Diario de León

CANTO RODADO

escombros

al musac le ha pasado lo mismo que a las cajas y que a la sociedad que paga los excesos de gobernantes que fingen interesarse por lo nuestro

Ana Gaitero
León

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Los escombros del Musac yacen en Venecia. La artista Lara Almarcegui deconstruyó el edificio hasta reducirlo a una ruina. Y su obra, que representa a España en la Bienal, es ahora una metáfora de la deriva del Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León.

El Musac significó para León una concesión del centralismo de Valladolid. Lanzó a la ciudad al mundo con un edificio-catedral del siglo XXI archipremiado y metió a la ciudadanía en el museo sin distinción de raza, sexo y nacionalidad. Accesible e inclusivo. Feminista. Iconoclasta. Disidente. Punto de encuentro y de denuncia. Corrosivo.

Fue un sueño pasajero. Un espejismo. Una tras otra han ido cayendo las piezas de dominó que lo sostenían. La dimisión de Eva González-Sancho es la última. Y la única honesta. Ahora nos culparemos de los excesos cometidos, de los fiestorros en la azucarera y de la chequera en blanco con la que se paseaba Rafael Doctor, el artífice de la burbuja, por Arco. Él se fue con la excusa de la crisis. Como tantos.

En las cristaleras multicolores del Musac se refleja la época de vino y rosas de la burbuja inmobilaria, de una década en la que arte y bienestar se universalizaron y nos creimos que las clases medias ibamos a disfrutar de los lujos de las élites. Se refleja la barbarie.

Pagar el entierro

Al Musac le ha pasado lo mismo que a las cajas. De ser entidades solventísimas a principios de los 90 —la de León era la segunda mejor situada después de Caja Madrid— han devenido en ruinas financieras que, fusión tras fusión, nos han costado múltiples transfusiones de dinero público. Y resulta que eran para pagar el entierro del aborto del músculo financiero.

Políticos y altos ejecutivos se llenaron los bolsillos y se largaron dejando a sus espaldas montones de escombros tóxicos. El escándalo es magnífico. El fiscal asoma la patita amenazando con llevarlos a la cárcel. Sabe que nadie le cree, ojalá pudiéramos tener fe, pero tiene que hacer la pantomima. Es parte del juego. La partida de este juego sucio parece no tener fin. Pero nunca se sabe. Miremos atentamente al tablón de ajedrez. Al Magistral de León.

Sin ropajes

La gente está harta, muy harta, y se van perdiendo las formas. Los ropajes que las envolvieron todos estos años de feliz consumismo van cayendo como las faldas del derviche anarquista que en la plaza de Taksim, en Estambul, reivindica la libertad mientras se despoja de la tela opresora. Parece un juego, pero es una experiencia y eso marca.

Sin pamplinas. Los mejores estudiantes del país negaron el saludo al ministro Wert por los recortes y por su obsesión por meternos en pasarelas para filtrar el talento bueno del malo. Al fin y al cabo, dice la Lomce, todo el mundo tiene talento.

Con excusas

La presidenta de la Diputación, Isabel Carrasco, se sorprende de que los mineros la abucheen porque se le llena la boca diciendo que el PP apoya y mucho a la minería de León. Y los mineros están hartos de ver que no hace nada sino pasearse por la provincia y gastarse 400.000 euros en los fastos del bicentenario mientras niega el pan y la sal a las asociaciones de madres y padres, al centenario de Gaudí en Astorga, al aniversario de San Isidoro y a los discapacitados de La Bañeza que ya no pueden ir a la piscina.

La excusa de la crisis es nuestra ruina. Las partículas de Lara Almarcegui, de piedras, acero, cristal y tierra, hablan de otras ruinas y dejan ver otros escombros que no ocupan espacio pero que intoxican y arruinan nuestra vida individual y comunitaria. La falta de libertad y la manipulación política para gestionar nuestra riqueza a su antojo.

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