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León es capital de la nada. el alcalde le pone títulos de cuna parlamentaria y el inteco cambia su destino de plaza militar a guardiana de la crítica digital

León

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La gente corría por las calles huyendo de los gases lacrimógenos y de las llamas. Estaba oscuro, muy oscuro, pero se distinguían perfectamente los rostros negros de ojos brillantes y labios carnosos. La imagen nos asaltaba desde la pantalla de la tele y nos recordaba la brutalidad del régimen racista de Sudáfrica. Soweto era una palabra común, pero siniestra. En la radio y en las discotecas empezó a sonar Free Nelson Mandela , de The Specials.

Corrían los 80. Pasaría 27 años entre rejas. Y Nelson Mandela vivió para cumplir su misión. La vida le compensó las penurias con longevidad y lucidez. Se ha ido con 95 años. Ha dejado un legado inmenso, que en los tiempos que vivimos corre el riesgo ser tragado por el agujero de la ignominia y de la mentira.

De hecho, se nos esfuma. «La educación es el arma más poderosa para cambiar el mundo», dijo Madiba. Wert niega la mayor: los recursos económicos no tienen nada que ver con los resultados académicos. Y ahí nos deja la Lomce, vivita y coleando para reconvertir a las próximas generaciones en huestes útiles para su sistema de desigualdad.

Humo y agua

Madiba reclamó y luchó por una democracia sin racismo y sin sexismo, en la que los derechos no fueran teoría como ocurre con la Constitución española en los últimos años. El derecho a la vivienda, el derecho al trabajo, el derecho a la salud, a la educación... Nunca han sido realidad del todo, pero ahora se nos esfuman. Como el humo de las hogueras. Como el agua en una cesta.

Por eso este año, en el 35 aniversario, en León llamaron a niños y niñas para que, en mitad de la deblace, cantaran las loas a la Carta Magna. Las criaturas fueron y les cantaron las cuarenta a los políticos. Y el subdelegado, para quedar bien, entonó los cánticos de sirena de la reforma constitucional. Las dotes líricas del magistrado Suárez Quiñones y las pedagógicas del alcalde de León suman fuerzas para apuntalar mediáticamente la democracia detartalada.

Sin dilemas

Don Emilio nos ha colocado unos carteles de León, cuna del parlamentarismo en los cuatro puntos cardinales de entrada a la ciudad, mientras pone a disposición de las organizaciones de caridad a los servicios sociales públicos e invita a los ricos a poner un pobre en su mesa esta Navidad. Recuperamos el antiguo régimen en lugar del Viejo Reino.

Gutiérrez pone la cuna y Suárez Quiñones el colchón para brincar sobre nuestros derechos. No olvidemos que la Constitución fue reformada por iniciativa del PSOE y del PP, de Zapatero y de Rajoy. El bipartito de ocasión llevaron por delante el artículo 135 y se quedaron tan anchos, sin encomendarse a las urnas ni al pueblo. Bajaron la cerviz a la Troika y no hubo dilema, aunque ahora se vendan libros con estas mimbres. No es lo mismo una reforma constitucional que un proceso constituyente. Lo dice Cayo Lara.

Lodos

De aquellos polvos, Zapatero, vienen estos lodos. Mira que lo siento, paisano. No se puede estar en misa y repicando las campanas. No hace falta que te diga que la reforma constitucional dejó abiertas las puertas de par en par a los vientos que nos han traido tempestades como la reforma laboral y de pensiones, reforma de la administración y aniquilación de las juntas vecinales y la democracia directa, recortes de la sanidad, la dependencia y la educación. Les puso alfombra a Mariano Rajoy y el PP.

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Y hasta aquí hemos llegado. Con la Constitución vacía de contenido, el país depauperado y minado por la corrupción y las grandes fortunas a buen recaudo y engordando. Para colmo, el Inteco, su señera herencia en León, neutralizará a los críticos al sistema. Se acabaron las libertades digitales. Herencia envenenada. Millones de euros en fondo de saco. Ese es el dilema de León.