CANTO RODADO
gallos
es tiempo de águedas y se pelean los gallos. el duelo de podemos tiene los ingredientes de los retos decimonónicos. faltan águedas todo el año

Estamos en tiempo de águedas y cantan los gallos. Nada nuevo. Iban a cambiar el mundo y parece que sólo han cambiado la corbata por la coleta y la pistola por la dialéctica. No aprietan el gallo, pero escupen pólvora. El duelo de Podemos tiene todos los ingredientes de aquellos combates decimonónicos entre hombres que se desafiaban por una mujer o se retaban para medir su bravura.
Cada uno de los gallos, aunque aquí no se cuestiona el liderazgo de Pablo Iglesias, sólo la amplitud de su poderío, dicen, lleva su propia corte de padrinos y madrinas para dar fe de la fortaleza con se van a enfrentar en el campo de batalla de Vistalagre, una antigua plaza de toros, por cierto, convertida en palacio de música, de deportes y de congresos.
En el corazón de Carabanchel, allí donde Madrid respiraba olor a pueblo y a novelas de Pío Baroja, muy cerca de la pradera de San Isidro y del antiguo penal que ya no existe. Allí se retan las dos candidaturas que concurren a la segunda asamblea de Podemos. Segundas partes nunca fueron buenas.
En la mili
A yer se abrieron en la plaza digital las votaciones. Ya se verá quien canta más. Y veremos si Podemos sobrevive a Podemos. Si van a Vistalegre a darse un baño de masas o el hervor que les hace falta. Son tan jóvenes que no les va nada bien ese lenguaje viejuno, como cuando Errejón, que tomaba biberón cuando se acabó en España el servicio militar obligatorio, dice que no se puede mandar a toque de corneta. ¿Quién sabe lo que es un toque de corneta aparte de los militares profesionales?
El problema no es el debate. Son los términos y la escenografía. Y que no es que se les vaya la fuerza por la boca, porque son jóvenes y tienen mucha energía, sino que han logrado dar la impresión de que sólo ellos dos están en juego en el debate. Han confundido y no han logrado involucrar a las huestes más allá de esa especie de aristocracia que se ha inmatriculado, como la iglesia los bienes de los pueblos, alrededor de los líderes.
En la plaza
E s tiempo de águedas y se pelean los gallos. También en el PSOE. Ya han salido otros dos a trotar por las carreteras de la piel de toro. Patxi López, de parte de Susana Díaz, y Pedro Sánchez, surgido de entre las cenizas de la voladura programada de su dirección.
Están en las mismas que Podemos. Uno quiere ir a Nueva York y el otro a California. Es decir, uno quiere mantener el statu quo del viejo PSOE de aparatos, barones y demás parafernalia cargada de testosterona, y el otro está dispuesto a acercarse Podemos. Vade retro.
Más vale que salga algo bueno de Vistalagre y del próximo congreso del PSOE. Más equipos y menos líderes. Otra forma de hacer política de verdad. Porque mientras la izquierda se bate con sus gallos en la arena (sólo queda Izquierda Unida en los cuarteles de invierno), en Ciudadanos siguen la senda del PP y sólo canta uno. Donde dije digo, digo Diego.
Albert Rivera se ventiló las primarias en Coslada con su candidatura única en menos que canta un gallo. Y se proclamó líder de un partido liberal-progresista, socialdemocráta y de izquierda moderada. Ni un tenor es capaz de entonar semejante partitura política.
Y como la política sigue siendo cosa de gallos, qué menos que rodearse de una coherte femenina para engrandecer su porte. De verdad, qué aburrimiento de líderes, qué poco han cambiado los tiempos y cuánta falta hace que las mujeres dejen de ser águedas una vez al año. Por derecho y también por deber. Por responsabilidad. Águedas todo el año. No comparsas de las peleas de gallos.