CANTO RODADO

humanidad

en medio del ruido hay que parar para escuchar el silencio. apelar a esa pizca de humanidad que aún queda en las entrañas de occidente

León

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Extranjero», dijo Nausícaa al hombre desnudo y sucio que frente a ella se cubría sus partes con una rama de arbusto, «ahora que has llegado a nuestra ciudad y a nuestra tierra, no carecerás de vestido ni de ninguna de las cosas que por decoro ha de alcanzar un suplicante que ha sufrido mucho». «Deteneos», dijo a continuación a sus sirvientas, «¿Huís por ver a un hombre? ¿Pensáis acaso que es un enemigo? Éste es un infeliz que viene perdido y es necesario socorrerle, pues todos los forasteros y pobres son de Zeus y un exiguo don que se les haga les es grato. Así pues, dadle de comer y de beber y lavadle en el río, en un lugar que esté resguardado del viento». (Odisea, VI)

Hay correos que merece la pena abrir y leer detenidamente. Como el que llegó el otro día a mi buzón con este lúcido texto de Homero. Hay personas a las que merece la pena escuchar. Como al profesor Emilio Geijo, filósofo, humanista y que hace algunos años estuvo al frente del Instituto Padre Isla de León. Y nos dice en el correo: «Antiguamente los muchachos crecían oyendo historias como ésta. Después a estas cosas las llamaron ‘Humanidades’ porque parece ser que con ellas se aprendía a ser humanos. Se nota que hace tiempo están en desuso. Caigan sobre esta Europa egoísta los rayos de Zeus que amontona las nubes. Buenos días».

Escuchar el silencio

E n medio del ruido hay que hacer un alto para escuchar el silencio. En el centro de esta Europa que blinda sus fronteras con dinero y cinismo, conviene recordar de dónde venimos. Apelar a esa pizca de humanidad que aún queda en las entrañas de Occidente. Mirarse en los ojos del extranjero para ver el reflejo de la dignidad o del oprobio es una elección.

Europa ha optado por la vergüenza. No podía esperarse otra cosa de la Europa de los mercaderes, de los fariseos hipócritas. El acuerdo de expulsar a Turquía a todos los refugiados que lleguen a Grecia lo hace Europa en contra las oenegés, con Acnur a la cabeza. Y poco más, como no sea la multitud de personas voluntarias que, en la práctica, se están ocupando de los campos de refugiados ante la falta de respuesta de los estados. Dice la ONU que la resolución de conflictos sería más efectiva si participaran más mujeres en las mesas de negociación. Hay que pensar en ello.

Sociedad tibia

L as oenegés se oponen a mercadear con los refugiados a cambio de sustanciosas cantidades de dinero a desembolsar en Turquía: 3.000 millones de euros sólo para empezar. La respuesta de la sociedad civil ha sido muy tibia. Las concentraciones en España, en comparación con las movilizaciones que suscitó hace trece años el no a la guerra de Irak, han sido simbólicas, elocuentes, pero no masivas.

Es otro de los triunfos del nuevo modelo de sociedad tejido en las últimas décadas de neoliberalismo. Domesticar a la población para que aprenda a mirar para otro lado. La doctrina del sálvase quien pueda ha calado como el agua fina en el estilo de vida de la sociedad occidental-neoliberal-patriarcal.

Sin formas ni norte

L a educación no es ajena a esta tendencia. Esa hermosa herramienta para transformar el mundo se ha convertido en una fábrica de colmar expectativas individuales al servicio de las grandes corporaciones o de las pocas instituciones públicas que van quedando.

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La lucha por el poder no conoce límites. Ni siquiera en la universidad. Las elecciones a rector en la ULE son un ejemplo palmario de hasta qué punto se han perdido las formas. Y el fondo. Y el norte.