Diario de León

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Una caja con mucho caudal

La entidad no madurará hasta pasadas las elecciones

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Las aguas nunca vuelven al norte. El salmón no tiene censo en la provincia leonesa, ni costumbre de remontar sus ríos. Por eso, los ciudadanos leoneses, hartos de eslóganes, temen que sus ahorros se los lleve el Duero. Es una reacción natural, justificada en la costumbre, pero que ahora encuentra movimiento reflejo en Salamanca, donde adelantan su miedo a que las aguas terminen por desembocar en el Pisuerga. «Ya dije que éramos líderes, pero no hemos ejercido, hemos ido con toda la humildad a trabajar y creo que hemos conseguido un papel por el que nadie puede sentirse derrotado. Eso es lo bonito de este acuerdo», manifestaba ayer el presidente de Caja España. Pero, entonces ¿quién gana?

Puede que sea un prejuicio, pero la cara de satisfacción del consejero de Economía y vicepresidente primero de la Junta, Tomás Villanueva, adelanta una tesis compartida por los charros. Es un peligro latente, emplazado a dentro de dos años, cuando se constituirá la nueva asamblea y el consejo de administración, una vez que se sucedan las elecciones municipales y autonómicas. El truco pasa por asentar un reparto de representantes en el que se atienda a la cuota de negocio -”notable en Valladolid gracias a la suma de España y Duero-” que permita a los integrantes castellanos definir una mayoría de poder suficiente.

Un acción que los políticos leoneses exorcizan al explicar que, pese a que pudiera producirse esta ponderación, se compensaría con una pérdida de los efectivos castellanos que ahora figuran como representantes de entidades sociales o culturales. Quizá, pero las decisiones estarán más marcadas que nunca por las direcciones autonómicas de PP y PSOE.

El trasvase del reparto de poder a Valladolid no es ninguna teoría de la conspiración. «A lo largo del tiempo, el negocio de una entidad financiera es el que es. Las decisiones del consejo futuro dependerán de lo que haga más rentable la entidad financiera», admitió el alcalde de León, Francisco Fernández, quien de todos modos apuntó que para producirse el cambio del reparto de sedes y funciones «debe ser aprobado por 4/5 partes de la asamblea general».

Una asamblea que, por ley, duplicará sus miembros: los 160 de Caja España se sumarán a los 120 actuales de Caja Duero, que podría nombrar otros 40. Lo mismo pasa con el consejo de administración: 17 por León y 17 por Salamanca; nadie se queda sin sitio ni asignación: 500 euros brutos por asistencia al órgano ejecutivo (2 al mes) y otros 500 euros más por votar en cada una de las empresas participadas (4 reuniones más como mínimo) se embolsan en la entidad leonesa los consejeros en la actualidad.

El horizonte se abre para Caja España de Inversiones, Salamanca y Soria, Caja de Ahorros y Monte de Piedad. Un nombre que parece de nieto de los reyes o de discurso de agradecimiento de Almodóvar, aunque se encargará un estudio especializado -”euros por medio-” para que dentro de dos años el nuevo consejo decida si es necesaria una nueva marca.

No se admiten más ríos, no vaya a ser que aprovechen a pasarlo por Valladolid.

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