando está de vacaciones a la canciller no se le caen los anillos por agarrar la escoba.

 Antes de que Merkel llegara al poder, la prensa frívola criticó con saña su peinado y forma de vestir. Después de recibir consejos interesados y anónimos, la canciller se dejó peinar por el fígaro más famoso de la capital, pero siguió vistiendo sus aburridos trajes de dos piezas. «Me preocupo de llevar un estilo práctico. El peinado tiene que mantenerse en su sitio doce horas o más, y no puedo ir a empolvarme la nariz cada dos horas», se defiende.

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