Diario de León

«Los que se cambiaron de bando no son mártires, sino víctimas»

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M. Romero | León
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La Conferencia Episcopal Española tiene claros los criterios para seleccionar a sus futuros mártires y evitar que los abogados del Diablo del Vaticano sesguen el listado definitivo que se centraliza en la Oficina para la Causa de los Santos. Fuentes de este departamento explicaron que sólo se tramitan los procesos de beatificación cuando «se haya producido realmente una persecución por motivos de fe». «Si los sacerdotes se pasaron de bando y fueron asesinados, no son mártires porque entonces estamos hablando de un asunto político, no religioso», indicaron las mismas fuentes.

Analizada la actuación de los obispos durante los últimos años con un mínimo de sentido crítico, es perfectamente comprobable que ninguno de los sacerdotes que fueron asesinados por efectivos del bando nacional han recibido el apoyo de la Iglesia. No ya los guerrilleros, que los hubo en muchos puntos del país, sino los curas rurales que se decantaron por la neutralidad o por defender las ideas republicanas. La postura que mantienen las dos diócesis de León es la misma desde que en 1940 se publicara en el Boletín Oficial del Obispado de León el homenaje a los sacerdotes y seminaristas muertos durante la Guerra Civil y cuyos nombres permenecen grabados en la nave central de la Catedral de León.

Primera estadística. Poco a poco, los documentos reservados durante años en los archivos van saliendo a la luz. Los últimos digitalizados por el Ministerio de Cultura referentes a la persecución religiosa incluye la única estadística conocida a este respecto. Según estos datos, en la provincia hubo cuatro sacerdotes asesinados, 37 perseguidos y 19 «no molestados»; ocho huyeron o se escondieron en zona nacional. Once parroquias fueron destruidas durante la contienda, 56 sufrieron saqueos y once fueron profanadas, además de las 21 templos o capillas que fueron atacados en inmuebles particulares. La valoración de daños que se hizo en su momento ascdendió a 1,7 millones de pesetas (unos 18.000 euros).

Uno de los documentos que aporta más información subraya la peculiaridad de que en la provincia de León se robasen los copones de muchas iglesias. Otros lugares de culto fueron convertidos en establos, como los de Pola de Gordón y Villamartín del Sil, o en salón de baile, como el de Villanueva del Portedo.

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