León importa cultivos alternativos como materia prima para energía de biomasa
Centeno y avena gigante, argosti o triticale crecerán desde ahora al lado de las especies tradicionales

El centeno gigante, la avena gigante y el triticale crecen juntos a la espera de su primera cosecha
No son exóticos; de momento, sólo raros, y poco recurrentes. Pero a la vuelta de dos o tres años ganarán espacio en la planificación de cultivos de los agricultores del regadío leonés, sobre manera allí donde se hayan sometido las viejas estructuras a la modernización.
Se trata de nutrir a las empresas de generación de energía a partir de la combustión de biomasa, que ya han puesto los ojos en la zona sur de León, a la que consideran esencial como productora de la materia prima que van a necesitar para sacar adelante el negocio.
El concepto alternativo viene por la implantación de cultivos que tienen otro fin distinto al de producir alimentos; y, a la vez, porque permitirán incluir otras especies en el círculo que ahora cierra la rotación de siembras tradicionales. Se conoce ya el centeno gigante y la avena gigante, que crecen en campos de ensayo promovidos por la cooperativa Ucogal, que aplica tres variedades distintas de cada una de estas especies. La semilla que se adueñó de las estepas y llanuras rusas ofrece ahora una oportunidad envidiable para satisfacer la intención de los agricultores leoneses de procurarse un ingreso más, una renta más, un beneficio más, cada año como productores de materia prima energética. El centeno gigante suele alcanzar los dos metros de altura y crece frondoso, de tal forma que su rendimiento para generar energía, como base de alimentación en una central de biomasa, es mucho más alto que cualquiera del resto de especies vegetales que suelen darse por esta zona. La misma facultad se le supone a la avena gigante, o al triticale, un invento francés que aúna en la misma caña y espiga un híbrido del trigo y el centeno, también adecuado para la necesidad de alimentación que requiere una planta de biomasa como las que se asentarán por las zonas agrarias más activas.
La expansión de oleaginosas. Los cultivos que corren a favor de demanda de energías alternativas conviven ya en los campos junto a la expansión de la rotación de semillas oleaginosas y proteaginosas, entre las que se ha destacado de forma notable la colza. El recuento de hectáreas que esta campaña se destinan a colza es inversamente proporcional al valor añadido que dejan estas cosechas en León, aún pendiente de las inversiones de las multinacionales para instalar complejos de transformación en energía. Pero la colza es rentable. Sólo la climatología adversa que retrasó el calendario de siembra en otoño debido a la sequía imperante frenó a muchos profesionales en la previsión inicial de colocar colza como alternativa a los cereales de invierno. Y junto a estas áreas en las que la actividad agrícola parece que no cesa avanzan los campos sembrados de chopos, con variedades genéticas dedicadas en exclusiva a la biomasa.